
El uso de acabados dorados y el emplazamiento de estatuas relacionadas con la figura de Donald Trump se han convertido en un fenómeno político, cultural y mediático recurrente en Estados Unidos, que genera una fuerte polémica.
El uso de acabados dorados y el emplazamiento de estatuas relacionadas con la figura de Donald Trump se han convertido en un fenómeno político, cultural y mediático recurrente en Estados Unidos, que genera una fuerte polémica.
De acuerdo con medios como The New York Times, estas iniciativas combinan desde operaciones de marketing político y criptomonedas hasta la intervención directa en monumentos públicos, generando un intenso debate sobre el culto a la personalidad, el gasto gubernamental y la estética del poder.
El “Don Colossus”. Uno de los casos más documentados por la prensa es la creación de una estatua de bronce del presidente de EE.UU. de unos 5 a 6 metros de altura bautizada como “Don Colossus”. La escultura inaugurada el pasado 8 de mayo se emplazó en el club de golf Trump National Doral (Florida) y fue bendecida por pastores evangélicos.
Lo llamativo es el uso de una cubierta de pan de oro, una lámina extremadamente fina de oro puro o aleación que se usa para dorar superficies en el arte, la arquitectura y las manualidades. Este mismo material es el elegido para revestir otros monumentos nacionales bajo la era Trump.
Un grupo de inversores en criptomonedas gastó unos 300.000 dólares para que el escultor Alan Cottrill, creara esta estatua en homenaje a Trump, quien ha declarado en varias oportunidades su respaldo al sector cripto. Luego, utilizaron la escultura para crear expectativas en torno a una meme coin llamada Patriot.
Sin embargo, la criptomoneda basada en el fundador de MAGA sufrió un dramático desplome del 95% de su valor luego de que el presidente lanzara su propia meme coin llama Trump.
Estética propia. El metal precioso se consolida como el máximo estandarte estético, político y cultural del trumpismo. Las Artes de la Guerra y las Artes de la Paz, cuatro estatuas históricas de caballos de bronce emplazadas en Washington D.C., también fueron recubiertas con pan de oro. Esta actualización es una de las más recientes que el presidente Donald Trump ha supervisado desde su regreso a la Casa Blanca para su segundo mandato y tuvo un costo estimado de 5 millones de dólares.
Tras su debut, algunos criticaron el brillante acabado dorado de las estatuas por considerarlo de mal gusto, mientras que otros elogiaron su aspecto renovado.
Financiamiento. Más allá de los tributos privados y los proyectos de simpatizantes, la polémica de las estatuas ha alcanzado al patrimonio federal. The New York Times y otros medios informaron sobre contratos gubernamentales adjudicados para cubrir estatuas históricas en oro de 23.75 quilates mediante contratos directos, evitando la licitación previa.
Estas acciones han provocado críticas por parte de contribuyentes y legisladores de la oposición, quienes cuestionan la priorización de fondos públicos para proyectos estéticos ornamentales en lugar de necesidades prioritarias de infraestructura o servicios sociales.
Cuestionamiento. En paralelo a las estatuas que elogian al mandatario republicano, el espacio público ha sido escenario de intervenciones artísticas satíricas.
Colectivos anónimos han instalado esculturas en zonas emblemáticas como el National Mall en Washington D.C., buscando cuestionar la narrativa oficial y burlándose de la estética de culto asociada a la figura del presidente Donald Trump.
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