
Tener trabajo en la Argentina dejó de ser un salvoconducto automático para esquivar la pobreza o garantizar el acceso a derechos sociales básicos.
Tener trabajo en la Argentina dejó de ser un salvoconducto automático para esquivar la pobreza o garantizar el acceso a derechos sociales básicos. La creciente fragilidad del mercado de trabajo ha extendido modalidades de contratación informales, salarios deteriorados e intensas jornadas laborales que revelan un problema mucho más complejo que la simple tasa de desocupación abierta.
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Así lo demuestra el Boletín Estadístico Sociolaboral del Primer Trimestre de 2026, elaborado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) a partir del procesamiento de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC. El estudio —firmado por Claudio Lozano, Agustina Haimovich, Ana Rameri y Walter González— indica que el indicador de vulnerabilidad laboral alcanza al 52,7% de la fuerza de trabajo nacional.
Presión sobre el mercado y el mito del desempleo bajo
Si bien la desocupación abierta se situó en el 7,8% en el primer trimestre, el informe advierte que esa cifra resulta insuficiente para medir la fragilidad de la población activa:
Subutilización de la fuerza de trabajo: Al sumar a las personas desempleadas con quienes trabajan menos horas de las que desearían (subempleo del 11,1%), la subutilización laboral asciende al 19,0% de la PEA.
Presión efectiva: Si a los desocupados se agregan las personas ocupadas que buscan activamente otro empleo (15,8%), la presión sobre el mercado laboral escala al 23,7%.
Disponibilidad efectiva: Al incorporar a los ocupados disponibles no demandantes (5,8%), el porcentaje de la fuerza de trabajo disponible trepa al 29,4%.
Desempleo estructural: En las filas del desempleo, 3 de cada 10 personas llevan más de un año buscando trabajosin conseguirlo.
Informalidad, pluriempleo y castigo a la juventud
La incapacidad del aparato productivo para crear puestos de trabajo de calidad se refleja en los elevados niveles de no registro. La informalidad laboral alcanza al 44,2% del total de los ocupados. Dentro del universo asalariado, la tasa de informalidad trepa al 37,9%, registrando sus picos más graves en el Servicio Doméstico (77,4%) y la Construcción (72,6%). Además, entre los trabajadores independientes (cuentapropistas), el 65,1% se encuentra en la informalidad.
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El deterioro del poder adquisitivo —con ingresos medios de $1.076.056 para la ocupación principal— empuja la necesidad de buscar múltiples ingresos. El pluriempleo alcanza al 10,4% de las personas ocupadas, con una presencia sustancialmente mayor entre las mujeres (13,7%) que entre los varones (7,9%).
La brecha socioeconómica también castiga con dureza a los sectores jóvenes. En la franja de 18 a 24 años, la vulnerabilidad laboral abarca al 77,6% de la fuerza de trabajo, impulsada por un desempleo del 19,5% y una tasa de informalidad entre los asalariados que llega al 63,9%.
Bajos ingresos y estrategias de supervivencia de los hogares
El informe echa por tierra las miradas que vinculan la indigencia con la inactividad. El 88,9% de la población reside en hogares cuyos ingresos provienen total o parcialmente del trabajo. Sin embargo, el 17,5% de los ocupados percibe remuneraciones por debajo del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), proporción que escala al 24,4% en el caso de las mujeres.
Esta precariedad se traslada en forma directa a la canasta familiar: el 20,6% de las personas ocupadas vive en hogares pobres. Incluso en aquellos hogares donde aporta más de un trabajador, la incidencia de la pobreza alcanza al 17,1%. Sin contemplar el efecto estacional del aguinaldo, la tasa general de pobreza mostró un salto en el primer trimestre, ubicándose en el 32,5%.
Para subsistir en un marco de pauperización, las familias despliegan variadas estrategias. Mientras que las transferencias no contributivas (como la AUH y la Prestación Alimentar) benefician al 29,2% de la población y evitan que la indigencia trepe del 6,5% al 11,9%, los hogares recurren cada vez más al desahorro y al endeudamiento: un 40,3% debió utilizar sus ahorros para gastos cotidianos, un 18,7% pidió dinero prestado a familiares o amigos y un 17,3% recurrió a créditos bancarios o de financieras.