
Diego dejó de jugar para Argentina luego del Mundial '94 y como nuevo técnico fue elegido Passarella, que sobreactuó decisiones ridículas para marcar diferencias con el ídolo: pelo corto, rinoscopia y prohibición de homosexuales. El 10 jugaría hasta 1997 pero no volvería a ponerse la celeste y blanca.
Diego dejó de jugar para Argentina luego del Mundial '94 y como nuevo técnico fue elegido Passarella, que sobreactuó decisiones ridículas para marcar diferencias con el ídolo: pelo corto, rinoscopia y prohibición de homosexuales. El 10 jugaría hasta 1997 pero no volvería a ponerse la celeste y blanca.
Lionel Messi sigue siendo jugador de la selección. Tras el Mundial no hizo referencia al futuro de su ciclo con la camiseta argentina e incluso es posible que continúe vistiéndola más tiempo de lo que podía preverse. ¿Un puñado de amistosos? ¿La Copa América 2028? Aún no se sabe y lo único sensato es esperar la palabra del 10. Sin embargo, sí está claro que la selección tarde o temprano se enfrentará a un desafío que se parece a un abismo: el post Messi, o cómo comenzar de cero luego de una era dorada que duró más de 20 años. La única referencia más o menos similar fue en 1994, cuando Diego Maradona se despidió de la selección, pero entonces la AFA tomó una decisión insólita, destinada más a protegerse de Maradona que a continuar su legado.
Argentofobia: a la Selección no la dejan ganar ni perder en paz
Maradona debutó con la camiseta argentina en 1977 y se despidió en 1994, durante el Mundial de Estados Unidos, a sus 33 años. Su último partido fue contra Nigeria, antes de que le diera positivo el control antidoping, un golpe de nocaut también para el equipo dirigido por Alfio Basile, eliminado en octavos de final. Lo curioso, al menos visto en retrospectiva, es que a las pocas semanas asumió al frente de la selección el mayor enemigo futbolístico de Maradona, Daniel Passarella, que comenzó su ciclo con medidas ridículas, sobreactuadas, muchas de ellas para marcar sus diferencias con Maradona: pelo corto, rinoscopia y prohibición de jugadores homosexuales.
Passarella, de paso, también intentaba diferenciarse de Basile. Hoy suena candoroso, pero una de las críticas que había recibido la selección de 1994 era que muchos futbolistas usaban gorras con publicidad durante las entrevistas. Se hablaba entonces de “falta de control”. Los comienzos de los 90 eran, además, un tiempo en el que la mayoría de los deportistas preferían el pelo largo, acorde a la moda de los jóvenes. Si Passarella -el Gran Capitán que levantó la Copa del Mundo en 1978- había visto cómo Maradona le había quitado el liderazgo en México 1986, cuando el defensor sufrió una cadena desafortunada de lesiones y enfermedades, en 1994 llegó su ansiada revancha.
Es cierto que para la primera convocatoria del nuevo técnico, en octubre de 1994, Maradona estaba suspendido por el doping, pero igual era obvio que Passarella jamás lo convocaría. El 10 también se había convertido en un futbolista molesto para el presidente de la AFA, Julio Grondona, y no había mejor escudo que el Gran Capitán para protegerse de su posible regreso: Maradona había terminado dolido por cómo la AFA había manejado su salida del Mundial 94 y, con Passarella como técnico, las críticas por no citarlo -cuando cumpliera su sanción, a fines de 1995- recaerían sobre el DT, no sobre el dirigente.
Con un gran inicio como técnico en River entre 1990 y 1994, Passarella comenzó a tornarse en un personaje de sí mismo, como si desde la selección encabezara una patriada personal contra sus enemigos, el primero de ellos Maradona. En los primeros meses de su ciclo, el Kaiser corrió los límites una y otra vez: obligó a sus jugadores a cortarse el pelo para mostrar lo que él entendía como prolijidad, comunicó que les haría una rinoscopia para controlar que no consumieran drogas sociales y blanqueó que no citaría a futbolistas homosexuales.
A partir del segundo semestre de 1994, muchos jugadores -todos, en verdad- se cortaron el pelo en medio de una selección calificada de “mano dura” o castrense. El principal crítico fue Maradona, que tampoco ahorró cuestionamientos a los futbolistas que cumplían el protocolo passarelliano de la imagen. De hecho, en septiembre de 1995, cuando estaba a punto de volver a jugar, ya en Boca, se teñiría el pelo de amarillo “en repudio a los pelicorti”.
-Batistuta es un alcahuete, cortarse el pelo por pedido de Passarella es de alcahuetes, porque Bati hizo 300 goles con el pelo largo.
-Es una cosa vergonzosa, falta Lestelle y ya estamos todos en la AFA (en relación al pedido de rinoscopia a los jugadores: Lestelle era el secretario de lucha contra el narcotráfico).
-La rinoscopia, el pelo corto. Un día los muchachos de la selección se van a rascar un huevo y Passarella se los va a mandar a cortar.
-Lo del pelo corto es una gilada espectacular. A Passarella se le escapó la tortuga renga y fisurada. Si lo de Passarella pasa por una cuestión estética, que lo mande al Tolo Gallego (su ayudante de campo) al doctor Cormillot.
-Passarella va mucho más con los militares que con la democracia.
La homofobia en el fútbol, a su vez, llegó a su cumbre en 1995 cuando Passarella dijo que no convocaría a jugadores homosexuales. Mientras la enorme mayoría de los entrenadores de Primera de entonces justificaban su postura -o no la contradecían bajo el paraguas de “prefiero no opinar”-, un activista LGBT debió salir al cruce en solitario. Se trató de Carlos Jáuregui, primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina, quien dijo que en la selección, a pesar de la proclama del técnico, jugaba un homosexual silencioso.
Con el apoyo de la mayoría de los medios deportivos -un editorial explicó que “el entrenador no discrimina, selecciona, y tiene todo el derecho de hacerlo: llamaría a negros y judíos si respondieran al perfil de jugador que prefiere pero no convocaría homosexuales porque sabe que generarían problemas”-, Passarella sugirió que sus jugadores debían denunciar a Jáuregui por haber “acusado” a uno de ellos de ser gay. “Este es un país democrático y no estoy en contra de los gays, simplemente que en mi trabajo no lo permitiría. Y si yo fuera jugador de la Selección, tomaría medidas contra la denuncia de este señor: no se puede acusar sin tener pruebas”, dijo.
Respecto de la rinoscopia anunciada, nunca quedó claro si Passarella efectivamente les realizó o no ese análisis a los jugadores, pero está claro que fue para marcarle la cancha a Maradona, cuya lucha contra la adicción ya era de público conocimiento. En definitiva, lejos de abrazar a Diego -que se retiraría en 1997-, la selección le daría la espalda luego de su maravilloso ciclo.
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