
Del taller de tornillos a manejar la carrera del mejor jugador del mundo, su hijo. El ejemplo, la perserverancia, el acompañamiento permanente. Padre y sostén.
Del taller de tornillos a manejar la carrera del mejor jugador del mundo, su hijo. El ejemplo, la perserverancia, el acompañamiento permanente. Padre y sostén.
Somos lo que fuimos. Y lo que nuestro entorno fue. Las imágenes que incorporamos de chicos quedan para siempre. Sin saberlo, claro; simplemente absorbiendo. Para Lionel, resultó una lección despertarse a la mañana durante años para ir a la escuela sabiendo que su padre ya estaba trabajando hacía más de una hora, sin haberlo visto porque debía salir casi de madrugada para viajar, a veces incluso en ómnibus, los 50 kilómetros que separan Rosario de Villa Constitución, donde estaba la fábrica de su rutina diaria.
La noción del esfuerzo indudablemente se guarda. Así, resulta más natural volver a intentar una victoria en caso de algunas derrotas. Así, la perseverancia puede ser la causa de los triunfos por venir, pero también es la consecuencia de haber asimilado que del sacrificio nacen los logros.
Jorge Messi aprendió nociones del oficio de albañil de su papá Eusebio. Juntos construyeron la casa donde crecieron sus cuatro hijos. Leo tuvo relación menos frecuente con sus abuelos paternos que con los maternos. Pero quedan algunos recuerdos, como las visitas que hacía a la panadería que atendía la madre de Jorge, Rosa. De allí siempre se llevaba unas monedas: “Vivía con plata encima, se la pedía a la abuela”, cuenta Marcela, la tía materna de Lionel. El amor de Eusebio y Rosa había nacido como tantos en aquella época, el amor que se juntaba cerca de los puertos.
Minuto de silencio y brazalete negro: las medidas que tomó AFA por la muerte de Jorge Messi
La familia de Eusebio había partido desde Italia: los orígenes del apellido Messi se remontan al municipio de Recanati. La de Rosa, desde Lleida y Bellcaire d'Urgell, ambas ciudades dentro de la comunidad autónoma de Cataluña, a menos de dos horas por vía terrestre del Camp Nou, el estadio del Barcelona. A veces la vida sorprende de tan redonda.
La fábrica en la que Jorge trabajaba era de la metalúrgica Acíndar, donde se empleó después de haberse recibido de técnico químico, y de haber trabajado en la fabricación de tornillos en un taller y como cobrador en un servicio médico. Daniel Reche, compañero de trabajo, le contó a la web del canal de televisión TN que Jorge se ocupaba de “la trepidación de alambres. Era muy trabajador, siempre predispuesto”. Las jornadas diarias llegaban a las doce horas. Había un rumor en la fábrica que decía que Jorge jugaba muy bien al fútbol, sin que supieran que había jugado cuatro años en las inferiores de Newell’s antes de tener que enrolarse en el servicio militar.
Cierto, la enorme mayoría de los jugadores surgen de familias donde no queda otra opción que el esfuerzo. El camino se repite: los padres sostienen, a veces hacen malabares para que nada falte, el talentoso comienza a hacerse un camino, la gratitud queda expuesta a la hora de los primeros ingresos y, finalmente, se invierten los roles y el hijo pasa a ser la fuente principal económica. Sin embargo, un momento distinguió a los Messi. Fue una decisión, trascendental. Y, luego, un cambio de planes, traumático.
La escena se habrá vivido espesa y se cuenta liviana. La familia entera se sentó alrededor de la mesa, convocada por Jorge y su esposa, Celia. Allí los hijos escucharon lo que vendría: la mudanza a Barcelona para seguir el camino que el fútbol le insinuaba a Lionel. Hacia allá fueron todos, cada uno con su vida en el retrovisor. En primer término, vivieron en el hotel Rallye, frente al Camp Nou; al mes, se trasladaron a un departamento en la avenida Gran Vía Carles III, alquilado por el club. De aquella casa del sur de Rosario en la que los cuatro hermanos compartían la habitación pasaron a tener un espacio cada uno. Pero a lo que reluce hay que verlo por dentro. El llanto era habitual. María Sol, la hermana menor, no se acostumbraba. Rodrigo y Matías, los otros, extrañaban su ámbito y sus compañías. Los padres decidieron partir a la familia: Jorge se quedó en Barcelona con Lionel, Celia volvió a Rosario con el resto.
