
Todo sigue pasando por el petróleo. La reacción inicial del mercado consistió en asumir que el shock energético derivaría inevitablemente en una Reserva Federal más restrictiva y en tasas de interés persistentemente elevadas.
Todo sigue pasando por el petróleo. La reacción inicial del mercado consistió en asumir que el shock energético derivaría inevitablemente en una Reserva Federal más restrictiva y en tasas de interés persistentemente elevadas. Sin embargo, esa lectura podría estar exagerando un escenario que ya comenzó a cambiar. En la medida en que el petróleo continúe alejándose de los máximos observados durante el conflicto, los break-evens deberían seguir descendiendo, tal como ya viene ocurriendo. Actualmente, tanto las expectativas de inflación de corto como de largo plazo operan muy cerca de niveles compatibles con una inflación convergiendo nuevamente hacia el objetivo de la Reserva Federal, lo que reduce significativamente la necesidad de imaginar una política monetaria demasiado agresiva durante los próximos años. La caída del petróleo continúa profundizándose y comienza a alterar significativamente el panorama macroeconómico que dominó a los mercados durante las últimas semanas. Con el crudo nuevamente acercándose a la zona de los u$s 75 por barril, las expectativas de inflación implícitas en el mercado han retomado una clara tendencia descendente. El break-even a cinco años ya opera muy cerca del objetivo inflacionario de la Reserva Federal, sugiriendo que el mercado vuelve a percibir una inflación convergiendo gradualmente hacia niveles consistentes con estabilidad de precios. En este contexto, resulta difícil justificar expectativas de una Fed agresivamente restrictiva. Más bien, el escenario que comienza a ganar consistencia es el de una autoridad monetaria que permanezca neutral durante un período prolongado, permitiendo que la propia corrección del petróleo realice buena parte del trabajo desinflacionario. Los metales preciosos ya parecen estar reaccionando a este cambio de narrativa y, si las tensiones geopolíticas continúan disipándose, no sería sorprendente observar una rápida reversión de muchos de los temores inflacionarios que dominaron el pricing reciente. Wall Street tiene una larga tradición de sobrerreaccionar a los shocks de corto plazo y esta vez podría no ser la excepción. Si el petróleo sigue bajando, un escenario de bull steepening en la curva de yields luce cada vez más razonable. Esto no implica necesariamente una Fed particularmente dovish. De hecho, es probable que el nuevo Chairman prefiera una institución menos intervencionista, permitiendo que el mercado procese una mayor cuota de incertidumbre y conviva con una volatilidad más elevada en la curva de tasas. Pero una cosa es una Fed menos direccionadora y otra muy distinta es una Fed obligada a endurecer agresivamente las condiciones monetarias. Si el petróleo continúa normalizándose, gran parte del trabajo desinflacionario podría provenir directamente del mercado energético. Las implicancias de este escenario exceden ampliamente al mercado de bonos. El oro y la plata fueron dos de los activos más castigados desde el inicio de la guerra debido a la suba de tasas reales y al fortalecimiento transitorio del dólar. Una reversión parcial de ambos factores debería permitir una recuperación de los metales preciosos, especialmente considerando que los problemas estructurales de endeudamiento y déficit fiscal del mundo desarrollado permanecen intactos. La historia de licuación gradual del dólar difícilmente haya terminado. Más allá de la evolución de la guerra, el mercado norteamericano enfrenta una segunda fuente de incertidumbre que podría adquirir protagonismo durante los próximos meses: la combinación entre un nuevo liderazgo en la Reserva Federal y el acercamiento de las elecciones de mitad de término configura un contexto históricamente asociado a episodios de volatilidad. Los cambios de conducción en el banco central suelen generar períodos de ajuste en las expectativas, dado que los inversores intentan comprender cómo reaccionará la nueva administración frente a distintos escenarios económicos. La historia muestra que los mercados rara vez atraviesan estas transiciones con total indiferencia. A ello se suma la incertidumbre política inherente a todo proceso electoral de mitad de mandato, un evento que frecuentemente introduce ruido adicional sobre los activos de riesgo. Por lo tanto, aunque el panorama inflacionario parece estar mejorando significativamente gracias a la corrección del petróleo, sería prematuro asumir un sendero completamente despejado para los mercados financieros. La volatilidad probablemente continúe siendo una característica dominante de esta etapa del ciclo. En renta variable también persiste una notable divergencia. Mientras la narrativa asociada a la inteligencia artificial continúa sosteniendo al Nasdaq y a las grandes tecnológicas norteamericanas, gran parte del resto del equity global ha quedado rezagado. Los mercados emergentes fueron particularmente castigados por el endurecimiento financiero derivado del shock del petróleo, pero podrían beneficiarse significativamente si las tasas norteamericanas comienzan a estabilizarse. La sensación es que Wall Street terminó descontando un escenario excesivamente negativo tanto para inflación como para política monetaria. Por supuesto, permanecen riesgos tácticos. La llegada de un nuevo presidente a la Reserva Federal y la proximidad de las elecciones de mitad de término en Estados Unidos constituyen fuentes naturales de volatilidad. Sin embargo, desde una perspectiva macroeconómica más amplia, el panorama luce menos preocupante de lo que sugieren los movimientos recientes del mercado. Si el petróleo sigue bajando, si las expectativas de inflación continúan comprimiéndose y si las tasas logran tranquilizarse, entonces, Wall Street probablemente volverá a enfocarse en los temas que verdaderamente dominan el largo plazo: crecimiento, liquidez global, productividad e inteligencia artificial. En un mundo más tranquilo a nivel de inflación esperada y tasas de interés, los emergentes debieran tener su chance de recuperar el efecto de la guerra.