
Diego Poyet, hijo del exfutbolista y entrenador Gustavo, pasó por el West Ham y llegó al Tomba en 2017, donde los meses de inactividad lo golpearon fuerte y lo llevaron al gimnasio casi por casualidad.
Diego Poyet, hijo del exfutbolista y entrenador Gustavo, pasó por el West Ham y llegó al Tomba en 2017, donde los meses de inactividad lo golpearon fuerte y lo llevaron al gimnasio casi por casualidad.
Diego Poyet fue capitán del Sub 16 y Sub 17 de Inglaterra, jugó el Mundial Sub 20 con Uruguay en 2015 junto a Nahitan Nandez y Gastón Pereiro, y pasó por el West Ham y Godoy Cruz. A los 24 años le dijo a su padre, Gustavo, que no quería seguir jugando al fútbol. "Fue un shock para nosotros, para mí, para mi esposa, para mi familia", reconoció el entrenador. Lo que nadie esperaba era la transformación que vendría después: el exmediocampista delgado y resistente se convirtió en culturista, con una contextura física que hoy sorprende a quien lo recuerda en las canchas.
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El punto de quiebre estuvo en Argentina. Poyet firmó con Godoy Cruz en 2017 pero no pudo jugar por cuestiones de cupos de extranjeros y los meses de inactividad lo golpearon fuerte. "Fueron los peores ocho o diez meses de mi vida. La empecé a pasar mal en todo, no era que la pasaba mal entrenando. También en la casa. Decir que estaba deprimido es una palabra muy fuerte, creo que no llegué a ese extremo", relató el propio Diego. Fue en ese período cuando comenzó a ir al gimnasio para pasar el tiempo. "Para hacer algo, estaba mal de la cabeza. Y ahí me empezó a gustar de a poquito", contó.
La chispa que encendió aquella etapa difícil en Mendoza se convirtió en una obsesión durante su posterior paso por el Pafos FC de Chipre. "Iba todas las tardes y estaba solo. Siempre trataba de mejorar de alguna forma para sacar ventaja en el fútbol y no me di cuenta de que el gimnasio me gustó más, más y más y llegó el momento de la decisión", explicó. Estudió nutrición, cambió su dieta y dejó el fútbol definitivamente.
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El padre tampoco ocultó su sorpresa ni su admiración por la transformación. "Decidió retirarse a los 24 o 25 años, lo cual fue un shock. Vino a mi casa a decirme que ya no quería jugar al fútbol", recordó Gustavo. Y describió con precisión la mentalidad que su hijo trasladó del fútbol al culturismo: "Él se entrega al 100 por ciento en todo lo que hace. Un día fuimos a cenar y la gente tomaba una cerveza; imposible. Él no prueba el alcohol. Nunca. Terminamos de cenar, pusimos postres en el centro; él no los toca. Su forma de comportarse es 100 por ciento, no 99 por ciento."
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La transformación física es visible y radical. Diego Poyet abandonó la contextura del mediocampista para adoptar la de un culturista, resultado de tres pilares que él mismo describe: eliminar el cardio intenso, adoptar una dieta hipercalótica y dedicarse al entrenamiento de fuerza.
En su Instagram comparte videos levantando pesos elevados y rutinas de fuerza extrema. Hoy además integra el cuerpo técnico de su padre como asistente. Siempre ligado al deporte y al alto rendimiento, pero desde otro lado de la cancha.
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