
La iniciativa impulsada por Luis Caputo contempla un programa de créditos hipotecarios por $2 billones para facilitar el acceso a la primera vivienda y generar un efecto de arrastre.
La iniciativa impulsada por Luis Caputo contempla un programa de créditos hipotecarios por $2 billones para facilitar el acceso a la primera vivienda y generar un efecto de arrastre.
El Gobierno busca convertir al crédito hipotecario en un motor de actividad económica con un programa de $2 billones destinado a ampliar el financiamiento de largo plazo para las entidades financieras. A través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES, la iniciativa apunta a que los bancos puedan otorgar más préstamos para la compra, construcción, ampliación y refacción de viviendas, con una primera etapa que comenzará con una colocación de $200.000 millones anunciada por el ministro de Economía, Luis Caputo.
Su lógica es que, al contar con fondos durante períodos más extensos, las entidades puedan aumentar la oferta de créditos y mejorar las condiciones de acceso para los tomadores. El objetivo es reducir el descalce de plazos. Mientras una hipoteca puede extenderse durante 15, 20 o 30 años, las entidades suelen financiarse con depósitos de períodos mucho más cortos.
A partir de una mayor disponibilidad de crédito hipotecario, sostiene que puede generarse un efecto multiplicador sobre distintos sectores de la economía. Una familia que accede a una propiedad puede realizar la compra del inmueble, y también puede impulsar actividades vinculadas como la construcción, refacciones, compra de muebles, electrodomésticos y servicios relacionados con la mudanza.
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En esta misma línea, el objetivo oficial es recuperar el peso del crédito hipotecario dentro de la economía argentina, que históricamente se mantuvo en niveles bajos frente a otros países de la región.
Señaló Caputo que el stock de créditos hipotecarios creció desde el inicio de la gestión, aunque reconoció que todavía existe una amplia diferencia con economías donde el financiamiento para vivienda tiene una mayor participación.
Ahora, el desafío del programa será que el nuevo fondeo se transforme efectivamente en préstamos accesibles para las familias.
Pese a que la iniciativa amplía la disponibilidad de recursos, no garantiza por sí sola una expansión del mercado, porque los ingresos necesarios para acceder, las tasas, el valor de las propiedades y los criterios de aprobación de los bancos serán factores determinantes.
Cómo funcionará el programa de $2 billones
El esquema contempla que el FGS de la ANSES coloque depósitos a plazo fijo en los bancos mediante licitaciones periódicas. La primera convocatoria será por $200.000 millones y cada entidad financiera podrá ofertar hasta un 20% del monto total de cada subasta.
Simultáneamente, los fondos tendrán plazos de entre uno y cinco años, con tasas mínimas de UVA más 2,5% para las colocaciones a un año y de UVA más 4,5% para aquellas a cinco años. El objetivo es que los bancos cuenten con un fondeo más extenso para poder ampliar la oferta de préstamos hipotecarios.
A cambio, las entidades que reciban esos recursos deberán destinarlos a créditos para primera vivienda, con una tasa máxima de UVA más 7,5%, un plazo mínimo de 15 años (que podrá extenderse hasta 25 o 30 años) y un monto máximo de 150.000 UVA por préstamo, equivalente a unos US$200.000 según las estimaciones oficiales.
El Banco Central (BCRA) será el encargado de supervisar que los fondos sean efectivamente utilizados para otorgar hipotecas. Para eso, implementará un régimen informativo que permitirá controlar que los bancos transformen esos recursos en nuevos créditos dentro de los 90 días posteriores a cada adjudicación. El FGS no asumirá el riesgo crediticio, esa responsabilidad quedará en manos de las entidades financieras.
Desde el Ejecutivo estimaron que el programa podría alcanzar entre 17.000 y 18.000 familias, aunque la cantidad final dependerá del monto promedio de los préstamos que otorguen los bancos.
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