
Los terremotos que se registran en distintos puntos de Sudamérica suelen generar preocupación, especialmente por la rapidez con la que actualmente pueden verse sus consecuencias a través de las imágenes y las redes sociales. Sin embargo, detrás de estos fenómenos existe un proceso geológico conocido: el movimiento e interacción de las placas tectónicas.
Domingo 16 de Agosto de 2026 - Actualizada a las: 13:03hs. del 16-08-2026
El investigador y sismólogo argentino Benjamín Heit, del Instituto Alemán de Geociencias, explicó que los terremotos se producen principalmente por el movimiento de las placas que conforman la superficie terrestre. En el caso de la costa oeste de Sudamérica, una de las principales protagonistas es la placa de Nazca, que se desplaza por debajo de la placa Sudamericana.
El movimiento de las placas, la principal causa
Según explicó el especialista, los terremotos son muy frecuentes en la zona de subducción que se extiende a lo largo de la costa oeste del continente. Allí, la placa de Nazca interactúa con la placa Sudamericana y genera movimientos que pueden provocar sismos de distintas magnitudes.
En el caso de Venezuela, la situación es diferente, ya que interviene la interacción entre la placa Sudamericana y la placa del Caribe.
Este reacomodamiento permanente de las placas es el principal mecanismo que genera los terremotos y explica por qué las zonas ubicadas en los límites entre placas concentran gran parte de la actividad sísmica.
De acuerdo con Heit, todos los días se producen cientos de terremotos de menor o mayor magnitud a lo largo de la costa oeste de Sudamérica.
¿Se pueden predecir los terremotos?
Una de las preguntas más frecuentes es si la ciencia puede anticipar cuándo y dónde ocurrirá un terremoto.
La respuesta del especialista es clara: “los terremotos no pueden predecirse con precisión”.
Sin embargo, los avances científicos y tecnológicos permitieron conocer con mayor precisión cuáles son las zonas donde existe riesgo de que se produzcan terremotos de gran magnitud. Lo que todavía no es posible determinar es el momento exacto en que ocurrirán.
Es decir, la ciencia puede identificar áreas de mayor peligrosidad sísmica, pero no establecer de antemano el día y la hora de un terremoto.
¿Qué riesgo sísmico existe en Argentina?
La actividad sísmica no afecta de la misma manera a todo el territorio argentino. Según el mapa de zonificación de peligrosidad sísmica del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), el país está dividido en zonas que van de 0 a 4, de acuerdo con el nivel de peligrosidad.
Mientras Corrientes se encuentra en la “zona 0, considerada de muy baja peligrosidad sísmica”, otras regiones presentan un riesgo considerablemente mayor. Entre ellas se encuentran Mendoza y San Juan, ubicadas en la zona de mayor peligrosidad, además de sectores de Salta y Jujuy.
En esas regiones se registraron terremotos importantes a lo largo de la historia, algunos de los cuales provocaron daños materiales y víctimas fatales.
¿El cambio climático provoca terremotos?
El cambio climático también aparece entre las dudas cuando se registran varios fenómenos naturales en períodos cercanos. Sin embargo, el especialista aclaró que “no existe actualmente evidencia certera de que el cambio climático pueda provocar grandes terremotos a escala planetaria”.
No obstante, determinados cambios ambientales pueden generar efectos sísmicos de carácter más localizado. Uno de los ejemplos mencionados es el derretimiento de grandes masas de hielo. Cuando desaparece el peso que esas masas ejercen sobre la superficie terrestre, pueden liberarse tensiones y producirse movimientos o reactivaciones de fallas en determinadas zonas. Estos efectos, según explicó Heit, generalmente son locales y pueden generar sismos de magnitudes moderadas.
El deshielo también puede generar otros riesgos
El impacto del cambio climático sobre la actividad geológica no se limita a las fallas. El descongelamiento del permafrost —suelos que permanecen congelados durante largos períodos— puede modificar la estabilidad de determinados terrenos. En distintas regiones del mundo, ese proceso puede favorecer el colapso de laderas de montaña y generar avalanchas repentinas.
Además, si un terremoto ocurre en una zona que ya se encuentra debilitada por el descongelamiento, puede aumentar el riesgo de desprendimientos y colapsos. Por eso, el vínculo entre cambio climático y actividad sísmica debe entenderse principalmente como un fenómeno “local y específico”, y no como una causa directa de los grandes terremotos que se producen en las zonas de interacción de las placas tectónicas.
La tecnología y la percepción de los terremotos
La sensación de que estos fenómenos ocurren cada vez con mayor frecuencia también puede estar relacionada con la manera en que actualmente se recibe la información. Las imágenes de un terremoto pueden llegar prácticamente en tiempo real a cualquier parte del mundo. El colapso de un edificio, los movimientos del suelo o las consecuencias sobre una ciudad pueden observarse pocos minutos después de ocurrido el fenómeno.
Esto genera una percepción de mayor cercanía y frecuencia, aunque los movimientos sísmicos formen parte de un proceso natural que ocurre permanentemente.
En definitiva, los terremotos son consecuencia principalmente de la dinámica interna de la Tierra y del movimiento de sus placas tectónicas. La ciencia permite conocer cada vez mejor las zonas de riesgo, pero todavía no puede anticipar exactamente cuándo ocurrirá un sismo. Y aunque el cambio climático puede generar modificaciones locales capaces de afectar la estabilidad de determinadas fallas o terrenos, no existe evidencia que permita atribuirle la generación de los grandes terremotos del planeta.