
La convocatoria reunió a comunidades y agentes pastorales en Bella Vista. La jornada tuvo como eje la escucha, la cercanía y el compromiso de caminar juntos.
La convocatoria reunió a comunidades y agentes pastorales en Bella Vista. La jornada tuvo como eje la escucha, la cercanía y el compromiso de caminar juntos.
El 28º Encuentro del Pueblo de Dios se realizó este lunes 12 de octubre en Bella Vista, con la participación de comunidades, parroquias, movimientos y servicios pastorales. Durante la jornada, monseñor José Adolfo Larregain, arzobispo de Corrientes, brindó una homilía centrada en la sinodalidad y la necesidad de construir una Iglesia abierta, cercana y comprometida con la realidad de las personas, bajo el lema "Encontrarnos, conocernos y caminar juntos".
Destacó que el encuentro representa una oportunidad para renovar los vínculos entre las comunidades y fortalecer una fe compartida. En ese sentido, explicó que la sinodalidad no consiste solamente en organizar actividades, sino en reconocerse como hermanos, escucharse y descubrir juntos el camino que propone el Espíritu Santo.
Para profundizar esta idea, el arzobispo tomó como referencia dos pasajes bíblicos: el encuentro de Felipe con el funcionario etíope, narrado en los Hechos de los Apóstoles, y el camino de los discípulos hacia Emaús, relatado en el Evangelio.
A partir de la primera escena, resaltó la actitud de Felipe, quien se acerca al hombre que busca comprender las Escrituras, escucha sus inquietudes y lo acompaña en su búsqueda. Para Larregain, esta imagen representa el llamado a una Iglesia que no observa desde lejos la vida de las personas, sino que se involucra en sus preguntas, dificultades y esperanzas.
En relación con los discípulos de Emaús, señaló que Jesús se pone a caminar junto a ellos y escucha su dolor sin reprocharles sus dudas. De esta manera, vinculó ambos relatos con el lema del encuentro: encontrarse implica salir de uno mismo; conocerse requiere escuchar al otro sin prejuicios; y caminar juntos supone comprender que la fe no se vive de manera aislada.
El religioso remarcó que la sinodalidad no es una moda ni una simple metodología pastoral, sino una forma de ser Iglesia, como Pueblo de Dios que camina unido, escucha al Espíritu y discierne su misión.
También hizo referencia al papa León XIV y a su próxima visita, a la que definió como un signo de cercanía y una invitación a renovar la pertenencia eclesial. En ese marco, sostuvo que recibir al Sucesor de Pedro debe ir más allá de la preparación de un acontecimiento y convertirse en una oportunidad para reflexionar sobre la Iglesia que se quiere construir y el testimonio que las comunidades están llamadas a ofrecer.
Durante la homilía, Larregain advirtió sobre distintos desafíos de la sociedad actual, entre ellos la fragmentación, la violencia, la soledad y la desconfianza. Además, señaló que, aunque las redes sociales mantienen a las personas comunicadas, eso no siempre significa que existan vínculos verdaderos.
Frente a esta realidad, planteó la necesidad de fortalecer una cultura del encuentro mediante comunidades capaces de escuchar a los jóvenes, acompañar a las familias heridas, brindar un lugar a los adultos mayores, acercarse a quienes atraviesan situaciones de pobreza y recibir a quienes piensan diferente sin considerarlos enemigos.
El mensaje también retomó el salmo "Gusten y vean qué bueno es el Señor", con una invitación a que la bondad de Dios se refleje en las acciones cotidianas de las comunidades, especialmente en la manera de recibir, escuchar, perdonar, acompañar y servir.
Hacia el cierre, el arzobispo propuso tres compromisos concretos para llevar a la vida comunitaria después del encuentro: acercarse a alguien, escuchar a alguien y caminar con alguien. La propuesta busca que lo compartido durante la jornada tenga continuidad en cada parroquia y comunidad.
"Cuando nos encontramos de verdad, comenzamos a conocernos; cuando nos conocemos, aprendemos a querernos; y cuando nos queremos como hermanos, podemos caminar juntos", expresó Larregain, quien concluyó su homilía recordando que Jesús acompaña a su pueblo incluso cuando no logra reconocer su presencia.