
Ayer Javier Milei hizo un anuncio que, para algunos, es histórico. Para otros, puro marketing. Quiere cambiar la Carta Orgánica del Banco Central para que ningún gobierno pueda volver a financiar el déficit emitiendo pesos. En otras palabras: quiere sacarle la llave de la
Viernes 31 de Julio de 2026 - Actualizada a las: 17:35hs. del 31-07-2026
Y acá aparece la primera pregunta. Si todos coinciden en que emitir sin respaldo genera inflación... ¿por qué durante tantos años se siguió haciendo? La respuesta es simple: porque imprimir billetes es mucho más fácil que ordenar las cuentas.
Durante décadas nos vendieron la ilusión de que el Estado podía gastar sin límites y que el problema siempre lo iba a pagar otro. Ese "otro" terminó siendo usted. Cada billete nuevo que salía de la imprenta le sacaba un poquito de valor al que ya tenía en el bolsillo.
Ahora Milei dice que eso se terminó. Que emitir para cubrir el déficit debería ser casi un delito. Sus seguidores lo aplauden como una revolución. Sus detractores aseguran que está atando de manos a futuros gobiernos.
Pero la discusión de fondo es otra. No alcanza con prohibir la emisión si la política no aprende a gastar mejor. Porque si no se puede imprimir, alguien tendrá que explicar de dónde saldrá la plata cuando las cuentas no cierren. Y esa explicación nunca es simpática.
La Argentina tiene una habilidad extraordinaria: convertir cualquier debate económico en una pelea de hinchadas. Si lo propone uno, es brillante. Si lo propone el otro, es un desastre. Mientras tanto, el ciudadano sigue haciendo malabares para llegar a fin de mes, sin importar quién tenga razón en la televisión.
Quizás esta reforma marque un antes y un después. O quizás quede como otro gran anuncio en la larga colección de promesas argentinas. Lo sabremos con el tiempo.
Porque los discursos generan títulos. Las leyes generan expectativas. Pero lo único que genera confianza son los resultados. Y en la Argentina, después de tantas promesas, la gente ya no compra palabras. Espera hechos.