
El Ruso volvió a demostrar que hoy es el mejor nueve que tiene el Xeneize: otra vez fue letal en el área y marcó el empate parcial para levantar al equipo de Arruabarrena.
El Ruso volvió a demostrar que hoy es el mejor nueve que tiene el Xeneize: otra vez fue letal en el área y marcó el empate parcial para levantar al equipo de Arruabarrena.
El Ruso y otro gol para el Xeneize. (Fernando De la Orden)
Santiago Ascacibar es un futbolista argentino. Juega de mediocampista y su equipo actual es Boca Juniors, dice Wikipedia sobre el Ruso. Pues bien, ahora sí habrá que empezar a modificar su carta de presentación más popular. Hoy el 25 es un nueve hecho y derecho. Un goleador todoterreno. Un fantástico definidor en el área chica. De cabeza, de derecha, de zurda, de arremetida. Como si fuera verdaderamente un centrodelantero de toda la vida. Y sí, contra Recoleta lo hizo de nuevo.
El 1-1 parcial para el Xeneize ante Recoleta, en el arranque del segundo tiempo, fue su cuarto gol al hilo, el tercero en cancha de Huracán, que parece caerle más que bien. De nuevo, con Enner Valencia, el Boca que trajo por necesidad en el palco. De nuevo, con Merentiel fallando una y otra chance, sin poder convertir lo que Ascacibar resuelve con asombrosa facilidad.
Antes de este gol, que definió tras pase de Villa, el Ruso había tenido otras tres chances. La primera fue un cabezazo Palermiano, de un ángulo a otro, que pasó cerca del ángulo. Fue en el arranque del partido, a los 13 minutos. Y después a los 35 y a los 36 de esa etapa, tuvo dos consecutivas: un remate que le tapó el arquero y otro cabezazo más. El mejor delantero de Boca en el área, sí.
El Ruso ya no sorprende cuando pisa el área. Lo hizo ante Newell's, repitió frente a Estudiantes (con ley del ex incluida), la siguió con Vélez y ahora con Recoleta. Uno tras otro. Como una ametralladora. Siempre encuentra la manera de generarse una chance. Como si toda su vida se hubiese movido entre centrales y nueves, esperando el momento para atacar el rebote, la segunda pelota o ese espacio que queda libre dentro del área.
Y siempre deja la sensación de que puede hacer otro gol más. Contra Vélez también tuvo otra chance que dio en el palo y contra Recoleta mismo, las jugadas que fueron citadas y que pudieron quebrar el cero del Xeneize mucho antes. Siempre se dijo que el Ruso, por características, era un jugador para Boca. Lo que nunca se pensó, claro, es que fuera un goleador para Boca...
Hoy por hoy es el máximo el máximo artillero de la era Arruabarrena, con cuatro goles en siete partidos. Y lo más llamativo es cómo los consiguió: apareciendo una y otra vez en territorio enemigo, por más que los rivales sepan que eso va a suceder.
El Vasco apostó por su continuidad desde de un arranque en el que lo dejó en el banco en la idea del repechaje con O'Higgins y el Ruso le devolvió la confianza con goles. Ya no es solamente el volante que corre, mete y recupera. Ahora también llega, define y aparece cuando Boca necesita... ¡goles!
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