
El Galgo charló con Daniel Osvaldo en una coproducción de Olé con La Canchita y rememoró su infancia, salto a Europa, sus mentores y más.
El Galgo charló con Daniel Osvaldo en una coproducción de Olé con La Canchita y rememoró su infancia, salto a Europa, sus mentores y más.
Su infancia, cómo vivió su enfermedad y su relación con Maradona, Messi y Scaloni.
"Los futbolistas empezamos a vivir por ahí a los 40 años". Jonás Gutiérrez fue el protagonista de una nueva edición de Rincón Stone, el ciclo de entrevistas conducido por el ex futbolista Daniel Osvaldo, en una producción de Olé y La Canchita. El Galgo, ex Vélez, Mallorca, Newcastle, Defensa y Justicia y Selección Argentina, entre otros, repasó sus inicios, sus mentores, la enfermedad que superó y su relación con astros del deporte.
-Sobre tu infancia en Sáenz Peña. Naciste y creciste ahí, ¿hasta qué edad estuviste?
-Hoy en día vivo en Devoto, del otro lado de General Paz, pero siempre estoy relacionado con Sáenz Peña, es el barrio donde crecí. De hecho, hoy voy a hacer CrossFit ahí. Mis amigos viven ahí. Me mudé muy chiquitito, al año de vida, y ahí generé todos mis vínculos que mantengo hasta hoy. Algo que hablamos con gente de nuestra edad es que en esa época el barrio era todo: salías a jugar a la calle, llamabas por teléfono de línea, tomabas agua de la manguera... cosas que quizás hoy se perdieron.
-¿Y de amigos del colegio también te quedaron?
-Sí, mi núcleo de chicos muchos iban al colegio bilingüe que quedaba ahí en Sáenz Peña. Yo no llegué a jugar en el club (de Sáenz Peña) porque a los tres años me agarraron unas convulsiones febriles que me dejaron unas horas la parte izquierda del cuerpo paralizada. Fue muy chiquito, no lo recuerdo, pero a partir de ahí los médicos les dijeron a mis padres que me lleven a hacer actividad física para estimular esa parte y que no quedaran secuelas. Justo estaba en el colectivo con mi madre, se cruzó con otra madre que llevaba al hijo a fútbol y me preguntó si quería ir. Así arranqué a los tres años en Estudiantes de Buenos Aires, que es el clásico de Almagro, y yo soy de Almagro. Las cosas de la vida.
-¿Y en Vélez a qué edad arrancás? Porque inferiores también hiciste ahí.
-Todo en Vélez. Yo en baby fútbol empecé en Parque, después me mandan al segundo club, que era Mitre y de ahí a GEBS. Ellos llevaban jugadores a Vélez y me fui a probar en la decimotercera. Estuve seis meses hasta que me ficharon en fin de año y ahí hice todas las categorías.
-Vélez en esa época ya era un club modelo, ¿no? Tenés un cariño muy grande con la gente.
-Ni hablar. Yo pasaba más tiempo en Vélez que en mi casa. Siempre digo que más allá de formar jugadores, forma personas. El sentido de pertenencia que tenemos es por cómo se maneja el club desde muy chicos: ibas y tenías el agua caliente, la merienda, la ropa y, sobre todo, la educación y el respeto. Sigue siendo un club modelo que capta jugadores porque los chicos de inferiores llegan a primera, algo que en Boca o River es más difícil por las exigencias, pasa menos.
-¿A qué edad debutás en Primera?
-Debuto en el 2001. Me sube Compagnucci y me hace debutar Bauza. Fue raro porque yo estaba en sexta, faltaban cuatro meses para terminar el año y la quinta se iba a Japón; para no perder los puntos nos mandan a los suplentes de la sexta a jugar en quinta. Ahí me ve Compagnucci, que era el técnico de cuarta, y le dice al de sexta: "Si no vas a usar al flaco, dámelo que me lo llevo para la cuarta". El de sexta no quería, y tenía el tema del desarrollo pero al final ahí cambió todo. Yo era muy flaco, pero marqué diferencia jugando una categoría más grande y al año siguiente arranco en Quinta y despego.
Cuando Compagnucci agarra la primera en 2005, yo ya estaba entrenando con el plantel profesional y termino debutando en septiembre de 2001. Es aprovechar el momento y tener la cuota de suerte. Yo de muy chico ya sabía que iba a ser jugador profesional, internamente ya lo sabía. Uno lo va sintiendo. También es importante la familia atrás, que acompañe, porque es muy sacrificado. Es un sacrificio que no te garantiza éxitos.
-¿Cómo fue tu relación con Miguel Ángel Russo?
