
En un escenario económico marcado por la desaceleración de la inflación pero también por señales de estancamiento en la actividad productiva, el debate sobre la sostenibilidad del programa oficial cobra cada vez mayor fuerza.
En un escenario económico marcado por la desaceleración de la inflación pero también por señales de estancamiento en la actividad productiva, el debate sobre la sostenibilidad del programa oficial cobra cada vez mayor fuerza. Para analizar las contradicciones de este esquema, las perspectivas de consumo y el impacto en las familias y empresas, Jorge Fontevecchia dialogó Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), con el economista Martín Kalos, director y socio fundador de EPyCA Consultores.
Martín Kalos es licenciado en Economía, graduado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Es director, socio y fundador de EPyCA Consultores, una firma especializada en análisis económico, productivo y político. Además, se desempeña como profesor en posgrados de la UBA, así como en la maestría y especialización en gestión pública y desarrollo gubernamental.
Martín, muy buenos días. Usted viene insistiendo que la fuerte concentración de la actividad productiva y el desplome de la demanda interna no es un daño colateral, sino que es estructural e inmanente a este plan económico. Me gustaría que, de la manera más sencilla, pudiera compartir y profundizar con nuestra audiencia su idea.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Buen día, Jorge. Sí, efectivamente, el modelo económico de Milei es un modelo económico que plantea —yo lo voy a decir así— cierta mediocridad para todas las variables. En algunos casos, haber pasado a niveles mediocres es mejor que lo que venía habiendo antes de Milei; en particular, la inflación, la inestabilidad cambiaria... Son temas que en gobiernos anteriores preocupaban mucho más que lo que lo hacían en el gobierno de Milei, pero no porque estemos en buenos niveles, sino estabilizados en niveles mediocres. En torno a 2% de inflación mensual, nadie puede decir que es un buen nivel. Sí, mejor que antes. Pero eso implica, para poder hacer esto, que también lleguen a niveles más mediocres los parámetros de actividad, empleo, ingresos de las familias, ingresos de las empresas. Y ahí está el punto: es un modelo económico en el que nada es accidente. Todo esto es parte integral del modelo económico. Para poder bajar la inflación y sostener el tipo de cambio en estos niveles apreciados, el gobierno necesita también que la actividad económica no crezca y que el nivel salarial se mantenga en estos niveles deprimidos.
Lo escucho y me viene... Es una reflexión, ¿no? Usted decía: "Bueno, mediocre es mejor que lo anterior" uno podría decir "mediocre es mejor que malo". Entonces, la pregunta es: ¿es una escala, un escalón, una etapa necesaria pasar de malo a mediocre para luego pasar de mediocre a bueno? ¿Era necesaria esta mediocridad como parte de la cura frente a lo malo?
No, en dos sentidos. Porque uno puede decir, efectivamente: "Bueno, la inflación tenía que pasar... Estábamos en niveles del 5-8% mensual, tenía que pasar por 2% mensual para seguir bajando". Bueno, la pregunta es si este modelo lleva a que siga bajando. Ahí la primera respuesta es sí, pero hay que tener en cuenta que Milei quiso apurar demasiado el descenso de la inflación y se encontró con un tope. Pensemos que en mayo del 2025 habíamos llegado a 1,5% de inflación mensual. Un año y medio después estamos por arriba de ese número. O sea que ahí encontramos un tope del proceso de desinflación que Milei quiso apurar. Y no se puede apurar. No existe apurar un proceso que tiene que ser justamente relativamente gradual para que esté bien hecho, para que dure y para que no sea pan para hoy, hambre para mañana y mañana volvamos a tener más inflación.
“Hoy el tejido productivo está como en el 2001”
Pero por el lado de la actividad económica ya no es un problema de gradualidad o de pasar por acá para después mejorar: es un problema de extremismo ideológico del presidente y de su gobierno, sus ministros. Porque no hace falta que el Estado se corra de todas sus funciones de coordinación con el sector privado para que el sector privado también pueda impulsar la economía. Porque hoy el sector privado lo que mira y dice es: "No sé para dónde va esto. El gobierno, el Estado, no me dice nada respecto del futuro; tengo que adivinar". Y ese adivinar implica adivinar muchas cosas: implica adivinar, por ejemplo, si es sostenible el tipo de cambio en estos niveles; es adivinar cuál va a ser el nivel de apertura económica; es adivinar cuál va a ser el nivel de ingreso de las familias, el nivel de empleo... Todo eso son cosas que las empresas hoy están solas para adivinarlo. Y si el gobierno no se corriese de sus funciones como coordinador de la política económica y el gobierno a la vez instrumentase políticas de desarrollo, políticas de ingreso, política productiva —que no estamos hablando de un déficit fiscal y todos esos miedos que tiene Milei, sino de hacer las cosas bien—, no necesitaríamos estar en un nivel en el que las empresas no saben si van a poder vender más el mes que viene. Y al contrario, están amesetadas en niveles malos desde hace ya dos años y medio.
