
Tomando los textos escritos en soledad por diferentes niñas, una antropóloga filosofa se aprovechan para hablar del deseo, el amor romántico y la vivencia de la generación millennial, bisagra entre una niñez puramente analógica y la irrupción digital.
Tomando los textos escritos en soledad por diferentes niñas, una antropóloga filosofa se aprovechan para hablar del deseo, el amor romántico y la vivencia de la generación millennial, bisagra entre una niñez puramente analógica y la irrupción digital. Paula Russo Martínez y Nicole Grinberg, escribieron y dirigen el unipersonal que protagoniza la primera.
Una antropóloga experta en literatura, un espacio intervenido como instalación artística y un lote de cuadernos ajados que guardan la memoria emocional de la infancia. Los domingos a las 18, la sala de Timbre 4 (Boedo 640, CABA) aloja Domingo con Dominga, un unipersonal concebido por Paula Russo Martínez y Nicole Grinberg que combina la precisión de un documental ficcional con dosis de sensibilidad y comedia. La obra propone una máquina del tiempo para indagar sobre el deseo, la transición hacia el paradigma del amor romántico y la vivencia de la generación millennial, bisagra entre una niñez puramente analógica y la irrupción digital. El origen del proyecto se remonta a los meses de aislamiento en 2020. "El personaje surgió improvisando: estaba aburrida en mi casa, me puse a revolver los cajones y encontré un montón de diarios y cartas del pasado. Hallé cosas en mis diarios íntimos que me sorprendieron, muy graciosas y muy bien escritas, que no me acordaba. Y en ellos vi casi un género literario y dije: '¿Qué puedo improvisar teatralmente con esto?' Así salió ese personaje", rememora Paula, dramaturga, codirectora y protagonista de la pieza.
Lo que inició como breves contenidos audiovisuales para redes sociales devino en una búsqueda dramatúrgica de mayor aliento. "Hacía videitos de tres minutos en los que esta mujer tenía una suerte de programa que presentaba un diario íntimo por semana y hacía un análisis filosófico a partir de él; lo usaba como excusa para filosofar sobre la vida. Cuando terminó el 2020 me cans{e de la virtualidad. El desafío era cómo transformar algo expositivo y literario en una obra de teatro, cómo ponerlo en situación y darle continuidad al arco del personaje. Tras una residencia con Macarena Trigo e investigaciones con otros colegas, en 2024 nos pusimos con Nicole a trabajar en la dramaturgia a partir de leer diarios de distinta gente para encontrar la historia y el hilo", explica Russo Martínez sobre la construcción del texto.
La voz de las infancias y la construcción escénica
El pasaje de la literatura al escenario requirió adaptar esa corporeidad que había nacido acotada al encuadre de una cámara web. "El personaje surge de un lugar muy intuitivo, improvisando a partir de los diarios y desde anclajes muy físicos: una forma de hablar específica, de pronunciación, con un vocabulario medio florido, exagerado, literario e intelectual. Tenía claro el vestuario, pero no sabía cómo se paraba porque empezó sentada. Al pasarlo al cuerpo me remitió al ballet, que estudié bastantes años, y me sirvió para construir la forma de moverse. Con Nicole definimos la historia personal para que no quedara en algo expositivo, haciendo que los diarios interpelaran subjetivamente al personaje", detalla la actriz.
El trabajo derivó en una labor de poda escénica. "El proceso más largo fue el de escritura, que llevó un año. Pasar ese texto al cuerpo tomó unos pocos meses. Al probarlo en escena vimos que nos sobraban cosas; al ponerle el cuerpo todo se aceleró exponencialmente, pasamos la podadora y fue un 'era acá, acá y acá' hasta el estreno", precisa sobre los ensayos. Más allá del experimento estético, el proyecto busca reivindicar la perspectiva de las niñas escritoras. "Queríamos honrarlas, poner a esas voces de mujeres infantes en el lugar de escritoras. Al ser mujer y niña no es una voz legitimada. Queríamos mostrar que tienen algo para decir, un punto de vista y una poesía particulares. Estaba esa sensación de escribir a escondidas; al leer los diarios vimos que había problemáticas en común que no eran habladas, que no sabíamos que nos pasaban a todas, y dar voz a esos secretos fue una forma de encontrarnos", reflexiona la creadora.
Entre la ternura y la risa espontánea
A pesar de articularse sobre interrogantes filosóficos, la recepción del público viró rápidamente hacia el humor y la empatía generacional. "Siento mucha ternura, emoción y risa desde la platea; los espectadores se ríen mucho. No es que dije: 'Vamos a hacer una comedia', pero la gente estalla de risa. Hay algo de identificarse con cosas, o sorprenderse por esa forma de hablar: aparecen situaciones muy cotidianas que se narran con una grandilocuencia y un vocabulario como si fuera un drama griego. Ese contraste o el nivel de detalle absurdo causa gracia, además de lo cambiante que es una en esa etapa", sostiene la protagonista.
El equipo artístico de la producción reúne la escenografía de estilo instalación firmada por Nazarena Cofferati, la asistencia de producción a cargo de Giuliana Mazziotti y Federico Scholand, y la producción general compartida entre Grinberg, Wendoly Peña Laurencio y Russo Martínez, con supervisión dramatúrgica de Sol Rodríguez Seoane y colaboraciones de Delfina Giuntini, Emiliano Larea, Fernanda Martínez, Roxana Martínez y Julia Russo Martínez. Las funciones de Domingo con Dominga se llevan a cabo los domingos a las 18 en Timbre 4 (Boedo 640, CABA). La temporada se extenderá hasta el 30 de agosto. Encontrá acá más info sobre las entradas.
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