
El Ruso volvió a aparecer en el área como si fuese un delantero más, marcó el enpate ante Vélez y tuvo el 2-1 pero el cabezazo dio en el palo.
El Ruso volvió a aparecer en el área como si fuese un delantero más, marcó el enpate ante Vélez y tuvo el 2-1 pero el cabezazo dio en el palo.
Ascacibar es el máximo goleador del Ciclo Arruabarrena. (Alejandro Pagni)
Enner Valencia en la tribuna, Miguel Merentiel en la cancha y el nueve de Boca es Santiago Ascacibar. Sí, el Ruso volvió a aparecer donde más duele. Otra vez adentro del área, otra vez con olfato de goleador, otra vez empujando a un equipo que encuentra en un volante la respuesta que no están dando sus delanteros. Ante Vélez, en el Ducó, marcó el 1-1 y llegó a su tercer partido consecutivo convirtiendo. El máximo goleador del corto ciclo de seis partidos de Arruabarrena. El nueve del Vasco, aunque juegue en el medio con Paredes y Delgado.
Porque Ascacibar ya no sorprende cuando pisa el área. Lo hizo ante Newell's, repitió frente a Estudiantes —justamente contra el club que lo formó— y ahora volvió a hacerlo contra Vélez. Siempre encuentra la manera de generarse una chance. Como si toda su vida se hubiese movido entre centrales y nueves, esperando el momento para atacar el rebote, la segunda pelota o ese espacio que queda libre dentro del área.
El empate de Boca nació de un remate de Leonel Flores. Marchiori respondió, pero dejó el rebote servido. Y ahí estaba el Ruso. Atento, rápido, con el instinto de un delantero. Tomó la pelota y definió por debajo de las piernas del arquero de Vélez para poner el 1-1. Otro gol. Otra aparición. Otra muestra de que su aporte ya excede largamente la recuperación, la presión y el equilibrio en el medio.
Y pudo ser todavía más. Apenas cinco minutos después del empate, Ascacibar volvió a aparecer en el área. Esta vez, de cabeza. Ganó en las alturas, conectó el centro y la pelota terminó pegando en el palo. El Ruso quería el segundo. Estuvo a centímetros.
Mientras Enner Valencia, flamante refuerzo, observaba desde la tribuna y Merentiel buscaba su oportunidad dentro de la cancha, Boca volvió a encontrar a su goleador en un lugar inesperado. Ascacibar es el máximo artillero de la era Arruabarrena, con tres goles en seis partidos. Y lo más llamativo es cómo los consiguió: apareciendo una y otra vez en territorio enemigo.
El Vasco apostó por su continuidad y el Ruso le devolvió la confianza con goles. Ya no es solamente el volante que corre, mete y recupera. Ahora también llega, define y aparece cuando Boca necesita gol. Los delanteros tienen el arco cerrado, pero Ascacibar parece haber encontrado la llave. Y a esta altura, decir que el nueve de Boca juega con la 25 ya dejó de ser una exageración.
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