
A los 48, Dirk Nowitzki, máximo anotador extranjero de la NBA, le contó a Olé que encontró un mejor ritmo para cuidar su imponente físico. En Prime Video, ya en su segunda temporada como comentarista, volvió a estar cerca del básquet.
Es una noche calurosa en el distrito de West Chelsea, Manhattan, Nueva York. Un antiguo garaje de taxis de principios del siglo XX, hoy reconvertido en un pintoresco salón de eventos, reúne a leyendas y ex jugadores de la NBA con figuras del espectáculo en Art Of Basketball, el evento con el que Prime Video lanzó su nueva temporada de la NBA. Ahí adentro, mirar hacia arriba es casi un reflejo. Y así y todo, entre tantos gigantes, hay uno que sobresale: con sus 2,13 metros y su sonrisa de siempre, el alemán Dirk Nowitzki se roba las miradas.
Ese físico, poco común incluso en la NBA, fue su gran ventaja. Con esa altura y la mano de un tirador, cambió para siempre la forma de jugar de los grandotes. Así construyó una carrera de récord: es el extranjero con más puntos en la historia de la NBA (31.560), jugó sus 21 temporadas en Dallas (la marca más larga de un jugador con un mismo equipo) y fue campeón y mejor jugador de las Finales en 2011, además de mejor jugador de la temporada 2007, el primer europeo en lograrlo.
Arte y básquet: la muestra que armó Prime Video para lanzar su nueva temporada de la NBA en Nueva York. (Foto: Prime Video)
Pero ese mismo cuerpo, exigido durante dos décadas, terminó pasándole factura. Un par de años después del retiro lo admitía sin anestesia: “Ahora tengo que arreglármelas con mi pie arruinado por el resto de mi vida”. Y llegaba a una confesión todavía más cruda: “No puedo jugar al fútbol con mis hijos. Ya no se puede para nada”.
Las marcas venían de lejos. A lo largo de su carrera pasó más de una vez por el quirófano, y lo que más sufrió fue el tobillo izquierdo. Él mismo lo atribuyó a años de despegar siempre con ese pie y de torcérselo una y otra vez. “Tuve mucho dolor durante los partidos”, reconoció al mes de retirarse, a los 40.
Cuando se apagaron las luces y los flashes, eligió las sombras. “No extraño el básquet”, decía a dos meses de su último partido. “Quiero alejarme uno o dos años, viajar y disfrutar de la familia”. Y así lo hizo: recorrió con su esposa y sus tres hijos los lugares de origen de la familia, de Suecia y Kenia a su Alemania natal, y en esos dos primeros años casi ni miró básquet. Años después contó que, lejos de casa, no chequeaba ni los resultados de Dallas. Necesitaba alejarse.
Años atrás había contado que el cuerpo no le daba ni para jugar al fútbol con sus hijos. Hoy, a los 48, la leyenda de los Dallas Mavericks le contó a Olé cómo está y qué hace para cuidarse, en el lanzamiento de la temporada de la NBA en Prime Video, en Nueva York.
Hoy, a los 48, la historia es otra. “Estoy bien. Probablemente mejor ahora que hace un par de años”, le dijo a Olé en Nueva York. “Encontré un mejor ritmo para cuidar mi cuerpo ahora, en el retiro. Empecé a tratar de mantenerme activo: intento levantar pesas y trato de mantenerme en forma”.
Del equipo de Prime Video forman parte ex estrellas de la NBA como Dirk Nowitzki, Steve Nash, Udonis Haslem, Blake Griffin y John Wall, todos presentes en la alfombra roja de Art Of Basketball, en Nueva York. (Foto: Prime Video)
El interés por el básquet le fue volviendo de a poco, año a año, y volvió a mirar partidos, también con sus hijos, que empezaron a entusiasmarse con la NBA. Después llegó la oportunidad que puso otra vez el básquet en el centro de su vida: Prime Video, que firmó un acuerdo de 11 años con la NBA para transmitir partidos de la liga, lo sumó como analista del estudio de sus transmisiones. Debutó el año pasado y ahora va por su segunda temporada. “Viajo mucho, estoy con los chicos, paso mucho tiempo con la familia y, hasta ahora, ha sido divertido”, le cuenta a Olé. “Y ahora Amazon Prime me mantiene ocupado y estoy aprendiendo mucho, así que en general no me puedo quejar”.
Fue un gigante de la NBA durante 21 temporadas, pagó el precio con el cuerpo y se corrió de los flashes. Hoy está de vuelta, y con un rol protagónico, pero esta vez con el micrófono en lugar de la pelota.