¿Usted imagina que otro plan antiinflacionario nos hubiera colocado con un número de inflación al mes 35 menor que el actual y una actividad económica mayor que la actual?
Probablemente. Lo que pasa es que es contrafáctico y no es algo que haya propuesto en voz alta nadie de la dirigencia política. Pero los planes de estabilización están estudiados en el mundo. Entonces, uno sabe que tiene que hacer una serie de cosas, algunas de las cuales las hizo Milei. Entonces, Milei, por ejemplo, hizo la devaluación inicial ahí a la semana de haber asumido, donde aumentó el tipo de cambio 120%. Bueno, eso es un inicio razonable para después usar el ancla cambiaria paulatinamente para a lo largo de los años desinflar la economía, o sea, desacelerar la inflación. Pero recordemos también que un año, año y moneditas después de ese inicio, ya el ancla cambiaria se había agotado. O sea, Milei abusó de la herramienta. Y ahí es donde yo digo: bueno, no había que inventar nada. Si eso se usaba bien, hoy podríamos decir: "Bueno, no llegamos a 1,5% en mayo del 25, pero hoy podríamos estar más sostenidamente descendiendo la inflación".
Ismael Bermúdez: “Si pierde Trump puede haber un shock financiero en Argentina”
Y lo mismo insisto con que no hace falta gastar mucha plata —de hecho, no hace falta gastar plata básicamente— para hacer cosas que a la segunda vez a las empresas, a los sectores productivos argentinos les daría buenas señales y les daría algo de demanda en el mercado interno, competitividad en el mercado externo. Y eso es simplemente una cuestión de no engolosinarse o no irse a los extremos ideológicos a los que va este gobierno y hacer las cosas de manera equilibrada, razonable. Insisto: como nos enseña la experiencia, la historia de los planes de estabilización exitosos en el mundo, que son los que funcionan así. Y después, por supuesto, tienen que tener una cuota de suerte, pero por lo pronto hay que hacer las cosas bien.
Martín, ¿coincide usted con los pronósticos de que, si bien es expectable que el segundo trimestre pueda terminar siendo negativo —hay discusiones ahí— y confirme la recesión técnica de dos trimestres consecutivos de caída de la actividad económica, las expectativas para el cuarto trimestre es de vuelta a crecimiento de la economía?
Sí, nosotros efectivamente estamos en EPyCA Consultores bastante seguros de que el segundo y el tercer trimestre habrán dado caída y entonces estaremos en recesión, y que el cuarto va a marcar una recuperación. Pero nada que haga emocionar a nadie, nada que entusiasme. La recuperación va a ser un poco, respecto de estos niveles, algo obvio. No se puede pensar que la economía argentina —que tiene los mejores términos de intercambio de su historia, que tiene financiamiento para renovar su deuda... Hace un par de años estábamos todos los... incluso todos los martes a veces estábamos preguntándonos si el gobierno podía renovar su deuda. Hoy lo financiero, por la alianza con Estados Unidos, por factores también con lo que queda del cepo cambiario que este gobierno aún no eliminó, está. Ese financiamiento está; las exportaciones se venden a los mejores términos del intercambio, o sea, el precio de las exportaciones relativo a las importaciones argentinas mejor que nunca; tenemos nuevas fuentes de exportación de cosas que antes no exportábamos en estos volúmenes, en particular el sector energético... y aun así Argentina está en recesión técnica a mitad de año y va a ser un año en el que crezca muy poco. Es más: muy poco es incluso por debajo de lo que dejaba el arrastre estadístico del año pasado, lo cual habla de un muy mal desempeño en 2026 de la economía argentina. Es casi te diría inexplicable. El gobierno debería explicar cómo es que esto ocurre y por qué no hace nada para que mejore. Porque esa es la realidad: no hay nada, no hay una propuesta de política económica para que la situación de las empresas y de las familias mejore.
Martín, si finalmente el crecimiento pequeño que se va a producir en todo 2026 es inferior al arrastre que dejó 2025, el arrastre que deja 2026 para 2027 es nulo...