-Muy buena. Él agarró un plantel muy joven y salimos campeones en 2005 con casi todos jugadores del club, salvo Fabricio Fuentes, el Gato Sessa y el Torpedo Arias. Miguel nos cambió el chip, nos decía: "Ustedes ya no son más pibes", porque ya teníamos casi 100 partidos en primera. Nos dio mucha responsabilidad. Yo le estoy muy agradecido porque cuando volvió Castromán de Europa, yo en ese momento pensé que no jugaba más, pero él me respetó el lugar y Lucas terminó jugando de delantero, de extremo, porque de ocho jugaba yo. Miguel confiaba ciegamente en nosotros y ponía al que mejor estaba. Fue un plantel que se armó con todos chicos de la casa.
-¿Y tu salto a Europa en 2005?
-También se lo agradezco a Miguel. En ese momento se jugaba dos años por el 20% y yo ya llevaba un año así. Estaba la posibilidad de que quería irme a jugar a Europa y Miguel, cuando se estaba hablando esa situación, me encaró: "Decime qué vas a hacer, porque a mí nadie me va a decir si te pongo o te saco". Le dije la verdad, le dije que quería pegar el salto y él me bancó. No cualquiera hace eso.
-Y ahí vas a España, al Mallorca. ¿Cómo fue ese momento previo de irte?
-Muy lindo. Tenía 22 años. Mallorca es hermoso, pero no sabía ni dónde quedaba, me imaginé una isla con palmeras y cocos. Yo tuve la posibilidad de que mis viejos y mis hermanos se vinieron conmigo, así que hicieron que la adaptación sea fácil. Además, había muchísimos argentinos. Veníamos del Mallorca de Cúper, entonces había muchos argentinos. Maxi López, Guiller Pereyra, Maciel, Peralta, Oscar Trejo, Ibagaza, Pisculichi... Por ahí no todos en el mismo año pero siempre había tres o cuatro. El primer día llegué y me dijeron "manejá la música vos", así que puse cumbia y los españoles no entendían nada.
-¿Cómo fue tener a Héctor Cúper de técnico?
-Vieja escuela, muy recto. Pero tenía una técnica para hablarte: se metía todos los días al sauna con una botella de agua y se quedaba 20 minutos. Él se metía mucho en el sauna. Cuando te quería hablar te decía: "Venga, Jonás, vamos a hablar", y te llevaba al sauna. Pasaban cinco minutos, vos querías salir y él te decía "vos sos un burro", y vos con tal de salir le decías "sí, sí, soy un burro, tenés razón". No había chance de discutirle. Era un genio, terminabas diciendo todo lo que él quería. Yo lo tomo como experiencia, te va formando de cara al futuro.
-De ahí pasás al Newcastle, donde sos ídolo.
-Es mi lugar en el mundo. Siempre soñé con la Premier League, me crié viendo los partidos a las nueve de la mañana con el Bambino Pons. Me gustaba la dinámica del fútbol inglés, yo decía "tengo que ir ahí" y ya sabía el idioma porque lo había estudiado. Tenía ese anhelo. Newcastle es un club muy, muy grande. Pero yo tuve un tema con el Mallorca, que no me vende seis meses antes, no aceptan la oferta, y los últimos cuatro meses parecía que no sabía jugar al fútbol. Estaba con la cabeza en otro lado. Fueron los meses más difíciles de mi vida. Pero después llega el Newcastle.
-Pero ahí viviste una situación complicada con el cáncer y un juicio...
-Sí. En Newcastle venía jugando siempre, todos los partidos. Me detectan el cáncer, vuelvo para operarme y al mes y medio me reincorporo. Pero cuando vuelvo, el técnico me llama a su despacho y me dice que hay que buscar una solución, que me tenía que ir. Me fui al Norwich tres meses, pero me desgarré el gemelo y cuando volví a Argentina para el control, me dio mal. Ahí empecé la etapa de la quimio. Esto habrá sido en diciembre, me reincorporo a los entrenamientos. El técnico me llama, y me dice: "Te quiero pedir disculpas, no es una decisión mía. Es de arriba". Y yo le dije que me podría haber avisado antes, pero que no pasaba nada. Ahí arranco a jugar en el Sub 20, me faltaba masa muscular porque la quimioterapia es muy agresiva.
-¿Y qué pasó con el contrato?
-Yo tenía una cláusula: si jugaba 80 partidos de titular en cuatro años, renovaba automáticamente por un año más. En dos años ya tenía 72. Cuando vuelvo de la quimio, empiezo a jugar de titular y faltando poco para cumplir la cláusula, me sacan. Me hicieron perder la renovación. Al final, en el último partido nos jugábamos el descenso, jugué de titular, di una asistencia e hice un gol. Estaba enfrentado con el dueño, al que la ciudad no quería, y la gente, más allá de todo lo que me había pasado a mí, se mimetizó conmigo. El cariño que me brindan es increíble.
-¿Cómo te tomás una noticia así?
