
Desde la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria advirtieron que el sector acumula dos años de retracción. Aseguran que la caída del consumo, el avance de las importaciones y la pérdida de empleo configuran un escenario crítico.
La industria textil y de la indumentaria atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. El asesor de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), Gustavo Ludmer, dialogó con Radio Sudamericana y manifestó que las ventas acumulan una caída promedio del 25% respecto de 2023, con algunos segmentos donde el retroceso alcanza el 40%.
El especialista explicó que la crisis responde a una combinación de factores que afecta a toda la cadena productiva. “Es un combo perfecto y nefasto”, resumió al describir el escenario que enfrenta el sector.
Ludmer sostuvo que la baja en el poder adquisitivo de los salarios redujo las compras de ropa por parte de la población. Al mismo tiempo, señaló que aumentó el ingreso de prendas importadas, principalmente desde China, que compiten en condiciones impositivas más favorables que la producción nacional.
“Hay menos venta de ropa y buena parte de lo que se comercializa es de origen chino. Las fábricas y los comercios locales no tienen ingresos suficientes. Algunos reducen personal y otros directamente terminan cerrando”, indicó en Radio Sudamericana.
Despidos y cierre de empresas
El especialista indicó que la situación ya tiene un fuerte impacto sobre el empleo. Según los datos que maneja el sector, desde 2023 se perdieron 30.000 puestos de trabajo formales y alrededor de 100.000 empleos informales vinculados a la actividad textil.
Además, advirtió que la desaparición de empresas implica la pérdida de oficios especializados que luego son difíciles de recuperar. “La gente que sabe coser ropa o trabaja en esta industria no puede reinsertarse fácilmente en otras actividades”, explicó.
Debate por el precio de la ropa
Consultado sobre los cuestionamientos del Gobierno respecto de los altos precios de la indumentaria en Argentina, Ludmer reconoció que existían productos con valores superiores a los de otros países, aunque aclaró que esa realidad no abarcaba a todo el sector.
Explicó que, según un estudio realizado por la fundación Fundar, casi la mitad de los tipos de prendas analizados tenían precios por debajo del promedio regional y atribuyó los mayores costos a factores como la carga impositiva, los costos financieros y logísticos, además de las restricciones que existieron sobre las importaciones.