
La científica europea visitó el país y dejó un mensaje a las chicas argentinas: “Hay que atreverse a intentar, incluso cuando las condiciones y las circunstancias parecen que no van a nuestro favor”.
Sara García Alonso, bióloga molecular especializada en oncología e integrante de la reserva de astronautas de la Agencia Espacial Europea, vino de visita a la Argentina, pasó por Rosario y Buenos Aires, y se llevó una grata sorpresa: encontró en el país jóvenes curiosas por aprender, científicas que divulgan, instituciones activas y un público que sigue la exploración espacial con una intensidad poco habitual.“Me queda una sensación muy positiva. Percibí un gran interés y compromiso en una comunidad entusiasta del espacio y que quiere apostar por la ciencia y por darla a conocer”, afirmó a TN Tecno en una entrevista exclusiva en el Planetario Galileo Galilei. La española participó además del ciclo Apasionadas por el Universo, visitó el IBR y la Universidad Nacional de Rosario, donde se reencontró con su campo de origen: la biología molecular.Es que García Alonso no llegó a la ESA desde la ingeniería aeroespacial ni desde la aviación, sino desde los laboratorios, la investigación biomédica y la medicina. Su carrera se construyó alrededor de una pregunta científica concreta: cómo avanzar en nuevos tratamientos contra el cáncer. Esa formación, que parece lejana a una profesión que la haga subir a una nave espacial o viajar a la Estación Espacial Internacional, hoy puede convertirse en una habilidad clave para la exploración más allá de nuestro planeta. ¿Qué puede aportar a una misión espacial, entonces, una bióloga molecular especializada en oncología? “Sencillamente, una mirada científica sobre qué experimentos tendría sentido llevar a cabo en microgravedad, sobre todo si buscamos un enfoque en biomedicina, nuevos tratamientos y medicina personalizada”, explicó.Sara García Alonso forma parte de la primera reserva de astronautas creada por la Agencia Espacial Europea. EL proceso de selección para ser parte de ese exclusivo grupo recibió 23.000 candidaturas y terminó con 17 personas elegidas. Cinco fueron incorporadas como astronautas de carrera y 12 quedaron como reservistas.“Ser reservista significa haber completado el entrenamiento y estar lista para comenzar la preparación, que dura más de nueve meses, para viajar al espacio. No es que estemos en una fila esperando un llamado porque se abrió un lugar”, aclaró. “La reserva es una herramienta de la ESA para contar con profesionales ya seleccionados, preparados y disponibles para misiones futuras. Estos futuros astronautas están entrenados para misiones de corta duración, a la órbita terrestre o a la Estación Espacial Internacional, impulsadas con ciencia y tecnología de los países miembros. Leé también: Tiene 21 años, fue admitido en “la universidad de los astronautas” y necesita ayuda para cumplir su sueñoEl entrenamiento de un astronauta empieza cuando una misión entra en etapa de preparación. A partir de ese momento, la persona asignada debe estudiar los experimentos que realizará en órbita, familiarizarse con los equipos, practicar procedimientos, entrenarse para posibles emergencias y aprender a coordinarse con los equipos científicos y técnicos que trabajan desde la Tierra.En misiones de larga duración, esa preparación puede extenderse durante unos dos años. En misiones cortas, el entrenamiento suele durar entre nueve meses y un año.La preparación no se limita a una sola especialidad. “Tenés que saber hacerlo todo”, resumió García Alonso. En su caso, el entrenamiento la sacó del laboratorio y la obligó a incorporar habilidades que, a primera vista, parecen pertenecer a otras profesiones.En la parte médica, aprendió a realizar procedimientos que pueden ser necesarios en una misión, desde extraer sangre hasta usar ecógrafos para observar el flujo sanguíneo en distintos órganos. También tuvo que entrenarse en técnicas vinculadas a emergencias y cuidado de la tripulación: “He tenido que aprender a sondarme a mí misma, por ejemplo, o extraer muestras de sangre a mí misma o a un compañero. Es como