
Hay gobiernos que prometen libertad y terminan descubriendo que la libertad también puede venir con mira telescópica.
Viernes 14 de Agosto de 2026 - Actualizada a las: 10:48hs. del 14-08-2026
El gobierno de Javier Milei acaba de flexibilizar el acceso a silenciadores y miras nocturnas para determinados usuarios de armas. Todo perfectamente reglamentado, por supuesto. Porque si hay algo que tranquiliza cuando hablamos de armas es que exista un formulario, un registro y un sello.
La explicación oficial es impecable: entidades de tiro, permisos de caza, armas registradas, usuarios habilitados. Todo en regla. El problema es que, cuando un gobierno decide ampliar progresivamente el acceso a elementos vinculados al armamento, la pregunta inevitable es hasta dónde piensa llegar.
Primero fueron las armas semiautomáticas. Ahora los silenciadores y las miras nocturnas. Mañana quizá aparezca una resolución que diga: “Estimado ciudadano, si además quiere un helicóptero para transportar el rifle, presente certificado de domicilio”.
La Argentina tiene problemas bastante más urgentes que garantizarle a determinados civiles que puedan ver y disparar mejor en la oscuridad. Pero hay una palabra que parece explicar buena parte de esta película: libertad.
Libertad para comprar. Libertad para portar. Libertad para disparar. Libertad para mirar de noche. Y uno empieza a sospechar que el próximo paso será convertir la Segunda Enmienda estadounidense en una materia optativa del secundario. Porque una cosa es defender la tenencia legal y responsable de armas.
Otra muy distinta es construir, paso a paso, una cultura donde cada vez más elementos propios de armamento especializado comiencen a presentarse como parte de una normalidad cotidiana.
Y ahí aparece la pregunta que nadie parece querer contestar: ¿Estamos desregulando para ampliar derechos o estamos copiando un modelo extranjero que no necesariamente encaja con la realidad argentina?
Porque una mira nocturna no hace más libre a una sociedad. Un silenciador tampoco. Y definitivamente una sociedad no se vuelve más segura simplemente porque sea más fácil acceder a tecnología diseñada para mejorar la capacidad de un arma.
Aunque, eso sí, hay que reconocerle algo al Gobierno: coherencia tiene. Prometieron libertad. Y aparentemente vienen dispuestos a demostrar que la libertad también puede hacer menos ruido.