
La actividad cayó por segundo mes consecutivo en mayo y la recuperación continúa concentrada en ramas intensivas en capital. Inveq calcula que el empleo privado registrado perdió 235.000 puestos desde noviembre de 2023.
La actividad cayó por segundo mes consecutivo en mayo y la recuperación continúa concentrada en ramas intensivas en capital. Inveq calcula que el empleo privado registrado perdió 235.000 puestos desde noviembre de 2023. IDESA agrega que petróleo, gas y minería aumentaron 37% su producción, pero redujeron 9% el empleo formal.
La economía argentina enfrenta una dificultad que va más allá del enfriamiento de la actividad: incluso los sectores que más crecen muestran problemas para generar nuevos puestos de trabajo y, en varios casos, reducen sus planteles.
El Estimador Mensual de Actividad Económica cayó 0,5% en mayo, después del retroceso de 1,5% de abril. Así, la economía encadenó dos meses consecutivos de baja. En términos interanuales, el avance fue de apenas 0,2%, mientras que el acumulado de los primeros cinco meses de 2026 mostró un crecimiento de 1,7%, según un análisis de Inveq.
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La apertura sectorial muestra que ese crecimiento fue sostenido por pocas actividades. El agro avanzó 4,6% interanual y la explotación de minas y canteras, 15,7%. Entre ambos aportaron 1,2 puntos porcentuales al resultado de mayo. En sentido contrario, el comercio cayó 4,3% y la industria manufacturera, 5,6%, por lo que restaron conjuntamente 1,3 puntos.
Para Inveq, la expansión está concentrada en actividades transables e intensivas en capital, mientras que los sectores orientados al mercado interno y con mayor capacidad para contratar trabajadores continúan mostrando dificultades.
Esa composición explica por qué la recuperación de algunas ramas no consigue trasladarse al mercado laboral.
El empleo privado perdió 235.000 puestos
Desde noviembre de 2023, los sectores que redujeron su actividad destruyeron 165.000 puestos asalariados privados registrados, una caída del 5%. La industria manufacturera concentra la mayor pérdida, con 83.000 empleos menos; la construcción recortó 61.000 y el comercio, 9.300.
Pero las ramas que consiguieron crecer tampoco compensaron esa destrucción.
El empleo privado registrado en los sectores considerados “ganadores” se ubicó 32.000 puestos por debajo de noviembre de 2023, con una contracción del 2,1%. Luego de algunas mejoras moderadas al comienzo del año, volvió a caer 0,1% en abril.
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Como resultado, el empleo privado registrado acumuló una pérdida total de 235.000 puestos frente a noviembre de 2023, equivalente a una baja del 3,7%.
El deterioro continuó durante los primeros meses de 2026. Entre diciembre de 2025 y abril, la industria perdió otros 18.000 empleos registrados y el comercio redujo 12.500. La construcción fue una excepción parcial, aunque incorporó apenas 3.000 trabajadores.
Petróleo, gas y minería crecieron 37%, pero redujeron el empleo
La mirada de IDESA profundiza esta paradoja. El instituto sostiene que la economía se encuentra estancada a nivel general, aunque con comportamientos muy diferentes entre las distintas actividades. Su principal preocupación es que la pérdida de empleo formal no se limita a los sectores en retroceso, sino que también aparece en ramas con fuertes aumentos de producción.
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, petróleo, gas y minería aumentaron su nivel de actividad en un promedio de 37%. Sin embargo, el empleo formal en esas actividades cayó 9%. En el sector financiero, la producción creció 12%, mientras que la cantidad de puestos de trabajo se redujo 6%.
En la industria, la construcción y el comercio ocurrió un deterioro por las dos vías: la producción cayó alrededor de 9% y el empleo formal disminuyó 6%. Estas tres ramas representan aproximadamente el 45% del empleo total, por lo que su debilidad tiene un impacto mucho mayor sobre el mercado de trabajo que el crecimiento de sectores con planteles relativamente más pequeños.
IDESA señala que la actividad agropecuaria es la excepción, porque muestra aumentos tanto en producción como en empleo. En el resto de los sectores dinámicos, el cambio tecnológico y los procesos de reconversión permiten producir más con menos trabajadores.
