
Esta semana el gobernador Martín Llaryora designó a Fernando Sibilla al frente del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia, una cartera que vuelve a tener rango propio en el gabinete provincial y que reúne bajo un mismo techo a las secretarías…
Esta semana el gobernador Martín Llaryora designó a Fernando Sibilla al frente del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia, una cartera que vuelve a tener rango propio en el gabinete provincial y que reúne bajo un mismo techo a las secretarías de Industria, Comercio, Minería, Ciencia y Tecnología, la subsecretaría Pyme, Defensa del Consumidor y ProCórdoba. En su primera entrevista como funcionario el nuevo ministro —extitular de Fadea— delineó el mapa de una economía que, según su propia descripción, "marcha a dos motores": por un lado, sectores dinámicos como la minería, la energía y el campo; por otro, actividades más golpeadas como el comercio, la construcción y buena parte de la industria metalúrgica.
El ministro habló sin eufemismos sobre la crisis de Metalfor —la autopartista cordobesa que esta semana cerró un procedimiento preventivo de crisis con una propuesta de desvincular al 60% de su personal— y sobre el rol que puede jugar la provincia frente a una macroeconomía nacional que, según Sibilla, "arregla la macro" pero delega en los privados la resolución de los problemas de competitividad. También adelantó que la Provincia estudia con el Banco de Córdoba nuevas líneas de financiamiento productivo, con subsidios de tasa, para reactivar el consumo y la inversión, y evaluó el futuro de Fadea, la fabricante aeronáutica que supo presidir, como una empresa con "un potencial enorme" pero rehén de las decisiones de su accionista, el Estado nacional.
-¿Con qué diagnóstico llegás sobre cómo está el frente industrial? -El Ministerio de Producción, si bien tiene mucha impronta industrial, también incluye comercio, ciencia y tecnología, así que es un ministerio amplio con mucha heterogeneidad. Y hoy todos vemos una economía que marcha a dos motores, a dos ritmos. Todo lo que está sucediendo con la minería, la energía, el campo o algunos servicios como la economía del conocimiento, que marchan a un ritmo, y por otro, actividades como parte de la industria, el comercio y la construcción, que marcan otro ritmo distinto. En Córdoba tenemos un poco de todo: una agroindustria que contribuye mucho al producto bruto geográfico, pero también una cadena automotriz con un mercado retraído. El gran tema es que los motores que impulsa el Gobierno nacional, como la minería y la energía, son grandes generadores de divisas, pero tienen poco impacto en el empleo. El desafío es sostener a los sectores que atraviesan momentos complejos y, al mismo tiempo, ayudar a insertar cadenas como la automotriz en otras que están traccionando, como la minera o la energética.
-¿Cuál es el rol de la provincia frente a la posición del Gobierno nacional de que la empresa que no funciona se reconvierte o cierre? -Es que ese es el gran desafío: cómo se maneja la transición de un modelo a otro. Los países desarrollados a los que aspiramos a parecernos manejan bien las variables macroeconómicas, y nosotros también valoramos el superávit fiscal y el control de la inflación porque dan previsibilidad para la inversión. Pero es una condición necesaria, no suficiente. Una política de desarrollo productivo tiene que resolver los problemas de competitividad del entorno y de la microeconomía de las empresas. Ese es el partido que tiene que jugar un gobierno subnacional como el de Córdoba: no en la macroeconomía, sino en el desarrollo productivo, que el Gobierno nacional no atiende porque considera que eso es un problema de los privados.
-¿Cómo puede trabajar la Provincia en ese terreno? -Con política de infraestructura: caminos, gasoductos troncales, parques industriales, escuelas. Y también con políticas de incentivo, las leyes de promoción y el acompañamiento en programas de empleo. Además, hay una inversión fuerte en política educativa, que hoy tiene a Córdoba primera en el ranking de educación en lengua y matemática. Si vas a agregar valor a la producción vas a necesitar mano de obra calificada, así que es una apuesta a mediano plazo.
-No todos los sectores pueden reconvertirse hacia la minería, ¿qué pasa con actividades como el calzado o el textil? -Bueno, ese es el punto de trabajar la transición: no todos van a mirar a Vaca Muerta. Ahí hay un desafío grande de trabajar con políticas de clúster, en una lógica de articulación público-privada-académica, para encontrar en qué nichos cada actividad económica es competitiva. La dinámica del mercado genera ganadores y perdedores, y la política de desarrollo productivo tiene que estar presente para acompañar, sobre todo donde hay crisis, y al mismo tiempo impulsar a los sectores dinámicos que encuentran oportunidades de exportación.
-En cuanto a agregado de valor, ¿cómo está posicionada Córdoba? -Del total de las exportaciones de Córdoba, cerca del 85% son productos primarios y manufacturas de origen agropecuario, en una relación aproximada de 50 y 50. Es decir, hay un agregado de valor que todavía no existe en la magnitud necesaria. Cuanto menos productos primarios exportemos y más aceite refinado o maní procesado, por ejemplo, se generan pequeños incrementos industriales, empleo y un mayor impacto en el interior provincial.
