
El 10 jugó una Copa del Mundo impresionante. A los 39, mostró su magia, su vigencia y ratificó por qué es el más grande. La Cuarta no llegó, pero su legado es imborrable. Y queda la ilusión de que haya más capítulos...
El 10 jugó una Copa del Mundo impresionante. A los 39, mostró su magia, su vigencia y ratificó por qué es el más grande. La Cuarta no llegó, pero su legado es imborrable. Y queda la ilusión de que haya más capítulos...
Leo tuvo un viaje inolvidable en la Selección (Reuters)
Gracias por este viaje eterno, este viaje de 20 años, de seis Mundiales, de 21 goles en la máxima cita, de un título del mundo que los argentinos no teníamos en HD, de una final del mundo que no se dio en Metlife y con otra después de 24 años. Y simplemente gracias por la ilusión de que con vos con la 10 todo era posible. Que no había imposibles.
Esta vez no pudo ser. Jugaste 120 minutos con 39 años, abajo del rayo del sol, intentaste hasta el último minuto pero el rival fue superior, casi que no te llegó la pelota. Pero terminaste intentando el tiro del final, ese que no se dio, ese que sí fue con Inglaterra, con ese centro que aún se grita. Duele perder una final del mundo, claro que sí. Pero la Selección se va con la frente en alta, sabiendo que de la mano del 10 hizo soñar a un país. Y por eso la gente se te lo reconoce alentando acá y allá.
Las comparaciones son odiosas, pero son comparaciones al fin. Después de Diego Maradona parecía que no habría nada igual. Era difícil. Pero se rompió la matrix con ese acto de amor entre Celia y Jorge, los papás de la criatura que nació un 24 de junio de 1987, casi un año después de la gesta de México 86. Llegaba en el Hospital Italiano Garibaldi de Rosario con 3.600 kilos y 47 centímetros el nuevo elegido, el bebé que vino a cambiar la historia de nuestro fútbol.
Ese bebé hoy llora. Tiene 39 años. Ya jugó 207 partidos con la camiseta de la Selección. Hizo 124 goles. Las pasó todas: fue ilusión, fue confirmación, fue criticado, renunció, le pedimos que vuelva, arregló mil problemas, nos llevó a pasear por el mundo con su 10 en la espalda y conquistó el planeta desde su metro setenta, sin levantar la voz, sin putear a nadie. Solo gambeteando, respetando, cosechando todos los récords que se te ocurra y llegando a lo máximo cuando muchos ya lo retiraban.
Porque Messi jugó siempre excelente al fútbol. Pero la dosis de fortuna en la Selección se le dio de grande. Ya había ganado todo con el Barsa y todos los Balones de Oro. Pero el tipo, terco, necesitaba una vuelta olímpica con los colores de su bandera. Lo había conseguido con la Sub 20 en Holanda 2005 y con la Sub 23 en los Juegos Olímpicos de Pekín. Y algunos lo llamaban fracasado por perder finales con la Mayor, como le ocurrió en las Copas América de 2007, 2015 y 2016 y en el Mundial 2014.
Pero algo cambió. Él cambió y los demás cambiaron. Mucho tuvo que ver Scaloni. Y De Paul y Paredes. Y Dibu Martínez y todos. Pero Leo se empecinó y ahí fue, detrás de la gloria. Y cuando se quebró la pared (a los 34 años), los títulos se encadenaron para que nadie dude que es el mejor jugador de la historia: el Maracaná en el 2021, en Wembley en el 2022, en Lusail eterno y también en Miami 2024.
El final no fue cómo lo soñaba porque siempre buscó la excelencia jugando a la pelota. “Qué más puedo pedir”, le dijo a Olé después de ganar en Qatar. Pero se preparó para este Mundial porque no quería nada testimonial y así fue: la rompió toda, fue el mejor de los 26 argentinos y que casi todos los jugadores de este torneo. Pero a la Selección no le alcanzó en esta final y así, parece, se terminó la historia de Leo en los Mundiales. No porque no pueda seguir jugando (lo puede hacer hasta cuando quiera) sino porque él lo decidió así. Ojalá que se arrepienta y juegue el 2030 con 43.
Será difícil el post Messi. Muy. Pero ahora es momento de dejarlo llorar y de sentir orgullo por él y por este equipo. Lo dio todo, nos dejó muchas enseñanzas y les mostró el camino a los que se quedan. Nada será igual sin el mago de la 10. Por eso, solo queda agradecer y saber que este viaje que hoy finaliza será inolvidable. Porque fue muy largo (nadie estuvo tanto tiempo siendo el mejor de un deporte) y porque fue extraordinario.
Gracias por elegirnos, Leo. Por seguir hablando en rosarino, por no perder tus costumbres, por ver en cada rincón del mundo una 10 celeste y blanca, con cinco letras ahí arriba. MESSI.
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