
Desde las 19 atajadas de Dibu preparadas hasta la roja forzada de Enzo Fernández y el chip en la pelota que le molestó a Giuliano para darle con precisión.
Desde las 19 atajadas de Dibu preparadas hasta la roja forzada de Enzo Fernández y el chip en la pelota que le molestó a Giuliano para darle con precisión.
España - Argentina y las mil conspiraciones...
España jugó mucho mejor. Y Argentina, a pesar de un mal partido, logró mantenerse siempre a tiro en el resultado y casi forzar los penales en una última volea en el área. España ganó la final inobjetablemente y la Selección pagó los problemas físicos de la previa y el durante del Mundial, sus deficiencias para definir en tiempo reglamentario y hasta lesiones en el propio partido. Pero la conspiración intergaláctica fue tan grande para algunos que acá te mostramos sus argumentos… irrefutables.
• Las conspiraciones intergalácticas necesitan una previsión total. Era sabido que Argentina no estaba al 100% físicamente, entonces forzaron suplementarios contra Cabo Verde y Suiza. Nada podía quedar librado al azar.
• Madonna, futbolera como pocas, se enteró de toda la movida y pidió subir a Ronaldo y Ronaldinho a su performance (que no se entendió bien de qué se trató). La noche previa fue contundente con su pedido: “Let's take two brazilians superstars”. Sabía que Argentina perdía y prefirió asociarse a Brasil. “¿Si traemos dos ex cracks españoles?”, le preguntaron. “Too much”. Había que disimular un poco.
• Hace 19 años, UNICEF armaba un calendario en el que aparecía un joven ya crack Messi bañando a un bebito llamado Lamine. Con la camiseta 19, la misma que usó Leo en su debut Mundial, un 19 de julio se enfrentaría en una final. Yamal fue clave en el armado de la conspiración. FIFA donaría una suma importante a UNICEF porque necesitaba que la máxima estrella española disimulara que estaba todo ya escrito para España. Las órdenes fueron claras y precisas: regalale la pelota al arquero rival si tenés un par de mano a manos y perdé 9 de 10 contra Tagliafico. Un profesional. Buen gesto el del jugador de poner primero la ayuda a los demás que bañarse de gloria con un gol.
• Dibu Martínez era otro de los ejes principales de la confabulación. No hay dudas. Lograron que colaboraran entre sí el FBI y la CIA (es mentira lo que vemos en las películas) y hasta invitaron a Tom Cruise para esta Misión Imposible de conseguir el listado necesario para entregarle al arquero argentino. Y así fue, las cámaras no lo tomaron, pero el 23 tenía una botella en el arco en la que tenía pegado un machete con la data de dónde iría cada remate español. En el tiro 20 estaba previsto que no se llegara a tapar el centro, que Molina no cerrara a Williams y que el Dibu dudara en salir a romper en el área chica. Todo calculado. Hasta los detalles más mínimos.
• El árbitro sabía que debía sacar la roja en el momento exacto. ¿Por qué no al inicio? Porque en esta Copa del Mundo, Argentina se hizo fuerte en los últimos tramos de los partidos y el golpe debía ser ahí. Podría haber cargado a varios con amarillas, pero esperó y esperó hasta que le guiñó el ojo a Enzo Fernández. El argentino fue, revoleó a Cubarsí casi para roja directa, y así la Selección se quedó con un menos. Cucurella casi mete la pata. Se tapó la boca y le dijo a Messi: “¡Joder, que no hacía falta ser tan duro con esa patada!”. Si aplicaban la “ley Prestianni” se caía todo. Había que respetar el libreto.
• Senesi, como se incorporó unos días más tarde, había quedado fuera del radar de muchos. Y entonces fue a buscar el centro de Simeone con el empate en la cabeza. Cubarsí tenía toda la data. No llegó al cruce porque es un crack de 19 años que juega con la experiencia de uno de 30, ni porque hizo un Mundial en un nivel superlativo. Claro que no. Sabía dónde iría el centro, estaba todo calculado.
• El show del medio tiempo iba a ser más largo pero eso podía favorecer a la Selección. Justin Bieber se enojó cuando le acortaron la canción y se quedó solo con la guitarrita tocando mientras el huracán Shakira aparecía. Todas mini versiones para que no hubiera descanso para la Scaloneta. Ni el entretenimiento escapó al plan.
• El VAR, en una evaluación histórica de lo que pudo haber hecho si existía en otros mundiales, le quedó en la cabeza que Diego Simeone exageró un poco la patada de Beckham cuando finalmente echaron al inglés en el Mundial 1998. Giuliano debía “pagar” esa deuda y si le quedaba una pelota picando en el área debía revolearla a Manhattan. No tendría que ver ni que la bocha estaba muy alta, ni el tobillo que se había doblado minutos antes o que no le pegara bien y listo. Como desconfiaron de él, hackearon el chip de la pelota para que no entrara nunca al arco español. La tecnología también hizo su aporte.
• Scaloni no podría zafar de las presiones. No fue porque creyó, apostó, planteó (equivocadamente o no) que el cambio en el suplementario y con uno menos en cancha, debía estar dirigido a sostener el empate. Y por eso descartó a Lautaro que venía de ser clave en las levantadas con Inglaterra y Egipto. Todo estaba escrito.
• El cierre debía ser creíble. Ayala practicó el día previo el “correctivo” a Olmo, Paredes probó con varios cómo agarrar del cuello de García, Molina sabía bien en qué momento desencajarse a los empujones. Trump, Donald para nosotros, había pedido alguna escena de partido de hockey sobre hielo, así bien tumultuosa. El espectáculo tenía que cerrar en alto.
• Las lágrimas de Messi no tienen que ver con quizá (siempre hay que dejar la puerta abierta) su último partido en un Mundial, en su Selección. No cuenta en su llanto los 50 días concentrado sin estar cerca de los suyos en momentos de dolor. No tiene que ver con su corazón tan amateur como competitivo. No se quedó inmóvil mirando a su gente, desolado y sin consuelo, sino que le dio la espalda al poder que le hizo perder adrede una final de Copa del Mundo… Obviamente.
El sesgo de confirmación es una de las claves más fuertes de las viralizaciones en redes sociales de lo que cada uno quiere escuchar, ver y creer. La batería física argentina dio hasta donde dio y sólo una Selección con la dignidad y resiliencia de la Scaloneta y su capitán llegó hasta dónde llegó. Porque a veces la explicación más simple sigue siendo la correcta.
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