
Una presentación ante el ICAA advierte sobre la construcción de terraplenes sin autorización que habrían alterado el drenaje natural de una extensa cuenca. Productores aseguran que la acumulación de agua provocó pérdidas millonarias, muerte de animales y afectó a pobladores del municipio de Malvinas.
Jueves 13 de Agosto de 2026 - Actualizada a las: 21:34hs. del 13-08-2026
Una denuncia presentada ante el Instituto Correntino del Agua y del Ambiente (ICAA) puso bajo la lupa la construcción de terraplenes en la zona del río Sarandí, en el departamento de Esquina. Según la presentación, las obras habrían sido realizadas sin autorización ambiental ni hídrica y estarían provocando una alteración del escurrimiento natural de las aguas, con consecuencias para establecimientos rurales y pobladores de la zona.
El reclamo fue impulsado por la firma ganadera CARRANDI S.A., propietaria del establecimiento "La Isabel", ubicado en Paraje Malvinas, y apunta contra el titular del campo vecino "El Curupí", Martín Winkler. De acuerdo con la denuncia, se construyeron dos terraplenes de grandes dimensiones sobre sectores vinculados al cauce natural del río Sarandí.
Las imágenes aéreas incorporadas al reclamo muestran una extensa estructura de tierra que, según los productores afectados, funciona como una barrera para el desplazamiento del agua. En diálogo con Radio Sudamericana, el productor César Sagario explicó que uno de los terraplenes tendría entre cinco y seis kilómetros de extensión y más de dos metros de altura.
"Estamos afectados por esa cuenca de agua que tiene una retención de salida. Es una cuenca muy grande que está entre Esquina y Sauce", explicó Sagario. Según detalló, el sistema hídrico recibe aportes provenientes de distintas zonas, entre ellas Curuzú Cuatiá, Perugorría y Baibiene, además de cursos de agua que terminan confluyendo en la zona.
El productor sostuvo que antes de la construcción del terraplén, los períodos de anegamiento eran más acotados. "Son cuencas que cuando llueve mucho se inundan, pero ahora queda manteniéndose por mucho tiempo", señaló.
Según la presentación realizada ante el ICAA, el establecimiento "La Isabel" habría permanecido inoperativo durante aproximadamente seis meses como consecuencia de los anegamientos. Además, se denunció la muerte o desaparición de 35 novillos y pérdidas productivas sobre unas 2.000 cabezas de ganado, que habrían perdido en promedio unos 45 kilos por animal.
El impacto denunciado también alcanzó a la movilidad de la hacienda. Sagario contó que debió retirar animales del establecimiento y trasladarlos hacia campos ubicados en zonas más altas ante la incertidumbre sobre cuánto tiempo permanecería el agua.
"Yo tenía bastante hacienda ahí, tuve que salir con toda la hacienda. Tenía hacienda de capitalización que tuve que embarcar y mandar porque no tengo certeza de qué tiempo me va a quedar el agua", relató.
El problema, según explicó, no se limita a un establecimiento rural. El agua acumulada también estaría afectando a otros campos y a pobladores del paraje Malvinas, donde algunas familias debieron retirarse con sus animales.
"Esta gente se inunda y tiene que salir con sus animales, sus ovejas, sus chivos, sus vacas y sus gallinas", afirmó Sagario. Advirtió además que la permanencia prolongada del agua genera dificultades adicionales para regresar a los campos y recuperar la actividad productiva.
La preocupación se extiende al funcionamiento de toda la cuenca. Sagario describió al río Sarandí y a los arroyos que confluyen en la zona como una especie de "columna vertebral" del sistema de drenaje, con conexiones hacia otros cursos como el Barranca y el Guaiquiraró.
En ese sentido, sostuvo que la capacidad de los alcantarillados existentes sería insuficiente para permitir el escurrimiento de una cuenca de semejante dimensión. "La cuenca es demasiado grande para la cantidad de aliviadores que necesita", planteó.
Otro de los puntos cuestionados es el impacto ambiental que podría generar la permanencia prolongada del agua. El productor explicó que cuando los campos permanecen inundados durante meses, la vegetación comienza a crecer de manera diferente y puede convertirse en una nueva barrera para el movimiento de los animales.
"Por mantenerse el agua, la vegetación pasa a ser grande y después no se puede entrar ni salir. Pasa a ser una trampa, no se puede sacar la hacienda", describió.
Reclamos que vienen desde años anteriores
La problemática, según los productores, no comenzó con la presentación actual ante el ICAA. Sagario afirmó que ya se habían realizado denuncias en 2024 ante organismos como el PRIAR y la Fiscalía, sin que hasta el momento se haya alcanzado una solución definitiva.
El productor también señaló que el terraplén habría sido construido durante los años de sequía, entre 2021 y 2023, cuando las condiciones hídricas de la región eran completamente diferentes.
"En 2016 hubo lluvias grandes, 1.000 milímetros, y al poco tiempo nosotros pudimos entrar de vuelta al campo", recordó. Según su explicación, la diferencia actual estaría dada por el tiempo que demora el agua en abandonar la cuenca.
La denuncia presentada ante el organismo provincial solicita una inspección inmediata para determinar si las obras incumplen las normas vigentes y reclama medidas para restablecer el escurrimiento natural del río Sarandí.
Entre los pedidos figura la remoción de los terraplenes, sanciones administrativas para los responsables y la intervención del organismo provincial para determinar las responsabilidades correspondientes.
La preocupación por nuevas lluvias
El escenario genera especial preocupación ante la posibilidad de nuevas precipitaciones en la región. Sagario señaló que actualmente todavía existen sectores con grandes extensiones de agua acumulada y que una nueva sucesión de lluvias podría profundizar el problema.
"Todavía no vino el Niño", advirtió durante la entrevista, al referirse al temor de los productores ante un escenario de mayores precipitaciones.
En la zona, según relató, las lluvias registradas durante los últimos años ya provocaron períodos prolongados de anegamiento. Mencionó episodios de alrededor de 400 y 500 milímetros registrados en localidades de la región y aseguró que en algunos casos el agua permaneció durante cinco o seis meses.
La situación también despierta preocupación por el municipio de Malvinas, donde pobladores y productores aseguran que los anegamientos prolongados ya están generando dificultades. Según Sagario, algunas familias debieron abandonar temporalmente sus viviendas y trasladar sus animales hacia sectores más altos.
"Si esas casas quedan inundadas por mucho tiempo, no van a poder regresar", sostuvo.
La denuncia ahora quedó en manos del ICAA, que deberá determinar si los terraplenes cuentan con las autorizaciones correspondientes, cuál es su impacto sobre el sistema hídrico y qué medidas deberán adoptarse para evitar que la obstrucción del escurrimiento continúe afectando a productores y pobladores de la zona.