
El incumplimiento de los hogares aumentó 0,7 puntos porcentuales en mayo y acumula un salto de 8,3 puntos en un año. Los atrasos se concentran en préstamos personales y tarjetas de crédito.
El incumplimiento de los hogares aumentó 0,7 puntos porcentuales en mayo y acumula un salto de 8,3 puntos en un año. Los atrasos se concentran en préstamos personales y tarjetas de crédito. Aunque el BCRA señala una moderación en el ritmo de deterioro, el CEPA advierte sobre el fuerte crecimiento de la mora con billeteras virtuales.
La morosidad de las familias volvió a aumentar en mayo y alcanzó al 12,8% de los préstamos otorgados por el sistema financiero, de acuerdo con el último Informe sobre Bancos publicado por el Banco Central.
El indicador avanzó 0,7 puntos porcentuales respecto de abril y acumuló un incremento de 8,3 puntos en comparación con mayo de 2025. De esta manera, los hogares continúan siendo el principal motor del deterioro de la calidad crediticia.
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El aumento también llevó la tasa de irregularidad del conjunto del sector privado al 7,7%, 0,4 puntos por encima del mes anterior y 5,1 puntos más que un año atrás. En las empresas, la mora fue considerablemente menor: llegó al 3,5%, con una suba mensual de 0,1 puntos y un incremento interanual de 2,5 puntos.
Los datos reflejan una brecha cada vez más marcada entre la situación financiera de las familias y la de las compañías. Mientras que casi 13 de cada 100 pesos prestados a los hogares se encuentran en situación irregular, entre las empresas la proporción es inferior a cuatro de cada 100.
Préstamos personales y tarjetas, en el centro del problema
El deterioro de la cartera familiar se concentra especialmente en las líneas utilizadas para financiar el consumo diario: los préstamos personales y las tarjetas de crédito.
El gráfico incluido en el informe oficial muestra que la irregularidad de ambas modalidades se ubica por encima del promedio general de los créditos a las familias y presenta una aceleración particularmente pronunciada desde comienzos de 2025.
Según el análisis de Max Capital sobre las estadísticas del BCRA, la mora de los préstamos personales alcanzó el 15,9% en mayo, muy por encima del 3,5% registrado en enero de 2025. En las tarjetas de crédito, el ratio llegó al 13,1%, frente al 2% observado al inicio del año pasado.
El salto muestra que los problemas de pago no se limitan a créditos de montos elevados o de largo plazo. Por el contrario, se concentran en herramientas que muchas familias utilizan para financiar compras cotidianas, cubrir gastos corrientes o refinanciar vencimientos anteriores.
La presión sobre los hogares se da, además, en un mes en el que los préstamos al consumo cayeron 1,1% en términos reales. A pesar de esa baja, el crédito total al sector privado aumentó 0,8% real, impulsado por las líneas comerciales, los préstamos con garantía real y las financiaciones en moneda extranjera.
El BCRA observa una moderación, pero no una baja de la mora
Aunque el indicador volvió a subir, el Banco Central destacó que en los últimos meses comenzó a moderarse el ritmo de deterioro de la cartera familiar.
La autoridad monetaria explicó que esa dinámica responde a una desaceleración gradual del crecimiento real del saldo de préstamos en situación irregular. Es decir, la mora continúa aumentando, pero lo hace a una velocidad menor que durante los meses de mayor deterioro.
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La evaluación coincide con el análisis de Max Capital, que citó una presentación realizada el 29 de junio por el vicepresidente del BCRA. Allí, la entidad sostuvo que la morosidad habría alcanzado su pico durante el segundo trimestre de 2026 y que el ciclo de crédito al sector privado estaría próximo a avanzar.
Sin embargo, el Informe sobre Bancos de mayo todavía no registra una reversión del indicador. La tasa de irregularidad de las familias volvió a marcar un máximo y se encuentra casi tres veces por encima del nivel de un año atrás.
Las billeteras virtuales agravan el cuadro
El análisis del BCRA comprende exclusivamente a las entidades financieras reguladas, por lo que no incorpora dentro de su tasa de irregularidad a la totalidad de los proveedores no financieros de crédito.
Al ampliar la mirada hacia las billeteras virtuales y otras plataformas digitales, el panorama resulta más delicado. Según el CEPA, la mora de las familias con este tipo de compañías pasó del 7,3% en noviembre de 2024 al 29,6% en mayo de 2026.
El nivel superó incluso el máximo registrado durante la pandemia, cuando el indicador había llegado al 27,1% en mayo de 2020.
El centro de estudios calculó que, al considerar en conjunto bancos y billeteras virtuales, la morosidad de las familias alcanzó el 15,5% en mayo. De los 20,9 millones de personas con algún tipo de deuda, alrededor de 5,8 millones presentaban atrasos.
El mayor peso de las plataformas digitales también aparece entre los más jóvenes. De acuerdo con el CEPA, casi cuatro de cada diez personas de entre 18 y 34 años con créditos estaban en mora, mientras que entre los menores de 25 años el ratio llegaba al 40,9%.
El sistema bancario mantiene cobertura frente a las pérdidas
El deterioro de la capacidad de pago de las familias todavía no aparece, según el BCRA, como una amenaza para la estabilidad del sistema financiero.
En mayo, las previsiones constituidas por los bancos cubrían el 86,3% de la cartera en situación irregular y equivalían al 6,6% del total de los créditos. Una vez descontadas esas previsiones, los préstamos morosos representaban apenas el 2,2% del capital regulatorio del sistema.
El Banco Central sostuvo que esos niveles muestran una elevada capacidad de las entidades para absorber eventuales pérdidas vinculadas con el riesgo de crédito.
Además, la integración de capital se ubicó en el 30,7% de los activos ponderados por riesgo, mientras que el exceso de capital respecto de la exigencia regulatoria alcanzó el 280,3%.
La situación presenta así dos dimensiones diferentes. Por un lado, los bancos conservan liquidez, previsiones y capital suficientes para afrontar un aumento de los incumplimientos. Por otro, la mora de los hogares continúa en máximos, con una incidencia especialmente elevada en préstamos personales, tarjetas de crédito y financiamiento otorgado por billeteras virtuales.
El desafío para los próximos meses será comprobar si la desaceleración que menciona el BCRA se transforma efectivamente en una estabilización de la mora o si la pérdida de capacidad de pago de las familias continúa empujando los créditos hacia categorías de mayor riesgo.
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