volver a la escuela y volver a aprender todo de cero”.La formación técnica incluyó el manejo de brazos robóticos, una herramienta clave para operar equipos en órbita. A eso se sumó entrenamientos de buceo para preparar caminatas espaciales en entornos controlados que simulan parte de las condiciones de trabajo fuera de una nave.Leé también: El astronauta Pedro Duque contó qué aprendió de sus viajes al espacio: “Ver la Tierra desde arriba te cambia”También practicó supervivencia en aguas abiertas y en ambientes fríos. De esa etapa salió una de las habilidades que más orgullo le da contar: “Soy capaz de hacer un fuego en un bosque nevado mientras nieva, y sin mechero”.Aprender fotografía es otra de las “materias” que deben dominar los astronautas, ya que la cámara es otra herramienta de trabajo. Allá arriba deben saber registrar experimentos, documentar procedimientos, tomar imágenes de la Tierra y generar material que luego será analizado por equipos científicos o compartido con el público. “Y la parte divulgativa de contar en un lenguaje que el público en general pueda entender es también parte de nuestro trabajo como embajadores del espacio”, afirmó.García Alonso vivió una infancia atravesada por la curiosidad. De chica quería entender cómo funcionaban las cosas, leía libros de ciencia y jugaba a experimentar. “Soñaba con serlo todo, y quizá por eso ahora estoy intentando serlo todo”, recordó.Una parte de esa historia transcurrió en el pueblo de sus abuelos, en la montaña, donde el cielo nocturno aparecía como una experiencia cotidiana. “Iba con mis padres y mis tíos a perdernos en el monte y en las noches estrelladas jugar a identificar constelaciones en el cielo, a hacer hogueras y contar historias”.Leé también: Dos adolescentes argentinos fueron seleccionados por la NASA para diseñar una misión tripulada a MarteLa ciencia terminó de convertirse en un camino posible gracias a la educación pública. García Alonso nació en una ciudad pequeña de León y fue la primera de su familia en llegar a la universidad. “Pude estudiar en la universidad porque en España la educación pública me permitió hacerlo gratis. Si no, no habría podido”, aseguró.Su sueño pendiente une las dos áreas que más marcaron su vida profesional: oncología y espacio. “Claro que deseo viajar al espacio y ojalá sea para una misión científica relacionada con oncología, con biomedicina, y así fusionar mis dos pasiones”.Con los años, su historia empezó a viajar más lejos de lo que ella esperaba. La científica española todavía se sorprende cuando sus logros y las noticias de sus pasos llegan a chicas y chicos de otros países. “Cada vez que alguien me dice que sos su inspiración o que le he animado a tomar una decisión que a lo mejor no se atrevía, o me paran para pedirme una foto, me dicen algo bonito, sigo sin creérmelo”.Desde esa humildad, su mensaje para las chicas argentinas que sueñan con dedicarse a la ciencia o al espacio pone énfasis en todo lo que pase y que hace que las pueda llevar al objetivo final: “Les diría que se atrevan a perseguir aquello que les hace felices, que se atrevan a dar ese primer paso siendo dueñas de su propio camino. Porque en ese camino es donde se van a encontrar todo lo que les hace felices. Es muy probable que encuentren obstáculos, especialmente si se encuentran en un sitio donde las oportunidades quizá no son las más favorecedoras, pero al empezar a caminar pueden abrirse nuevas oportunidades que desconocían, nuevos contactos, nuevos objetivos, incluso nuevas prioridades”.Leé también: Tiene 18 años, es tucumana y viajará a la India a construir un satélite de exploración lunarLa clave, para García Alonso, está en animarse a intentarlo aun cuando el punto de partida parezca lejano. “Es importante soñar a lo grande y atreverse a dar el primer paso. Yo cuando me presenté al proceso de selección de astronautas no lo hice por decir: lo tengo que conseguir. Lo hice por retarme a mí misma. Todos podemos venir de circunstancias difíciles. Hay que atreverse a intentar incluso cuando las condiciones y las circunstancias parecen que no van a nuestro favor”.