
Mediante una carta abierta, las tres asociaciones se mostraron contundentes con el accionar del presidente de la FIFA.
Mediante una carta abierta, las tres asociaciones se mostraron contundentes con el accionar del presidente de la FIFA.
Más problemas para Infantino. (Darryl Dyck/The Canadian Press via AP, File)
Gianni Infantino vive el momento político más delicados desde que asumió la presidencia de la FIFA y para muestra basta el último botón. Este lunes, la UEFA junto a la Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol arremetieron contra Infantino mediante una contundente carta abierta que firmaron los titulares y los secretarios generales de cada ente internacional: ahí, cuestionan la conducción de la FIFA y advierten que la crisis ya no gira alrededor de un proyecto económico, sino de la confianza y la gobernanza del fútbol mundial.
El detonante fue el fallido proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), impulsado por la conducción de Infantino para abrir una participación de los inversores privados en el negocio de los Mundiales. La iniciativa, que contemplaba una compañía con una valuación de unos 20.000 millones de dólares y la posibilidad de captar hasta 4200 millones mediante la venta de una participación minoritaria a capitales privados, fue finalmente retirada y FIFA reconoció errores en el proceso.
Pero para UEFA, AFC y Concacaf el problema no quedó resuelto con la marcha atrás. En la carta, Aleksander Ceferin, Salman bin Ibrahim Al Khalifa y Víctor Montagliani remarcaron que el conflicto “no tiene que ver con el dinero”, sino con la integridad del fútbol y de quienes fueron elegidos para conducirlo.
El mensaje es especialmente duro porque cuestiona la explicación ofrecida por FIFA después de la reunión de crisis celebrada en Marruecos. La entidad había hablado de errores de comunicación y había pedido disculpas por la forma en que se manejó el proyecto. Para las tres confederaciones, en cambio, lo ocurrido fue mucho más grave: una falla de criterio y una ruptura de confianza.
La carta sostiene que una propuesta de semejante magnitud, presentada con un calendario acelerado y sin una consulta significativa a las asociaciones miembro, no puede ser considerada simplemente un descuido. UEFA, AFC y Concacaf reclaman además que la investigación anunciada por FIFA sea realizada por un organismo independiente y que la propia administración de la entidad no tenga participación en esa revisión.
Otro punto sensible fue la reunión de emergencia realizada en Marruecos. Según la denuncia de las tres confederaciones, no participaron integrantes del Consejo de FIFA ni representantes de las asociaciones nacionales. Solo hubo un funcionario electo, mientras el resto pertenecía a la estructura ejecutiva de la organización. Para los críticos de Infantino, ese episodio profundiza las dudas sobre la transparencia de su conducción.
La dimensión política del enfrentamiento es inevitable. Infantino aspira a obtener un cuarto mandato en las elecciones de marzo de 2027 y, por ahora, no tiene un rival confirmado. El plazo para presentar candidaturas vence el 18 de noviembre. La aparición de un bloque que reúne a Europa, Asia y Norteamérica, Centroamérica y el Caribe modifica sustancialmente el escenario electoral.
Sin embargo, el mapa de apoyos todavía está lejos de estar definido. África respaldó por unanimidad a Infantino y Conmebol también apoyó su candidatura, aunque había rechazado el proyecto de FIFA Forward Enterprise. Argentina y México, además, expresaron públicamente su respaldo al dirigente.
Lo que sí cambió es el tono. UEFA, AFC y Concacaf ya no reclaman únicamente explicaciones sobre una iniciativa económica que fue retirada. Están cuestionando el modo en que se ejerce el poder dentro de FIFA. Su advertencia final resume la gravedad del conflicto: el liderazgo del fútbol, sostienen, no puede ser una posesión personal, sino un deber de servicio hacia toda la comunidad futbolística.
La batalla sigue sumando capítulos. El proyecto privatizador quedó archivado, pero abrió una disputa mucho mayor: quién controla el futuro del fútbol mundial y, sobre todo, quién tendrá la autoridad política para conducirlo.
Querida Familia del Fútbol...
El fútbol es la gran pasión compartida del mundo. No pertenece a ningún individuo ni a ninguna institución.
Pertenece a los jugadores, a los aficionados, a los clubes, a las Federaciones Miembro y a todas las instituciones encargadas de salvaguardar su futuro.
Es con ese espíritu, como confederaciones que representan a sus miembros, que hablamos hoy colectivamente.