El diagnóstico agrega un elemento relevante: durante los últimos dos años, prácticamente todo el aumento del empleo habría provenido del cuentapropismo no registrado, mientras que las empresas privadas redujeron sus dotaciones formales. De este modo, la mejora de la ocupación no necesariamente implica una expansión de los empleos asalariados con cobertura social y estabilidad contractual.
Una recuperación con baja capacidad de contratación
Los datos de Inveq e IDESA coinciden en un punto central: no alcanza con que la economía crezca si el avance se concentra en actividades que incorporan poca mano de obra o atraviesan procesos de automatización y aumento de productividad.
El crecimiento de la energía, la minería, el agro y los servicios financieros puede generar exportaciones, divisas e inversiones, pero no necesariamente demanda una cantidad de trabajadores suficiente para absorber los puestos que pierden la industria, el comercio y la construcción.
La desconexión entre producción y empleo aparece con especial claridad en petróleo, gas y minería: el aumento de 37% en la actividad convive con una reducción de 9% en los puestos formales. En el sector financiero, una expansión de 12% se produjo al mismo tiempo que el empleo disminuyó 6%.
Esto implica que una parte del crecimiento responde a mejoras de productividad, inversiones tecnológicas, reorganización de procesos y proyectos de gran escala que requieren importantes montos de capital, pero planteles relativamente acotados.
En cambio, las ramas con mayor capacidad de distribuir ingresos a través del empleo siguen debilitadas. Industria, construcción y comercio no solo pierden producción, sino que también reducen las fuentes de trabajo que sostienen buena parte del consumo interno.
Al retroceso del empleo formal se suma la pérdida de poder adquisitivo de quienes conservan su puesto. En mayo, los salarios registrados aumentaron 1,8% nominal frente a una inflación de 2,1%, por lo que cayeron 0,3% real en el mes y 3,4% en la comparación interanual, según Inveq.
Los salarios de los trabajadores privados registrados bajaron 0,1% real mensual y 2,9% interanual. En el sector público, las pérdidas fueron de 0,6% y 4,3%, respectivamente. Durante los primeros cinco meses del año, las remuneraciones registradas acumularon una caída real promedio del 3,1%.
IDESA coincide en que las remuneraciones continúan debilitadas. Según su informe, los salarios reales acumulan pérdidas desde 2018 y, aunque la inflación se moderó durante los últimos dos años, no registraron una recuperación significativa: se encuentran en niveles similares a los de finales de 2023.
La consecuencia es una masa salarial formal presionada por dos factores simultáneos: hay menos trabajadores registrados y los ingresos de quienes siguen empleados pierden capacidad de compra. Para Inveq, esta combinación ayuda a explicar tanto el enfriamiento de la actividad durante abril y mayo como la debilidad del consumo.
El desafío ya no es solamente volver a crecer
Inveq mantiene una proyección de crecimiento cercana al 2,5% para 2026, aunque advierte que, después de una expansión inferior al 2% en la primera mitad del año, la actividad deberá recuperar dinamismo durante el segundo semestre.
Sin embargo, el interrogante no pasa únicamente por el ritmo de crecimiento, sino también por su composición. Si la expansión sigue dependiendo de sectores intensivos en capital, mientras la industria, la construcción y el comercio continúan retrocediendo, la actividad puede mejorar sin que se revierta la pérdida de empleo privado formal.
IDESA considera que la destrucción de puestos de trabajo constituye una señal de alarma tanto por sus consecuencias sociales como por su potencial impacto político. El instituto plantea que los avances en equilibrio fiscal, desregulación y reducción de la inflación no deberían llevar a subestimar las dificultades que persisten en materia productiva y laboral.
La paradoja es cada vez más visible: las actividades que más empleo generan están en retroceso y los sectores que lideran el crecimiento tampoco amplían sus dotaciones. Así, la economía enfrenta el riesgo de consolidar una recuperación con más producción, pero con menos puestos formales y escaso derrame sobre los ingresos de los hogares.
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