
Después de los 30 ante Vélez, contra Recoleta fueron 39 los remates de Boca: 18 en el primer tiempo, todavía once contra once. Una barbaridad. Sin contar los 41 tiros ante Auckland City (por obvias razones) en la olvidable tarde de Nashville, son los dos números más altos del Xeneize en los otros 654 partidos que jugó desde 2013 (sin contar alargues), año en el que se sumó este registro estadístico.
Después de los 30 ante Vélez, contra Recoleta fueron 39 los remates de Boca: 18 en el primer tiempo, todavía once contra once. Una barbaridad. Sin contar los 41 tiros ante Auckland City (por obvias razones) en la olvidable tarde de Nashville, son los dos números más altos del Xeneize en los otros 654 partidos que jugó desde 2013 (sin contar alargues), año en el que se sumó este registro estadístico.
Esta vez fueron tres goles. Pudieron ser varios más. Pero el repertorio es amplio y vistoso. Si no gambetea Flores (qué golazo, madre mía), se filtra Aranda (qué desfachatez para conducir). Si no la empuja Merentiel (qué sal tiene), llega Ascacíbar (qué olfato tiene). Si no mete una estocada Paredes, se anima Delgado. ¿Se acuerdan cuando Boca dependía exclusivamente de los centros de Blanco? Cosa del pasado.
Arruabarrena metió mano y Boca reaccionó: las claves de la victoria ante Recoleta
El Vasco, inteligente, bancó al uruguayo -Merentiel- en conferencia, pero el ecuatoriano -Valencia- se frota las manos y el paraguayo -Bareiro- se lamenta a la espera de que prenda el bloqueo lumbar. Alguno deberá hacerse cargo de todo lo que se genera. Cuando eso pase este equipo será cosa seria.
El 0-1 esta vez tuvo más responsabilidad en la fatalidad del rebote en Lozano que en la estirada tardía de Montero, que demoró medio segundo en reaccionar y ya no pudo manotear la pelota. Lo positivo: no se cayó con el rápido gol y luego tapó un par. Pero le falta hacerse dueño del arco, mostrar otra confianza.
Entre “uuuh” y “uuuh” de Boca, el equipo paraguayo tuvo un par más de llegadas fáciles, una historia que ya se vio con Vélez y Newell’s. Puntos a corregir: el retroceso con manta corta y el impacto inmediato del gol rival.
Paredes, impreciso por momentos en su afán constante de acelerar las transiciones, aporta tanto con sus pases indescifrables y visión de juego que convierte un partido de 5 puntos en 7 en un abrir y cerrar de ojos.
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Tras otro remate al palo como contra Vélez, Delgado coronó su muy buen presente con el merecidísimo primer gol en Primera, al que le sumó 10 recuperaciones en otra actuación de podio en el Ducó. Como Ascacíbar, que jamás olvidará su paso por la localía en Parque Patricios: 3 noches, 3 goles y mil llegadas al área. Puro despliegue y festejos consecutivos que se suman al grito en Parque Independencia. Enrachado.
Codazo mediante (bien Flores haciéndolo elocuente al quedarse en el piso), Arruabarrena estuvo rápido de reflejos y mandó a Villa por Blanco. La diferencia con el DT saliente es enorme. También ante los micrófonos.
El colombiano tuvo sus mejores 45 minutos asistiendo por duplicado. Importante que levante para contar con un revulsivo desde el banco que le dé más variantes al Vasco, de muy buenas decisiones en el comienzo de su segundo ciclo, como la de darle pista a Flores, sumar un tercer volante y no rotar después del fiasco con Riestra, entre tantas otras.
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Ahora a Vicente López, con el Jugador Número 12 en la tribuna y un equipo en la cancha que promete hacer trabajar a los relatores y no llora comentaristas.
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