
La cuestión de lo impagable, la deuda eterna empieza a ser un problema de muchas personas en la Argentina. Comprenderlo y brindar soluciones será un tema esencial de la campaña 2027.
La cuestión de lo impagable, la deuda eterna empieza a ser un problema de muchas personas en la Argentina. Comprenderlo y brindar soluciones será un tema esencial de la campaña 2027.
“Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
“Verás que todo es mentira / verás que nada es amor, que al mundo nada le importa... / ¡Yira!... ¡Yira!”
Yira yira, Enrique Santos Discépolo
“Dicha frase deja oír el suspiro infinito del deseo insatisfecho”
Jacques Derrida, Dar (el) tiempo
1. En alemán hay dos maneras de llamar al deber. Immanuel Kant analizó la cuestión. Separa “Pflicht” (deber moral) de “Schuld” (deuda/culpa). En español y especialmente en la Argentina se armó un problema político a partir de que en nuestra lengua, en nuestra lengua cotidiana, el deber es muchas cosas. Se trata de algo grave y que el Gobierno no se muestra dispuesto a resolver. Y que promete reemplazar a la inflación como debate central de las preocupaciones de la sociedad de cara al 27. Lo que debemos, lo que necesitamos pagar, lo que no llegamos a pagar: si la deuda externa es un problema de Hacienda, aquí estamos frente a una nueva categoría: la deuda eterna.
2. El número de morosos que supera a los cinco millones es un dato contundente. Si algo le ocurre a más del 10% de la sociedad es una cuestión política. Pero los deudores de la sociedad son muchos más: casi la mitad de los argentinos le debe a alguien o algo. Se denuncia la inequidad de las tasas de interés –el caso extremo del 400% de interés anual en un país de poco más del 30% de inflación– como síntoma. Pero más allá del síntoma está la enfermedad: la sociedad que La Libertad Avanza está constituyendo es la del deber (el tener deudas) y no la del deber comunitario (la de una moral compartida). Ese corrimiento está detrás de los vínculos sociales, de los espacios compartidos, de la manera de relacionarnos. Es imposible que no esté detrás del voto que se viene.
3. El deudor que aún no es moroso –quienes pagan los mínimos de las tarjetas, por ejemplo– debe enfrentarse a intereses mucho mayores que los que no pudieron cubrir ni siquiera los mínimos. Las tasas de las tarjetas están entre el 70% y el 100%, mientras que las de los morosos que ya entraron en una situación más extrema están en el 20% del que habló Javier Milei en las pocas entrevistas que dio sobre la cuestión. Así, el deber es un problema para el que no puede pagar y también para el que está pagando. Un esquema que se replica en las empresas pymes y se expande. La situación financiera individual funciona como la réplica de un terremoto de todo el conjunto.
4. Etimologías, palabras: más que juegos de palabras son el fuego que se encierra en la palabra. Veamos algunas: deber viene del latín “debere” (“de-habere”, “tener algo de otro”). La lengua ya fusiona economía y moral en un solo verbo. Sigamos: crédito viene de credere, creer/confiar –toda deuda es un acto de fe. Y moroso: no tenía carga moral original; la fue adquiriendo con el tiempo (el moroso como “el que falla”, casi un defecto de carácter). Casi por proximidad sonora podemos decir que hay algo moral que falla en el moroso. De hecho, tanto el presidente del Banco Central como el ministro de Economía hablaron del antecedente moral que constituiría brindar una solución al problema de los endeudados extremos. Es un mecanismo habitual de la gestión que gobierna la Argentina. La moral como política de Estado podría ser más bien El estado de una moral política: aquella que consiste en desentenderse.
5. Friedrich Nietzsche escribió Genealogía de la moral. Hay en la moral, en la deuda, una economía que podríamos llamar ontológica. Algo que trasciende las éticas y tiene que ver con el armado, con el origen de la sociedad: relaciones que se explican por el poder y sus mecanismos, sus lógicas. En lo que se da y se recibe, en el cómo se da y cómo se recibe, hay una economía estructural que dibuja a las sociedades.
6. Verónica Gago y Luci Cavallero son dos investigadoras que pensaron la cuestión en lo específico y en lo que trasciende de ello. Autoras del libro Una lectura feminista de la deuda. Vivas, libres y desendeudadas nos queremos, en un reportaje esclarecedor del programa El círculo rojo, de Radio con Vos, dijeron: “La deuda se convirtió en un lenguaje público-colectivo en contra de lo individual, y esa carga de fracaso, culpa y responsabilización. En la mora récord en Argentina, la gente habla de deuda para pagar el alquiler, para comer, etc., ya con un registro de bronca”. Y agregan: “Cuando lo financiero empieza a colonizar la vida cotidiana, antes pedías crédito para un gasto particular, pero con el empobrecimiento intentan que sea para los gastos cotidianos, siempre vas a necesitar endeudarte para subsistir en la vida cotidiana”.
7. En la genealogía que fundó Nietzsche hay varios autores que profundizaron la cuestión. Jacques Lacan y Jacques Derrida repensaron el asunto. En lo amoroso hay algo de incondicionalidad, del dar lo que no se tiene. Existe un dar que tiene una economía diferente, que responde a una economía diferente, que está dentro de otra lógica. También hay un gesto transformador en hacer lo “indebido”.
8. Federico Vaccarezza señaló el otro costado de la situación. En un reportaje en Modo Fontevecchia dijo que “a medida que el ingreso se fue erosionando durante los últimos dos años, el crédito fue lo que empezó a funcionar como una suerte de mecanismo de compensación frente a los ingresos que ya no alcanzaban para poder sostener el nivel de vida”. Y afirmó que no habrá “plan platita” desde el Gobierno para las futuras elecciones, porque “casi el total de lo que se volcase para tratar de recomponer el ingreso no se volcaría al consumo: se volcaría a pagar deuda, se volcaría a desendeudamiento”.
9. Entre las curiosidades del gobierno de La Libertad Avanza, una de ellas fue, al principio de la gestión, la intención de recomponer un lenguaje obsoleto para definir los déficits intelectuales de personas con discapacidad. Entre las palabras que reaparecían estaba la de “morón”: allí hay una enseñanza. Morón, moroso, moralmente débil.
10. Si hay un espacio intachable en lo que se refiere a entender la pobreza en la Argentina es el que dirige Agustín Salvia en la UCA. Sus estudios son los más confiables y sus análisis los más profundos. Parafraseamos a Borges y revisemos lo que se cifra en el nombre del Instituto de Salvia: observatorio de la deuda social. La deuda es eso, social, primero. Después es política y económica.
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