-¿Pero, cómo está hoy el músculo industrial para sostener la apertura económica y, al mismo tiempo, exportar con mayor valor? -En Córdoba hay heterogeneidad. Si ves los indicadores sector por sector, la metalmecánica está más complicada, los metales básicos están mal, la química no está tan mal. Cuando lo mirás todo junto, tenés de todo. Lo que sí puedo decir, conceptualmente, es que el dinamismo del sector privado cordobés no tiene comparación: se reinventa y encuentra oportunidades. Ahí es donde la Provincia tiene que tener inteligencia, con políticas de desarrollo productivo de nueva generación, que se construyen con el sector privado, que es el que mejor entiende dónde están los problemas, y que ayudan con financiamiento, ciencia y tecnología y las leyes de promoción industrial y de economía del conocimiento.
-Se cerró el procedimiento preventivo de crisis de Metalfor, con una propuesta de la empresa de desvincular al 60% de su personal. ¿Cómo puede intervenir la Provincia?, ¿se estudia algún tipo de salvataje para contener el impacto en el empleo? -El gran desafío es cómo se contiene. Es cierto que dentro de un mismo sector hay empresas a las que les va mejor que a otras, pero no podemos desconocer la realidad de algunos sectores ni trabajar al revés. Por eso la Secretaría de Trabajo de la Provincia convoca mesas, busca contener, genera los acuerdos necesarios y después busca alternativas para la gente. No es que la Provincia intervenga en cada caso puntual con algo así como un salvataje, pero sí tenemos que anticiparnos a las situaciones. Cuando una persona pierde el empleo, termina utilizando servicios públicos, un hospital, un programa social: hay mucha contención estatal, y el desafío es acompañar a las empresas para que puedan sostener el empleo. Queremos ser parte de la solución.
-Y respecto al encarecimiento del crédito, ¿puede hacer algo la Provincia frente a eso o la falta de crédito productivo? -Bueno, sí. Estamos empezando a trabajar con el Banco de Córdoba, de hecho, tenemos una reunión la semana que viene, y vamos a avanzar con programas de financiamiento para el sector comercial y el industrial. Ya tenemos algunas propuestas bastante avanzadas que en el corto plazo serán anunciadas: líneas específicas, con algún subsidio de tasa, orientadas al sector comercial, industrial y de servicios, que ayuden a dinamizar tanto la inversión como el consumo, que hoy está resentido y golpea especialmente al comercio.
-¿Cómo quedó organizado el ministerio? ¿Sigue con el mismo equipo que ya estaba en las distintas secretarías? -Vamos a ir con el mismo equipo. Gran parte del desafío es coordinar con la mayor velocidad posible las acciones para que impacten en el territorio: bajar potencia a piso, como dice un amigo industrial. Vamos a estar en diálogo permanente con las cámaras empresarias y los clústeres, en Córdoba Capital y en el interior, con escucha activa y después, por supuesto, gestionando.
-La presión impositiva siempre es un reclamo del sector productivo, ¿Puede haber algo de reducción de impuestos, incentivos fiscales para nuevas inversiones? -Córdoba tiene una de las mejores leyes de promoción industrial y también la de economía del conocimiento, pensada para otros sectores. El desafío es que la Provincia mantenga el superávit fiscal y, al mismo tiempo, avance con políticas de desarrollo productivo, encontrando un equilibrio para que eso no se convierta en una traba para los sectores privados. Estamos pensando alternativas y también en actualizar algunas leyes vigentes; en su momento podré dar más precisiones.
-Como extitular de Fadea, ¿cómo ve la situación de la empresa que atraviesa un momento crítico? -Fadea es un activo muy importante para Córdoba, no encuentro otra fábrica a la que los cordobeses le tengan tanto cariño, y da pena lo que está sucediendo, porque tiene un potencial enorme. Hay que tener en cuenta que es una sociedad anónima cuyo accionista es el Gobierno nacional. En su momento, cuando yo estaba en la fábrica, hubo una decisión nacional de desprenderse de las empresas de capitales estatales se abrió una negociación con la Provincia, pero esa negociación no avanzó por falta de voluntad del Gobierno nacional, no de la Provincia. Hoy no tengo una respuesta sobre qué va a pasar, aunque me parece que hay que tomar definiciones para que no se agrave la situación de la fábrica. En términos de negociación con la Provincia, no ha habido novedades en el último tiempo. Mi mirada, más allá del traspaso, es que Fadea tiene mucho futuro: capacidades endógenas para el mantenimiento militar de aviones de la Fuerza Aérea Argentina, fabricación de piezas para el avión de transporte brasileño C-390 y posibilidades para el mantenimiento comercial de aeronaves y la fabricación de aeroestructuras. Tiene el know-how para competir y desarrollarse, pero es una empresa que necesita que se tomen decisiones que hoy parecen no estarse tomando.