
Ángel y Thiago tienen una conexión que excede el campo de juego: cómo se conocieron y el llamado que recibieron durante un partido informal para cumplir el gran sueño del jugador de fútbol.
Ángel y Thiago tienen una conexión que excede el campo de juego: cómo se conocieron y el llamado que recibieron durante un partido informal para cumplir el gran sueño del jugador de fútbol.
La imagen del picado histórico.
“A romperla, hermanito”. Hace 386 días, un Ángel Correa que ya llevaba dos meses sin formar parte del Atlético Madrid le dejaba ese mensaje en Instagram a su “hermanito”, Thiago Almada. El Guayo acababa de firmar su contrato para sumarse al equipo de Diego Simeone luego de quedar obnubilado por las referencias que Angelito le había dado sobre el Aleti.
Uno de los indicios de una relación que une a los dos refuerzos más onerosos de este mercado de River -Thiago, además, es el más caro de la historia del fútbol argentino- incluso a nivel representación (comparten agente: Agustín Jiménez) y que se fortaleció cuando coincidieron en Qatar 2022. Con el destino como arquitecto de una historia inolvidable.
Como si se hubiera tratado de una parábola de sus vidas, Correa y Almada pasaron del picado al Mundial en horas. Ya no en el Barrio Ejército de los Andes, donde Thiago ensayó sus primeras fintas, o en las callecitas del Barrio Las Flores de Rosario que fue cuna futbolera de Ángel Martín. Nada de eso.
Los dos cracks que generan esperanza de revolucionar el ataque y la creación del equipo de Eduardo Coudet estaban en otro plan, de despeje, de relax. Que se cortaría abruptamente.
El 17 de noviembre de 2022, cerca del Club de Campo La Martona, ambos jugadores -por entonces, del Atlético y Atlanta United- se encontraban disputando un partido informal aprovechando sus vacaciones por el receso de la Copa de la FIFA cuando recibieron casi en simultáneo el mismo llamado: tenían que volar hacia Qatar para sumarse al grupo por decisión de Lionel Scaloni. El plantel había sufrido dos bajas (Nico González y Joaquín Correa) y las vacantes, por decisión del CT, serían cubiertas con ellos.
En aquella tardecita de verano, en el Norte de la Provincia de Buenos Aires el meeting había estado pensado para despuntar la pasión por la pelota. Por eso incluso habían estado invitados ex futbolistas como Hernán Pellerano -quien posteó la imagen del picado que se viralizaría en las horas posteriores- y también Daniel Ibáñez, ex cumpa de Correa en las Inferiores de San Lorenzo. El plan también era cobijar a Ángel, quien se había quedado afuera en la puja por una plaza con Paulo Dybala y el propio Joaquín. Por eso, en ese encuentro que incluyó un asado no se tocó el tema Qatar.
O al menos no hasta que el teléfono sonó con la confirmación de que Nico González había sufrido un desgarro y que, por eso, sería reemplazado por Ángel Correa. Y que Joaquín Correa, además, sería relevado por Thiago producto de una molestia en una de las rodillas del por entonces hombre del Inter.
Un flash que ameritó la activación del plan de contingencia: regreso a casa, valijas armadas a las corridas y un vuelo nocturno que tuvo como previa el aliento de la gente en Ezeiza para los dos jugadores que se subían al avión para aterrizar en la Universidad de Qatar. Lo que vendría después sería historia: Thiago disputó 13’ ante Polonia, en el último partido de la fase de grupos, y Ángel jugó 9’ ante Croacia, en semifinales.
Los dos se colgaron la dorada, hicieron pogo con Messi y levantaron la Copa. Ahora serán compañeros en River, adonde llegaron con el estatus de campeones del mundo (Almada, además, fue subcampeón en 2026) y con el CV que los convierte en una de las grandes esperanzas de la reconstrucción y la necesaria levantada.
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