Un programa de documentales de la televisión española llamado Informe Robinson realizó en 2007 un especial sobre los inicios de Lionel Messi. Uno de los entrevistados fue alguien a quien no se lo escuchó hablar públicamente muchas veces: Matías, el segundo de los hermanos. La charla sucedía junto a una cancha de fútbol, sentados tanto el entrevistador como el entrevistado en el pasto. Cuando a Matías lo consultaron por aquel tiempo de escisión familiar, su semblante cambió. “Somos conscientes de que a Leo lo dejamos un poco solo. Yo particularmente creo que lo dejé solo”, fue lo primero que dijo, incómodo con el recuerdo. “Por ahí no me gusta recordar mucho ese momento…”, siguió. Y hubo más: “Después, cuando Leo…”, titubeó sin tener muy claro qué decir. Hasta que cortó el tema y se sinceró: “Me hizo mal recordar ese momento”. Los Messi dejaron el país por el futuro que le auguraba a uno de los hermanos y parte de la familia volvió porque les costaba acomodarse. Una extraña doble sensación de abandono: primero a las costumbres propias, luego a Lionel.
Jorge también sufrió el desarraigo. Pasó a vivir sin su pareja y sin tres de sus cuatro hijos. Sabía obviamente que el final de ese camino podría encontrarlos con un buen pasar económico. Pero en ese momento nadie sabía cuál sería el techo. Muchos posibles cracks quedan solo en el potencial, en lo que podrían haber sido. Además, la soledad no hay que transitarla de todas formas. Al poco tiempo de aquella división familiar, Leo se fracturó el peroné. “¿Qué querés que hagamos? ¿Volvemos a Argentina?”, le preguntó. “No, quiero jugar en el Barcelona”, fue la respuesta, suficiente para el padre.
Poco después, cuando el club español demoraba los trámites necesarios para que pudiera jugar todas las competencias, Jorge llamó a un dirigente del club y le advirtió: “A mi hijo y a mí nadie nos toma el pelo”. Luego, no se quedó en la idea de padre a tiempo completo, sino que decidió asumir el manejo de la carrera. Aprendió sobre la marcha. No empezó a representar a su hijo con experiencia, como la hubiese tenido cualquiera de los pretendientes a manejar la carrera del mejor futbolista del mundo. Y desarrolló ese aprendizaje acompañando una curva permanente hacia arriba: Messi siempre mejoró, siempre fue por más. Así Jorge aprendió a negociar con empresarios, presidentes y hasta jeques.
Hasta que se encontró con un golpe terrenal como pocos. Apenas después del título de la selección en la Copa América 2021, Jorge viajó a Barcelona con la simple idea de formalizar lo hablado y renovar el contrato. Pero la dirigencia tenía otros planes, con lo que debió decirle a Lionel que su vida volvería a cambiar y tuvo que armar una nueva etapa en la carrera, en el PSG francés. También acompañó su llegada a Inter Miami y descartó en el medio varias propuestas. Supo que Leo ya quería, después del Mundial, otro tipo de fútbol para su vida, otro tipo de vida.
Invisible y omnipresente a la vez, acompañó cada momento de la trayectoria. Desde el amateurismo hasta el profesionalismo. Tanto tiempo juntos, tanta influencia implícita obraron como un sello para siempre. Así como, mientras Lionel jugaba en Newell’s, Jorge le silbaba para activarlo si lo veía quieto en la cancha, en la adolescencia y también en la adultez le bastarían unas pocas palabras para marcarle el camino.(*) Extracto de Messi íntimo, biografía escrita por Ariel Senosiain
Tapia, Real Madrid y más: así el fútbol despidió a Jorge Messi
Quién fue Jorge Messi, mucho más que el padre de Lionel
Dólar HOY: cotización del dólar blue y precios del sábado 8 de agosto
Dólar HOY: cotización del dólar oficial y precios del sábado 8 de agosto
Quiniela Santa Fe HOY: resultados EN VIVO del sábado 8 de agosto