
La reciente visita de Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad, y Luis Caputo, ministro de Economía, a la ciudad de Córdoba permitió realizar una serie de lecturas políticas en clave 2027.
La reciente visita de Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad, y Luis Caputo, ministro de Economía, a la ciudad de Córdoba permitió realizar una serie de lecturas políticas en clave 2027. El más claro de todos y que fue exhibido públicamente fue la sintonía fina de los funcionarios nacionales con los integrantes del Ejecutivo que comanda el gobernador Martín Llaryora, situación que altera el clima de la política local y que, de alguna manera, marea a la oposición. El paso de ambos ministros nacionales por la Bolsa de Comercio expuso un entendimiento pragmático, guiños cómplices y mutuas loas que no pueden evitar leerse en términos electorales, sobre todo tras la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete, y al súper ministro —ahora jefe de Gabinete provincial—, Manuel Calvo, quien azuza el concepto de “acuerdos electorales”.
Los tradicionales almuerzos organizados por la Bolsa funcionaron como espejo de la relación que el Centro Cívico busca proyectar y consolidar con la Casa Rosada. En el plano económico, Luis Caputo no escatimó definiciones políticas ni gestos hacia el gabinete provincial. Ante el auditorio de empresarios, el ministro nacional destacó el rumbo general y confesó —sin vueltas— que Guillermo Acosta es el ministro de Economía provincial con el que mejor relación mantiene, y con el que más diálogo sostiene de todo el país. Caputo lo trató de “Guille” en varias oportunidades a la hora de referirse al cordobés.
Por si fuera poco, horas antes de que en la Bolsa de Comercio políticos y empresarios degustaran ojo de bife con puré mixto, habían ingresado a las arcas 400 mil millones de pesos de adelanto de coparticipación, que se sumaron a los 15 mil millones que ya se habían acreditado como parte de la deuda del consenso fiscal, y a 5 mil millones vinculados a la Caja de Jubilaciones. Incluso Caputo no evitó hablar de política y se mostró muy duro en su discurso contra el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.
“Creo que el kirchnerismo no vuelve a gobernar nunca más. No hay nadie en la política que crea que el kirchnerismo y Kicillof puedan volver a gobernar, porque nadie se junta con él. ¿Vos tenés el caballo ganador y nadie lo quiere tocar? No se quieren juntar con él ni Cristina Kirchner, La Cámpora, Sergio Massa y los gobernadores. La realidad es que todo el mundo sabe que no hay ninguna posibilidad de que Kicillof vuelva a gobernar, hasta él lo sabe. Lo levantan porque no tienen otro”, disparó.
El lunes previo, la ministra Alejandra Monteoliva protagonizó una situación de “buena onda” con su par cordobés, Juan Pablo Quinteros. La articulación entre ambas carteras de seguridad —que ya había tenido algunos hitos como la Cumbre del Consejo de Seguridad Interior—, no es nueva y continuará de cara a la pronta visita del Papa León XIV en el próximo mes de noviembre.
Este acercamiento institucional y político entre libertarios y el llaryorismo no es gratuito ni pasa desapercibido en términos electorales. Incluso, se colgó en el cruce más reciente entre el senador Luis Juez y el ministro Quinteros, en torno a la Seguridad. Este último sacó a relucir la carta de la buena onda con Nación: “Cuando nosotros hablamos de estadísticas lo hacemos con datos avalados por el Ministerio de Seguridad nacional, el mismo gobierno al que usted dice pertenecer”, devolvió a la crítica del senador.
Los dirigentes de la oposición ven estos gestos, observan hechos como los acuerdos económicos y el interrogante que aparece y sobrevuela los despachos opositores es claro: ¿Cuál será el discurso y la postura de los máximos referentes nacionales cuando bajen a Córdoba en plena campaña proselitista?
Desde las filas de La Libertad Avanza, el legislador Gabriel Bornoroni intenta minimizar el impacto político de estos puentes tendidos entre ministerios. Su lectura apunta a relativizar el ruido actual, convencido de que, una vez que la campaña esté formalmente lanzada, la agenda pública estará dominada por otros clivajes nacionales y el pragmatismo de gestión quedará subordinado a la confrontación partidaria.
Sin embargo, en el entorno de Luis Juez, la lectura es diametralmente opuesta y el malestar es palpable. El senador nacional sigue de cerca cada movimiento del tándem nacional en suelo cordobés y advierte que estos guiños debilitan la estrategia opositora. El desdén de Juez hacia la figura de Monteoliva es público y arrastra rispideces de vieja data, que se remontan a los tiempos en los que la actual funcionaria nacional ocupaba cargos en la estructura provincial, incluso en la previa al acuartelamiento policial del 2013. “Seis meses antes del motín yo le pedí a Monteoliva que recibiera a las mujeres de la Policía”, asegura Juez cada vez que puede y cita desde allí su enfrentamiento de más de una década que incluyó advertencias a Patricia Bullrich sobre la figura de Monteoliva. Según trascendió el propio senador habría optado por rechazar la invitación de la Bolsa de Comercio para evitar un cruce inevitable y lo hizo a su manera, explicando que no adhiere a las expresiones de la ministra de Seguridad Nacional. Frente a este escenario de aparente comodidad, la estrategia que evalúa el juecismo es de extrema cautela y pragmatismo defensivo: si desde la Casa Rosada no se terminan de alinear todas las fichas detrás de una construcción netamente opositora en Córdoba, la opción de jugar en soledad en la provincia no se descarta.