
2025 cerró con 530.987 compostelas. Solo julio de 2026 ya lleva 305.371 visitantes del Obradoiro
2025 cerró con 530.987 compostelas. Solo julio de 2026 ya lleva 305.371 visitantes del Obradoiro
El código de buenas prácticas pide derecho al descanso y calidad acústica. Las asociaciones vecinales reprochan que esto no se cumple
¿Dónde quedó aquel sueño de hacer el camino con introspección, visitando albergues sin esperar nada a cambio y pisar Santiago de Compostela abrumado y circunspecto, siendo o no creyente? El Obradoiro de Santiago lleva años funcionando como un parque temático del peregrino, una gymkana de crossfiteros y una especie de ‘Grand Prix' adolescente: "No son peregrinos. Son chavales de fiesta", decía el Barroquista, el apodo en X bajo el divulgador cultural Miguel Ángel Cajigal.
El vídeo viral del grupo Pastoral Juvenil de San Carlos Borromeo es uno de tantos. Y es la versión 2026 de un modelo que lleva tiempo desbordando la ciudad y tensando la convivencia. En la plaza ya no huele a romero sino a serum aftersun. Y tampoco guarda el sobrecogimiento del final de un largo viaje; desprende el sudor festivo de un macrofestival veraniego, coreando canciones a guitarra y pleno pulmón. No me quiero imaginar cómo se sentirán los vecinos de esa explanada, Patrimonio Mundial de la Unesco y sujeta a estrictas normativas patrimoniales.
Santiago como parque temático
Hablemos de colapso. Tiendas de campaña en plena Praza do Obradoiro y camisetas de la Jornada Mundial de la Juventud. Haya devoción o no, la coreografía, escenografía y una cierta lógica de festival aplicada al último tramo del Camino distan bastante de aquellos versículos, el pasaje de Mateo 6:6: "Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.
Los datos acompañan. Santiago recibió en junio de 2024 a 95.691 viajeros en establecimientos hoteleros. En 2025 casi dobló la cifra. En 2026, en julio, 305.371 viajeros se pasearon por allí, casi 30.000 más que en junio. Esto es mucho dinero. Y mucho ruido. La ciudad apenas tiene 98.000 habitantes, así que hablamos de una presión turística por encima de la de Barcelona, Granada o Sevilla en términos relativos. El meollo, en el núcleo histórico: plazas como Cervantes, libreros y quiosqueros describen un reemplazo acelerado de comercios tradicionales por tiendas de recuerdos jacobeos y franquicias de embutidos. La población residente baja y la calle se queda “sin niños”.
Los alquileres se han encarecido entre un 20% y un 30%, mientras los pisos turísticos expulsan sin piedad a los residentes autóctonos y vacían los barrios de vida. Postales idénticas, sudaderas serigrafiadas clónicas y botafumeiros de llavero saturan los escaparates. No lo decimos nosotros: la actual alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín (BNG), y asociaciones vecinales como A Xuntanza, presidida por Mon Vilar, claman por un cambio de paradigma para frenar lo que denuncian como un parque temático. Ante quejas que escalan, hay quien considera que el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, echa balones fuera.
Hoy por hoy, la realidad es que la llegada incesante de forasteros con "sentidiño" no produce "turismofobia" sino ansiedad. A finales de 2024, Rueda se abrió a permitir la implantación del gravamen, siempre que el Concello asuma su recaudación y la destine a fines turísticos, pero este complejo pulso institucional aún no ha fallado ante el fallo de base.
Y el pop católico como terapia
El griterío de los coros eclesiásticos en el Obradoiro esconde, sin embargo, un diagnóstico sociológico fascinante. Tras el parón pandémico, eventos como la Peregrinación Europea de los Jóvenes en 2022 y la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa en 2023 (que atrajo a peregrinos como el Club de Kayak de Culiacán de México) nos permiten atar el dato al relato.
Si ignoramos la parte de “vivimos una era contemporánea marcada por el aislamiento digital y la soledad” todavía podemos hablar de movimientos como el exitoso Hakuna Group Music y su sentido de tribu.
