
De los cuatro hijos que tuvo Isabel II, sin duda el más callado e inadvertido siempre ha sido Eduardo. El hermano pequeño de Carlos III se ha mantenido en la sombra a lo largo de los años, a pesar de ser uno de los miembros de la realeza británica que más trabaja.
De los cuatro hijos que tuvo Isabel II, sin duda el más callado e inadvertido siempre ha sido Eduardo. El hermano pequeño de Carlos III se ha mantenido en la sombra a lo largo de los años, a pesar de ser uno de los miembros de la realeza británica que más trabaja. Sin embargo, el actual duque de Edimburgo ha separado completamente su vida profesional de la privada y pocos datos se conocen sobre lo que ocurre dentro de las cuatro paredes de Bagshot Park, su lugar de residencia. No obstante, antes de que contrajera matrimonio con Sophie Helen Rhys-Jones en 1999, la intimidad del duque transcurría entre espectáculos y camerinos. Y es que Ruthie Henshall ha relatado en libro La corista y el príncipe detalles de su relación de cinco años con el príncipe, a quien conoció en 1988, cuando él dejó la Marina Real para trabajar como asistente de producción en la compañía teatral de Andrew Lloyd Webber. Según explica la actriz, ambos se conocieron cuando ella tenía 20 años y Eduardo 23, y sostiene que la relación incluyó cenas en el Palacio de Buckingham, noches en los aposentos del príncipe, cartas con membrete oficial y su primera relación sexual en enero de 1989. El relato parte de su propio libro y presenta esos episodios como recuerdos personales. Henshall cuenta que apenas llevaba dos meses en Cats, donde debutó en el West End como Jemima en el New London Theatre, cuando empezó a circular entre bastidores el nombre de “Edward Windsor”. Según su versión, Eduardo acababa de incorporarse a la Really Useful Theatre Company en una decisión que causó sorpresa en la familia real y alimentó rumores sobre su sexualidad por su entrada en el mundo del teatro. La actriz describe un primer contacto marcado por el coqueteo. Explica que fue a saludarle en cuanto supo que estaba en la oficina y que empezó a buscarle cada vez que aparecía por el edificio. La relación avanzó cuando Andrew Lloyd Webber empezó a preparar una versión musical de Ha nacido una estrella, un proyecto que no llegó a salir adelante, y ella comenzó a trabajar con las canciones. Cómo empezó la relación Henshall sitúa en mayo de 1988 una invitación de Eduardo para ver la versión cinematográfica de Judy Garland de Ha nacido una estrella y cenar. Aquella cita la llevó al Palacio de Buckingham, donde entró en su Vauxhall Nova y subió a los aposentos del príncipe, en la segunda planta y con vistas a The Mall. En su relato, la actriz se detiene en detalles domésticos del lugar: un pasillo con tarjetas mecanografiadas en las puertas, un baño que compara con el tamaño de todo su piso y ropa interior del príncipe marcada con etiquetas con su nombre. También identifica a Brian, ayuda de cámara de Eduardo, como la persona que les sirvió la cena antes de la película. Al terminar la velada, según cuenta, llegó un beso en los labios. Dos semanas después se produjo una nueva invitación al palacio y otro encuentro parecido. Y, desde entonces, los domingos se convirtieron en el día habitual de la pareja, ya que era su única jornada libre. Henshall afirma que paseaban por los jardines de Buckingham, un recinto amurallado de más de 16 hectáreas, y que ese ritmo pausado marcó el comienzo del noviazgo. Ruthie Henshall, sobre su vida privada con Eduardo Henshall presenta la intimidad de la pareja como una relación lenta y reservada. De hecho, en uno de los pasajes del libro asegura: “Me envió una carta preguntándome si tendría paciencia para acostarnos juntos. No quería ir demasiado rápido”. Ese intercambio de cartas aparece como una constante en su versión. Henshall afirma que recibía mensajes escritos en papel con membrete del Palacio de Buckingham, firmados a veces con tres besos en lugar del nombre del príncipe. “Recuerdo el nerviosismo que sentí cuando dijo que no había nada más especial en su vida que yo, lo que me hizo preguntarme: ‘¿Incluso más que el deber?’. Una vez, volvió al Palacio a la hora del almuerzo después de trabajar en Really Useful y me dio una carta. Se sentó al borde de la cama y observó mi reacción mientras leía. Me describía lo increíble que le parecía lo que sentía por mí. Nunca había recibido algo tan hermoso. Después de leer sus palabras llenas de amor, se acostó conmigo y nos abrazamos. Dijo que no podía dejar de pensar en mí. ¡Guau!“, confiesa en La corista y el príncipe. Antes de acostarse juntos, la relación pasó por otras etapas. Según su relato, Eduardo la invitó a pasar la noche en el palacio. Henshall recuerda despertares compartidos, notas junto a la cama, flores enviadas a su piso y escenas en la pequeña cocina, donde él le preparaba mini croque monsieurs. También sostiene que trabó amistad con Laura, la telefonista de la centralita del Palacio de Buckingham, a la que llamaba por la noche para hablar con su novio. El secreto formaba parte del acuerdo desde el principio, siempre según la actriz. Henshall sostiene que Eduardo dejó claro que prefería mantener la relación fuera del escrutinio de la prensa, y lo sitúa en comidas discretas en Soho y encuentros con parte del elenco teatral. La primera vez que mantuvieron relaciones sexuales, según el libro, fue en enero de 1989. Henshall lo resume así: “Cuando por fin hicimos el amor, fue algo muy natural. Era romántico, tierno y, definitivamente, ¡NO GAY!”.