El crecimiento de la última década ha sido real. Pero ese progreso nunca fue obra de una sola persona. Fue fruto del trabajo conjunto de la FIFA, las Confederaciones, las Federaciones Miembro y los miles de personas que dedican su vida a este deporte.
La ampliación de los torneos, la adjudicación de las Copas Mundiales de la FIFA de 2030 y 2034, la distribución de recursos a las federaciones. Estos fueron logros compartidos, acordados y alcanzados conjuntamente.
No se trata de dinero. Las Confederaciones ya han pedido una distribución responsable de las vastas reservas existentes de la FIFA para fortalecer aún más la inversión en el desarrollo de las Federaciones Miembro.
Tampoco se trata de que ninguna Federación Miembro pierda el apoyo que se ha ganado, a pesar de la campaña de desprestigio dirigida a nuestros miembros para sugerir lo contrario. Ni se trata de revisar la expansión de las competiciones, la distribución de plazas para la Copa del Mundo ni ninguna otra decisión tomada colectivamente. Esas decisiones se tomaron de forma conjunta y deben mantenerse.
Se trata de algo más fundamental: la integridad del juego y la integridad de quienes son elegidos para dirigirlo.
El liderazgo en el fútbol no es una posesión. No se trata de acaparar (ni de exigir) poder. Es un deber de servicio a la familia del fútbol que lo deposita en nosotros.
Cuando la confianza se rompe mediante el engaño, cuando un individuo se sitúa por encima del colectivo que le confió la autoridad, ese deber ha sido abandonado.
La reciente carta de la FIFA a sus vicepresidentes y 211 Federaciones Miembro reconoce que se cometieron errores durante el proceso. Lo considera un fallo de comunicación, cuando en realidad se trató de un error de criterio. Una propuesta impulsada con plazos ajustados, sin una consulta significativa y presentada antes de que las Federaciones Miembro pudieran revisarla adecuadamente no es producto de un descuido, sino de una estrategia diseñada para limitar el escrutinio.
No se reconoció que la propuesta en sí misma era intrínsecamente errónea. Sigue sin reconocerse que intentar vender una participación en la Copa Mundial de la FIFA fue un grave error de juicio, no sólo un fallo de procedimiento, sino una traición fundamental a la confianza depositada en las mismas instituciones a las que la FIFA está destinada a servir.
La FIFA también se ha comprometido a presentar un informe completo sobre estos hechos al Consejo de la FIFA, sin reconocer, una vez más, que una gobernanza adecuada ante semejante falta de criterio exigiría que dicha revisión la realizara un tercero totalmente independiente, y no la propia FIFA, su personal ni ningún otro actor del fútbol. La administración de la FIFA no debería participar en la realización de la revisión.
Tal y como se indicó en la correspondencia anterior, todos los documentos y registros pertinentes deben conservarse de acuerdo con la comunicación de la UEFA sobre la conservación de documentos.
La propia carta de la FIFA también confirma que solo un funcionario electo estuvo presente en la reunión de líderes en Marruecos. Ningún miembro del Consejo de la FIFA ni de las Federaciones Miembro fue invitado a participar. Únicamente estuvo presente el comité directivo, integrado por altos funcionarios de la FIFA.
Esta reciente reunión, en la que se convocó al extranjero a un selecto grupo de miembros del Comité de Gestión de la FIFA —y no a todo el Comité—, en lugar de que los dirigentes viajaran a Zúrich para dirigirse al corazón de la FIFA, a su personal, no hace sino reforzar estas preocupaciones y representa una continuación del mismo patrón de conducta que nos ha traído hasta aquí. No se trata de la conducta de un custodio del fútbol, sino de la de alguien que cree que el fútbol le debe rendir cuentas.
Hay silencio donde debería haber rendición de cuentas, distancia donde debería haber apertura.
Estas no son las cualidades que el fútbol merece en su dirigencia. Por eso hemos adoptado esta postura: no a la ligera ni solos, sino juntos y por nuestro compromiso con el deporte al que servimos.
La fuerza del fútbol siempre ha residido en su unidad. Exigimos que esa unidad se honre ahora, que se ejerza un liderazgo que sirva al fútbol, en lugar de uno que pretenda controlarlo.
SALMAN BIN IBRAHIM AL KHALIFA (Presidente de la AFC)
VICTOR MONTAGLIANI (Presidente de la Concacaf)
ALEKSANDER ČCEFERIN (Presidente de la UEFA)
DATUK SERI WINDSOR JOHN (Secretario General de la AFC)
PHILIPPE MOGGIO (Secretario General de la Concacaf)
THEODORE THEODORIDIS (Secretario General de la UEFA)
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