
El día de los goles de Maradona, cuatro años después de la guerra de Malvinas, hinchas argentinos e ingleses protagonizaron varios enfrentamientos. El combate más fotografiado fue el de Pistola Gámez en las tribunas pero la más violenta ocurrió fuera del estadio e involucró al Abuelo, el jefe de la hinchada de Boca.
El día de los goles de Maradona, cuatro años después de la guerra de Malvinas, hinchas argentinos e ingleses protagonizaron varios enfrentamientos. El combate más fotografiado fue el de Pistola Gámez en las tribunas pero la más violenta ocurrió fuera del estadio e involucró al Abuelo, el jefe de la hinchada de Boca.
Con el regreso de Inglaterra al estadio Azteca después de 40 años, este domingo ante México por los octavos de final del Mundial, no sólo se recuerda aquel triunfo 2-1 de Argentina con los goles de Diego Maradona -la Mano de Dios y el Barrilete Cósmico- sino también las peleas entre las barras bravas argentinas y los hooligans ingleses. Los combates entre los hinchas fueron al menos tres, antes, durante y después del partido, pero por la falta de videos y fotografías los relatos siempre oscilaron entre el mito y la verdad.
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El contexto es clave. En México 86, los hooligans eran los alienígenas de una película de extraterrestres: todos les temían. El año anterior, 39 hinchas habían muerto antes de un Liverpool-Juventus en Bélgica a causa de una estampida provocada por los hooligans. Ya en México, en los primeros partidos de su selección, los ingleses habían ocupado las tribunas con sus torsos desnudos, su piel lechosa y un vaso de cerveza en sus manos. Algunos usaban máscaras y otros exhibían tatuajes, que en 1986 se asociaban a la marginalidad.
Claro que del otro lado, el 22 de junio de 1986 estaban las barras bravas argentinas: había dos fuerzas de choque, una posibilidad de enfrentamiento entre hinchadas sin antecedentes en un Mundial. Allí, sin embargo, es donde entran los mitos: de Argentina no viajaron tantos barrabravas como se supone. El total, incluso, puede contarse: había 14 integrantes de la hinchada de Boca, cinco de Chacarita, dos de Unión, dos de Estudiantes y uno de Independiente, Talleres y Central.
De los primeros partidos de Argentina en el Mundial hay crónicas que mencionan a los barras quemando una bandera británica. “El que no salta es un inglés” y “ole le lé ola la lá a todos los ingleses los vamos a matar” eran el Padre Nuestro y el Ave María de su misa en las tribunas. También desplegaban una bandera celeste y blanca con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”.
La relación entre ellos, sin embargo, era mala. Los de Boca estaban por un lado y los de Chacarita por el otro. Cuando se cruzaban, el ambiente olía a pólvora. En el partido previo a Inglaterra, el Argentina-Uruguay por los octavos de final en Puebla, el jefe de la barra de Boca, José Barritta -el Abuelo-, se peleó en el baño del estadio -para que la policía no interviniera- con un barra de Estudiantes. Otro de Boca se peleó con uno de Chaca. Los dos de Unión, que estaban por su cuenta, se terminaron uniendo a los de Boca en las horas previas al partido contra Inglaterra: no tenían entradas y La 12 les entregó un par.
Ya el 22 de junio, hubo al menos tres focos de violencia entre los barrabravas y los hooligans. Uno fue antes del partido, en la parte alta del estadio donde estaban los hinchas de Chacarita. “Entramos dos horas antes y colgamos nuestras banderas en el tejido. Una de Argentina, otra que decía 'Cafiero gobernador', y otra de Chaca. Una hora después vemos que nos faltaba una bandera, la de Argentina. Se la habían robado los ingleses”, recordó uno de los hinchas de Chacarita en el libro El Partido.
Continuó el de Chaca: “Bajamos, metemos tres manos de derecha, manoteamos algunas banderas inglesas y volvemos donde estábamos. Un inglés nos mostraba la bandera argentina que nos habían robado, y un muchacho de Estudiantes, que venía del baño, la manotea y se la trae. Durante el partido iba a ser siempre así. Ese día hubo quilombo todo el tiempo”.
La pelea más fotografiada, sin embargo, no tuvo a barrabravas de protagonistas sino a Raúl Gámez, que algunos años antes había sido el líder de la hinchada de Vélez pero que en el Mundial ya había empezado su cambio a dirigente -ya en los 90 sería presidente del club de Liniers-. Su combate a golpes de puños ocurrió al minuto del segundo tiempo en los escalones inferiores de la cabecera próxima al arco que ocupaba Peter Shilton, el arquero inglés.