Si efectivamente va a ser muy bajo otra vez, el repunte de fin de año le va a dar un mínimo arrastre estadístico a la economía, pero es muy mínimo. Y entonces entramos a un año electoral donde en verdad volvemos a una cuestión que es que el presidente...
Pero no, permítame concluir la pregunta: si este año el crecimiento termina siendo solo el arrastre del año anterior y para el año próximo el arrastre es mínimo, ¿Cuál va a ser el crecimiento en 2027?
Ahí hay dos variables enormes en un año electoral. Una es cómo el sector privado se comporte frente a encuestas, resultados de la elección en cada uno de esos tramos, que le digan —vamos a decirlo así— que quien pueda llegar a gobernar a partir de 2027 le es más o menos afín a lo que cada segmento del mercado quiere escuchar. O sea, si es Milei que renueva, un candidato opositor o quien sea. Pero además, también, qué haga el gobierno en un año electoral en términos de política económica. Porque sabemos bien que todos los gobiernos en años electorales tienden a intentar forzar un poco la máquina, cambian, son pragmáticos —si uno lo quiere ver así— en términos de que saben que sus chances electorales también se juegan por el lado de que haya una mejora en cómo llega la gente a fin de mes. ¿Hará el gobierno algo? ¿Cambiará algo? Porque hasta acá los intentos de cambiar han sido muy magros. Fíjate los grandes anuncios de estos meses por parte del Ministerio de Economía, que son todos temas muy financieros... El Ministerio de Economía parece que no entiende en temas productivos, pero son créditos en dólares —que es algo que concierne a un sector minoritario de la economía y encima que tenga que tener acceso a créditos, por supuesto— y no mucho más. Y bueno, y créditos hipotecarios. El fondeo de largo plazo para créditos hipotecarios. Pero eso, de vuelta, a la mayoría de la gente no la toca ni de cerca ni indirectamente. Entonces, ¿cambiará algo el año que viene la política económica para favorecer las chances reelectorales del gobierno actual o no? Y lo que decía: como reacciona la sociedad, pero en particular empresas, sector financiero, a las novedades electorales
El desempleo, espejo de una economía a dos velocidades: mientras Rosario supera el 11%, Neuquén se acerca al pleno empleo
Eso ya lo sabemos, Martín. Fíjese que en Brasil Bolsonaro... ganaba Lula, después Bolsonaro, ahora Lula le empata... Es decir, está claro que hasta el último minuto del día del balotaje no vamos a saber quién gana y 2027 va a estar con, podríamos decir, un horizonte abierto. O sea, por lo tanto, aquellos que tengan miedo van a tener derecho a tener miedo.
Sí, y la cobertura que van a tomar muchos sectores respecto a esos miedos implica, por ejemplo, riesgos cambiarios. El gobierno insiste con que tiene —ya lo hemos oído al presidente mismo— la "bazuca", que va subiendo de monto semana a semana, ¿no? No se pone de acuerdo Milei consigo mismo de cuánta plata va a tener el año que viene, pero hace unas cuentas estrafalarias como estamos acostumbrados a que haga. Siempre hay que decir esto: Milei no habla como economista —que además nunca fue un economista muy riguroso—, sino que habla como político, habla como presidente de la Nación intentando convencer con un discurso político a quien escuche. La verdad es que, por más que diga eso, la cantidad de plata que tiene el gobierno que va a venir ante demandas de dólares, demandas de conversión del tipo de cambio, es mejor que hace un año, cuando a quienes decíamos que había que comprar dólares, que había que acumular reservas nos acusaban de mandriles, pero no es enorme. Entonces, ahí yo te digo: el riesgo existe. Ojalá que no, ojalá que no se concrete, porque nadie quiere una corrida, nadie quiere una aceleración inflacionaria. Y la verdad es que el gobierno, si lo maneja bien, debería poder contener eso. Pero también depende de que el gobierno no insista, por ejemplo, con que si gana la oposición —sin saber siquiera quién es el candidato de la oposición— esto es un infierno, viene el anticristo y estas cosas, porque eso también le está dando una señal a quien entonces dice: "Ah, pero la encuesta está pareja" o, como bien decías vos, Jorge, "hasta que no termine el balotaje no voy a saber quién ganó; me cubro de un riesgo de que venga el demonio del lado de enfrente". Y la verdad es que una política razonable económica incluye hacer una política razonable. Una política razonable implica empezar a generar instituciones en nuestro país que no dependan de quién gobierna.
Martín Kalos, muchísimas gracias. Le mandamos un saludo y nos mantendremos en contacto como siempre. Muy gentil.
Un gusto como siempre, Jorge. Hasta la próxima.