
El debut del refuerzo estelar -la mayor inversión en la historia del fútbol argentino- busca romper la sequía goleadora que aqueja al equipo en el Clausura y que lo deja a minutos de una marca negativa récord.
El debut del refuerzo estelar -la mayor inversión en la historia del fútbol argentino- busca romper la sequía goleadora que aqueja al equipo en el Clausura y que lo deja a minutos de una marca negativa récord.
Los jugadores que tendrá River en ataque, de arranque o como alternativa.
La expectativa ya pobló las redes. Ahora el anhelo es que la ilusión se traslade a la red. El fichaje de Thiago Almada, refuerzo estelar que hará su debut frente a Argentinos, no sólo sirvió como catalizador para convertir la bronca del pésimo arranque de semestre en esperanza de resurrección futbolística.
La pretensión es que la contratación del volante ofensivo complete el circuito ofensivo que hasta el momento, incluso con debuts de otras incorporaciones premium, no ha conseguido darle frutos a River. Que arrastra no sólo el sambenito de ser el único equipo de la LPF en no haber convertido en el Clausura sino que está a 171’ de su peor marca histórica, que data del 2010.
Si Eduardo Coudet elige mandar a la cancha a las cartas más fuertes de su baraja incluso acelerando algunos procesos es porque entiende que el margen de error tiende a la misma cifra de goles a favor de su equipo: está muy (muy) cerca de cero.
El Chacho tiene pensado salir a la cancha en un Monumental en alta tensión con la combinación Almada-Ángel Correa-Lucas Beltrán, que implicó una inversión de u$s 45,25 millones; a ellos se sumará el canterano Joaquín Freitas.
Una formación de ataque que paró en el ensayo táctico del miércoles y que refrendó en la práctica de fútbol del jueves, pruebas para darles minutos en conjunto a los encargados de interrumpir una sequía que se inició en el minuto 87 de la derrota 1-3 ante Aldosivi con el gol de Rafa Borré y que se prolongó por demás.
Metas y desafíos complejos
Es tan cierto que River tiene por delante casi dos compromisos completos como para no repetir aquella secuencia de 534’ sin goles del Clausura 2010 -no marcó entre el 14 de marzo (Gustavo Canales a Huracán, 4-0) y el 17 de abril (Ariel Ortega a Godoy Cruz, 2-1)- como que la espiralización del ambiente negativo conspira con el plan de levantada.
Está claro: el momento pesa en la cabeza de un plantel que se rearmó en relación al torneo pasado ( 6 de 11 futbolistas serán refuerzos de este mercado), que tiene jerarquía y experiencia internacional ( Montiel, Otamendi, Correa y Almada son campeones de mundo; Martínez Quarta ganó dos Copas América) como para empezar a trasladar definitivamente la capacidad de control de juego a gritos. Desahogos.
El principal problema de River no está en la capacidad para adueñarse de los partidos, sino en lo poco que consigue generar a partir de ese dominio. En las primeras cuatro fechas del Clausura, el equipo incrementó su posesión promedio del 64,8% al 73,3% respecto del Apertura.
Sin embargo, ese crecimiento no vino acompañado por una mayor producción ofensiva: el promedio se mantuvo en 16,4 remates por encuentro. Tiene más tiempo la pelota, aunque no logra patear más.
La diferencia también aparece en la calidad de esos intentos: antes, el 33,4% de los remates terminaba entre los tres palos; en el Clausura ese registro se redujo al 26,9%. A su vez, los tiros al arco bajaron de 5,6 a 4,5 por partido.
La derrota ante Tigre llevó esa contradicción a su máxima expresión. River manejó el 68% de la posesión, pero apenas produjo una ocasión clara, seis toques dentro del área y cuatro remates desde el interior de la zona de definición.
En contraste, su rival necesitó mucho menos control del balón para construir la jugada que resolvió el encuentro. Así, el 0-1 dejó al descubierto, una vez más, la distancia entre el dominio territorial y el peligro real.
La combinación que pretende potenciar
Frente a ese escenario, River busca que el potencial ofensivo reunido durante el mercado se transforme en la respuesta a su falta de gol. Los registros acumulados por Almada, Beltrán, Correa y Rafael Santos Borré -quien sería preservado; jugará en la Sudamericana ya que LB no está en la lista- a lo largo de sus carreras muestran distintas virtudes y permiten dimensionar la jerarquía incorporada. El desafío, sin embargo, es trasladar esos antecedentes a un presente en el que cada aproximación parece exigir un esfuerzo desmedido.
La necesidad se profundiza por la lesión de Sebastián Driussi, el futbolista con el mejor promedio goleador entre las alternativas analizadas. El delantero registra 0,41 tantos cada 90’ durante su trayectoria y convirtió el 34% de sus remates al arco. Sin su principal referencia de eficacia, Coudet necesita que las incorporaciones absorban esa responsabilidad y aceleren su adaptación.
¿Cómo les fue al resto? Rafa es el más preciso del grupo, con un 46% de sus disparos dirigidos al arco. Beltrán aporta contundencia, ya que convirtió el 33% de los tiros a puerta de su carrera, mientras que Almada se distingue por el volumen: registra 2,76 remates cada 90’, aunque su conversión es del 9% y su precisión alcanza el 35,4%.
Correa, por su parte, encabeza la producción acumulada con 110 goles, 693 remates y 308 tiros al arco a lo largo de su recorrido profesional. Son estadísticas que exponen el potencial de un ataque construido a fuerza de nombres, experiencia e inversión, pero que todavía debe entregar su primera respuesta colectiva.
River ya reunió las herramientas: ahora necesita que esos antecedentes se transformen en goles. Aunque son números que por separado generan ilusión, el desafío es que se consiga la sinergia suficiente -y en tiempo récord- para que todos sincronicen y que la inversión dé réditos antes de que la crisis se agrave.
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