Imágenes de las peleas entre barras argentinos y hooligans, con Gámez al frente
Muchos años después, Gámez dio su versión: “Yo no estaba con los barras. A México fui por mi cuenta y esa pelea con los ingleses fue algo típico de un partido. Un famoso peluquero argentino le quiso sacar una bandera a un inglés y la barra de ellos se nos vino al humo. Yo los enfrenté. Al principio se caían fácil: estaban borrachos y drogados. Aunque después eran tantos que cobré un montón. Cuando hablé por teléfono a mi casa, al día siguiente, me dijeron: ‘Viejo, saliste en una foto, lástima que está deformada’. Pero la foto estaba bien, la deformada era mi cara”.
Gámez, con códigos de tribuna, nunca reveló quién fue el “famoso peluquero argentino” pero se trató de Roberto Giordano. Según contó Claudio Varela, uno de los 14 hinchas de Boca -también al libro ya citado-, “Ese día hubo varias peleas pero la primera la empieza Giordano en la parte de abajo. Vio a un periodista de la revista Gente y le dijo: ‘Sacame una foto que le voy a robar una bandera a un inglés’. Había terminado una guerra hacía cuatro años, con los ingleses estábamos mezclados y era cuestión de que alguien le pegue a uno para que se arme. Raúl (Gámez) tuvo que saltar y después saca un par de botellas porque lo mataban”.
De esa pelea de Gámez en la tribuna aparecerían fotos y videos. Pero después del partido en la calle ocurriría la mayor trifulca, aunque sin testimonios gráficos. Ya a 100 metros del estadio, se pelearían los hooligans y la barra brava de Boca con los dos refuerzos de la barra de Unión, una continuidad de lo que había pasado en las tribunas, pero más violenta: la batalla central del domingo.
Lo que comenzó entonces fue un combate con aura romántica. La leyenda del 22 de junio de 1986 también se alimentó, durante los años siguientes, al compás de la frase “los barras corrieron a los ingleses en el 86”. Es una jactancia alimentada en el boca a boca y de la que nunca habrá mayores precisiones, salvo el testimonio de sus protagonistas. Un video en YouTube anuncia falsamente que es de ese día pero corresponde al Mundial Juvenil Australia 1981. Esa batalla del exterior se nutrió de lo que suele alimentarse la mitología: relatos ficticios, datos falsos.
Varela, de la hinchada de Boca, contó: “Los ingleses vinieron a pelear con las manos, pero nosotros los llevamos a botellazos y los tipos se asustaron. Después, más abajo, volvieron a esperarnos, y ahí nos agarraron a piedras. A José -el Abuelo- le pegaron un piedrazo en una pierna. Perdimos un redoblante, pero les robamos dos banderas, las del Chelsea y del West Ham. ¿Quién ganó la pelea? Nosotros, ¿quién va a ganar? Pero si no hubiéramos tenido las botellas, tal vez perdíamos. Eran más, y todos grandotes. Lo que pasa es que los ingleses no eran barras, eran tipos con plata. Nosotros éramos una organización, y por eso los corrimos".
Luis Luchi Flores, de la hinchada de Unión, también explicó: “La pelea fue a la salida del estadio. Los corrimos cien metros y quince ingleses quedaron contra un paredón, apretados en el puente. Después se reagruparon: había escombros por el terremoto del año anterior y empezaron a tirarnos piedras. Una alcanzó al Abuelo. Le pegó en la rodilla y cayó. El inglés agarró esa piedra y estaba a punto de tirársela por la cabeza al Abuelo, pero me metí y lo dormí. Me lo cargué al Abuelo, les pedí a los de Boca que me cuidaran las espaldas, y corrí cien metros con el Abuelo sobre mis hombros hasta que llegamos a una camioneta y nos fuimos”
Siguió Flores: “El Abuelo me invitó para que fuera más tarde a cenar. Volví a la noche y uno de los pibes de Boca me frenó mal. Pero el resto vino a saludarme: “Es el que salvó al Abuelo”, le dijeron. Entré y el Abuelo tenía un yeso desde el muslo hasta el tobillo. Ahí nació una amistad muy linda". Ya para entonces, los ingleses se habían ido del Azteca. Volverán este domingo, 40 años después.
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