-En ese momento me puse a llorar, porque tampoco tenía mucha información. Hoy ha avanzado mucho más la información. Antes asociabas cáncer con muerte porque no había tanta información como hoy. Te refugiás en la familia, en los amigos y en la fe, en creer en lo que sea, Dios, Alá, Buda las energías, para ser positivo. Es la mejor forma de afrontar la adversidad. Cuando vine volví al barrio, estaba siempre en Devoto.
Una charla a fondo y sentida.
-Hablemos de Diego Maradona. Él tuvo gestos muy lindos con vos.
-Fue algo increíble. Al Diego no lo conocía personalmente antes de la Selección. Tiene un aura y una energía imposibles de explicar; y además sabía todo de mí, entraba a la habitación y parecía que medía dos metros. Es difícil explicar el magnetismo que tenía. Conmigo tuvo declaraciones increíbles, le encantaba mi forma de jugar y decía que yo defendía la camiseta como él. Cuando estuve enfermo siempre me apoyó y tiró esa frase de que "el Barba se equivocó", él solo sacaba esa frase. Era un poeta y un artista en todo sentido. Fue increíble la relación que generé con él.
El Galgo y Daniel Osvaldo recordaron a Diego.
-¿Y cómo era el Diego en los entrenamientos?
-Al principio era chocante por todo lo que genera él. Después normalizás que es el técnico. Pero se ponía a jugar con nosotros, él quería jugar siempre. Le decía a Mancuso "dirigí vos" y se ponía con nosotros. Tenía las rodillas mal, nosotros éramos aviones y estaba un poco más lento, pero quería que jugáramos. Nosotros jugábamos fuerte, y una vez vino una pelota de frente, la paró y cuando Mascherano se tiró a barrer, Diego le hace "¡tac!" un cortito y lo dejó pasando de largo. ¡A un tipo que estaba por jugar un Mundial! Ahí te dabas cuenta de lo que habrá sido en su mejor época. Y pateando tiros libres lo dejó parado a Andújar, las ponía todas en el mismo lugar. Lo que debe haber sido verlo en su prime... Con nosotros siempre jugaba a ganar. Y después a veces jugábamos al truco, siempre fue muy cercano al jugador. Y lo bueno es que se sentía muy cómodo recibiendo las críticas, era un escudo. Él sabía que le iban a pegar a él.
La que más sufría era mi vieja con las críticas. Pero antes te criticaban los medios, hoy con las redes sociales te puede criticar cualquiera. Es difícil abstraerse. Tengo redes pero no le doy mucha importancia.
¿Fuiste a jugar un partido de leyendas hace poco?
Fuimos a jugar... Están haciendo un torneo ahí en Curazao, que ya es el tercer o cuarto año que lo hacen. Llevan leyendas y hacen un torneo porque están promocionando también a la isla para que vayan a vacacionar. Este año, muy linda la isla, la verdad. Nos atendieron de mil maravillas. Éramos ocho selecciones: fue la de Curazao, la de Colombia, la de Holanda, la de Brasil, nosotros, Italia... Hermoso, lindo.
Es re loco eso porque en tu carrera no sé si uno se da cuenta de eso mientras estás jugando, como que te das cuenta cuando ya no lo tenés más. Y el hecho de por ahí ir y que te reconozcan, ¿me entendés? Que sepan quién sos. Es algo que... estaba Rivaldo, estaba Ronaldinho. Y saben y te saludan y saben quién sos. Es tremendo eso. Es terrible. Entonces, nada, por ahí uno toma la dimensión en ese momento, pero también nosotros vivimos en una vorágine en el fútbol que no es normal. Nosotros empezamos a vivir por ahí a los 40 años porque estamos acostumbrados a algo que hicimos toda la vida naturalmente, que no es la vida, tiene mucho sacrificio.
-¿Y con Messi y Scaloni? Compartiste con los dos.
-Con Scaloni compartí seis meses en Mallorca; era muy intenso y extrovertido, aunque en ese momento no sé si lo veía como técnico. Y lo de Leo no es normal, la pelota es una extensión de él. Una vez en un entrenamiento de 11 contra 11 sin arquero, Messi empezó a encarar y se los pasaba a todos. Nos miramos con Demichelis y me dice: "Esto es como estar viendo la PlayStation". Se pasaba a los jugadores de la Selección Argentina como si pasara un trapo.
Charla con Daniel Osvaldo y la opinión de compartir prácticas con Leo en la Selección.
-Sé que tocás la guitarra muy bien, ¿cómo es tu relación con la música?
-Siempre me gustó y en Inglaterra me dio por agarrar la guitarra. Para mí es como una terapia, me pongo en mi casa y lo disfruto mucho, me gusta cantar. En las concentraciones de Banfield nos metíamos con Seba Dubarbier a tocar y parecíamos cualquier cosa menos un equipo de fútbol.
Video: la entrevista completa de Jonás en Rincón Stone
Temas que aparecen en esta nota: