
Hay una escena que se repite en América Latina. Cada vez que la economía tambalea, los políticos buscan un culpable externo. Y esta vez el ring quedó armado entre Javier Milei y Lula da Silva.
Milei volvió a cuestionar con dureza al presidente brasileño. Lo acusó de sostener un modelo estatista que, según su visión, frena el crecimiento, espanta inversiones y convierte al Estado en un socio obligatorio de todo lo que funciona. Del otro lado, Lula responde con su receta de mayor intervención, industria protegida y un Estado protagonista.
Lo curioso es que la pelea parece más un campeonato de egos que un debate sobre cómo vive realmente la gente. Mientras los presidentes intercambian críticas, millones de argentinos y brasileños siguen haciendo cuentas para llegar a fin de mes.
Brasil continúa siendo el principal socio comercial de Argentina. O sea: mientras los mandatarios cruzan declaraciones, las fábricas necesitan vender, los transportistas necesitan cruzar la frontera y las empresas necesitan que el comercio siga funcionando. Los negocios no entienden de discursos; entienden de números.
La política, en cambio, parece vivir de los aplausos propios. Cada declaración está pensada para que la tribuna festeje. Milei habla para quienes creen que el Estado es el problema. Lula habla para quienes piensan que el Estado es la solución. Y en el medio queda la realidad, que suele ser bastante menos ideológica y bastante más compleja.
En América Latina tenemos un talento extraordinario: convertir diferencias económicas en peleas personales. Como si insultar al vecino mejorara el PBI o hiciera bajar la inflación.
Quizás algún día los presidentes descubran que gobernar no consiste en ganar discusiones por televisión o en las redes sociales, sino en lograr que la gente viva mejor. Porque al ciudadano común poco le importa quién ganó el cruce verbal. Lo que realmente quiere saber es si mañana el sueldo alcanza, si el trabajo sigue y si el supermercado deja de parecer una sucursal de una joyería.
Y esa discusión, lamentablemente, todavía no tiene protagonistas.