Se ha hablado largo y tendido de la etapa monjil de Rosalía y su disco ‘Lux’, de la liturgia de Billie Eilish en ‘When We All Fall Asleep’, del giro de Kanye West firmando “Jesus Is King”, Karol G poniendo “al descubierto la importancia de su fe”, la conversión cristiana de Farruko, Daddy Yankee o Rauw Alejandro. Películas como ‘Los Domingos’ vertebran su imaginario en torno a una juventud que dice: “lo primero es Dios, el mejor artista”. Grilex o Estenez mezclan trap, reguetón y estética cristiana y el Camino de Santiago, como rito iniciático perfecto para esta juventud hiperconectada, encaja de maravilla dentro de la narrativa.
En agosto de 2026, solo en tres días llegaron 6.289 peregrinos a Santiago. Fuera de esta vorágine, Santiago sigue siendo el sereno pescador junto a su padre Zebedeo y su amigo Simón. Quiero decir, la propia Xunta lleva tiempo alertando de una caída de visitantes y pernoctaciones fuera de temporada, con descensos de más del 23% en la ocupación hotelera de enero —un 17% menos en la imagen de todo el primer semestre— y 16.000 pernoctaciones menos respecto al año anterior. Saturación estival y burbuja pinchada en meses sin peregrinos.
El Camino para la chavalada
Porque la espectacularización y absoluta performatividad de cada instante no se explica por la oferta turística. Un estudio sobre el Camino Francés habla de “sobreperegrinación” y “peregrinofobia”: medio millón largo de personas al año en un itinerario pensado como espacio sagrado y, ante cierta falta de consciencia, se reitera en ese miedo de que la experiencia espiritual se diluya y surjan actitudes de rechazo.
Las cifras oficiales de la Oficina del Peregrino dicen que 2025 cerró con 530.987 compostelas, récord histórico y tercer máximo consecutivo, un 6,4% más que en 2024. 2026 tiene pinta de arrasar con esas cifras. El Camino Francés concentra en torno al 45% de las llegadas, seguido por las variantes portuguesas, que suman otro tercio del total. Más de la mitad de quienes recogen la Compostela son extranjeros; Estados Unidos encabeza la lista de países de origen y México se sitúa como principal país latinoamericano —muchas veces compuesto por familias enteras—.
El perfil también ha cambiado: las mujeres son mayoría clara —en torno al 53-54% según diferentes análisis— y buena parte de los caminantes ya no declara motivaciones religiosas, sino simplemente vitales. Ahí encajan bien esos campamentos juveniles, las dinámicas de grupo, los cantos masivos y los abrazos colectivos que vemos en el vídeo del Obradoiro.
Y la clave de este festival jacobeo es psicológica: el trabajo con 1.188 chavales de Texas reclutados en el marco de un ensayo aleatorizado, que muestra cómo el estrés, la soledad y la reducción de interacción física poseen una asociación significativa con más depresión, ansiedad y consumo de sustancias. Como este, otros tantos estudios longitudinales sobre el impacto en el bienestar de jóvenes solitarios.
Política interna, imagen externa
Aquí nadie se exime de su parte: la peregrinación se programa como un evento, con hitos visuales y emocionales que deben funcionar en Instagram, TikTok y los vídeos oficiales de las diócesis. Las administraciones han jugado a la misma lógica. Desde la locura del 1992 promovida por el gobierno de Fraga en los años noventa hasta los actuales preparativos para el Xacobeo 2027, la política turística ha presentado el Camino como acontecimiento flipado.
Mientras el nuevo Código de buenas prácticas del Concello incide en principios como “derecho al descanso”, “calidad acústica” o “preferencia peatonal”, lo que percibimos los de fuera es un ánimo nada sagrado. No en vano, el gobierno aspira a convertir el Año Santo Xacobeo 2027 en acontecimiento de excepcional interés público (AEIP) y atraer así más financiación privada.
Esta hipertrofia choca de frente con el costumbrismo genuino que aún resiste, como las fiestas patronales del barrio de Sar, las charangas que no tienen nada de viral y responden a tradiciones centenarias. Porque el debate de fondo no va contra los peregrinos, ni siquiera contra la religión. Va contra la idea de ciudad como feria continua. Los estudios sobre “sobreperegrinación” insisten en que el Camino no está desbordado, sino banalizado. La retórica del “visitante un millón” indica que es crucial establecer una política turística y límites claros al espectáculo. De lo contrario, 2027, año xacobeo, podría ser su propio monstruo.
Imágenes | Flickr (1 y 2)
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