
El pueblo cumplió un nuevo aniversario el pasado 11 de octubre, pero sus raíces se remontan a mediados del siglo XVIII. El historiador sanroqueño Adolfo Proz reconstruye los orígenes de una localidad que fue centro religioso, escenario decisivo y cuna de protagonistas.
El pueblo cumplió un nuevo aniversario el pasado 11 de octubre, pero sus raíces se remontan a mediados del siglo XVIII. El historiador sanroqueño Adolfo Proz reconstruye los orígenes de una localidad que fue centro religioso, escenario decisivo y cuna de protagonistas.
Hay pueblos cuya historia permanece a la vista, aunque no siempre se la conozca. Está en una antigua puerta, en los documentos guardados en una parroquia, en el nombre de una calle o en el recuerdo de un edificio que fue testigo de acontecimientos decisivos. San Roque, en el corazón de Corrientes, reúne todas esas huellas. El 11 de octubre cumplió 253 años de su fundación y la fecha ofrece una oportunidad para descubrir el recorrido de una comunidad que tuvo un papel mucho más importante del que suele reconocerse.
El historiador sanroqueño Adolfo Proz propone volver sobre esos orígenes. Su relato atraviesa caminos coloniales, capillas, sacerdotes que recorrían enormes distancias a caballo, guerras y personajes que llegaron a ocupar lugares relevantes en la vida pública argentina.
Un paraje junto al Santa Lucía
La historia comienza antes de 1773, año que se toma como referencia para la fundación. "Su origen ya se remonta mucho antes", explica Proz. Hacia 1740, existían familias asentadas en la zona, aunque todavía no conformaban un núcleo urbano organizado.
El lugar que concentraba a la mayor parte de los vecinos era conocido como paraje Paso de Blas, junto al río Santa Lucía. Allí se cruzaban antiguos caminos reales que conectaban distintos puntos del territorio y resultaban fundamentales para la circulación de personas, animales y mercancías.
Uno de esos caminos seguía la costa del Santa Lucía hacia Yaguareté Corá, actual Concepción. El otro atravesaba el río por el paso de San Blas y conducía hacia Corrientes o Paraguay.
La concentración de vecinos favoreció la creación de una capilla. Según reconstruye Proz, entre quienes llegaron para conversar con los pobladores y elegir dónde levantar el primer templo estaban Antonio de la Trinidad Martínez Ibarra, autoridad eclesiástica mencionada en el relato, y García de Cosio, representante del Cabildo.
La decisión excedía lo religioso: en la organización colonial, la capilla constituía uno de los principales puntos de referencia para un vecindario que aspiraba a consolidarse.
"Porque ya tenía un importante vecindario y el poder español siempre, cuando había un importante vecindario, lo primero que colocaba era una capilla", resume el historiador.
Pros destaca que los vecinos participaron en la elección del emplazamiento. "Habló con los vecinos, fueron muy democráticos, le dejaron que elijan ellos". La comunidad eligió el sitio donde actualmente se encuentra la antigua parroquia. Allí comenzó a tomar forma el pueblo.
San Roque conserva una particularidad documental que lo distingue dentro de la provincia. "Es el único pueblo del interior de Corrientes que tiene acta de fundación; es decir, uno puede seguir los pasos que dieron los fundadores", afirma Proz.
El documento permite recuperar nombres, autoridades y circunstancias de aquellos primeros años. Entre las referencias aparece Pedro Chamorro, sargento mayor del partido cuya jurisdicción incluía también a Santa Lucía. Las reducciones de Santa Lucía de los Astos constituían otro antecedente de la organización territorial.
La elección del sitio para la capilla se produjo en 1773 y los trabajos comenzaron al año siguiente. La tradición documental ubica el inicio de la construcción el 3 de febrero de 1774, en coincidencia con la festividad de San Blas.
La primera capilla era modesta: medía aproximadamente siete por nueve metros, tenía paredes de tapial tierra apisonada y techo de tejas de palma. En el museo local se conserva una talla vinculada a esa primera etapa, fechada en 1774.
El nombre también dejó una marca duradera. Uno de los fundadores, José García de Cosio, era devoto de San Roque de Montpellier, figura de la tradición católica reconocida por su asistencia a los enfermos durante las epidemias. En su honor, la capilla adoptó el nombre de San Roque, que con el tiempo desplazó la denominación original del paraje.
Durante los primeros años, el templo permaneció sin sacerdote residente. En ocasiones especiales, el cura de Corrientes enviaba una delegación para celebrar los oficios religiosos.
De capilla a centro religioso regional
El 1 de abril de 1782, San Roque fue constituido en parroquia, bajo la atención de fray José Berón de Astrada, señalado por Pros como su primer sacerdote.
La antigua capilla fue ampliada para responder a las necesidades de una comunidad en crecimiento. Los archivos hablan de una ampliación, no de la construcción de un templo completamente nuevo. La primera edificación se encontraba en el sector donde actualmente está la casa del cura de la antigua parroquia.
La fecha de terminación de las obras quedó grabada sobre el diente de la puerta principal. Allí puede leerse la inscripción "febrero 12 de 1783", un testimonio material de aquellos primeros años.
La parroquia adquirió una jurisdicción extensa, que abarcaba sectores del sur correntino y llegaba hasta los límites con Entre Ríos. Localidades como Yaguareté Corá, Curuzú Cuatiá, Goya y Esquina dependieron inicialmente de San Roque para la atención religiosa.
El sacerdote titular permanecía en el pueblo y contaba con tenientes curas que recorrían las capillas a caballo para celebrar los oficios y acompañar a los vecinos. La tarea suponía enormes esfuerzos en un territorio sin los puentes ni las facilidades de transporte actuales.
"Si uno se traslada a esa fecha, teniendo en cuenta la carencia de puentes, puede dimensionar toda la tarea que tuvieron que hacer estos primeros sacerdotes", señala Proz.
La jurisdicción se redujo a medida que otras localidades consolidaron sus instituciones. Goya se constituyó en parroquia el 19 de mayo de 1825, durante el gobierno de Pedro Ferré, y Esquina pasó entonces a depender de ella. En 1833, Yaguareté Corá y Curuzú Cuatiá también se independizaron eclesiásticamente de San Roque.
En junio de 1805, el pueblo había recibido la primera visita pastoral del arzobispo de Buenos Aires, Benito de Lué y Riega. La visita dejó registros en el libro bautismal y abrió la posibilidad de avanzar en la organización religiosa de otros asentamientos.
Pros destaca que el arzobispo autorizó a los vecinos de Goya a tener su propia capilla. También se promovió el relevamiento de Esquina para evaluar la autorización de un templo, tarea a cargo de Pedro Nolasco Hidalgo, uno de los tenientes curas de San Roque.
Según el historiador, durante esa visita se dispuso modificar la fecha de la festividad de la Cruz de los Milagros para evitar su coincidencia con la Semana Santa. El episodio confirma que San Roque no era un poblado aislado, sino un centro religioso vinculado con decisiones que alcanzaban a otras comunidades.
Cazadores Correntinos y las huellas
La posición geográfica de San Roque también lo acercó a episodios decisivos de la historia política y militar. El pueblo fue escenario de movimientos de tropas, reuniones de jefes y preparativos que lo conectaron con acontecimientos provinciales y nacionales.
Uno de los antecedentes más significativos se remonta a 1806, cuando, por orden del virrey Rafael de Sobremonte, se organizó un cuerpo militar conocido como los Cazadores Correntinos. Sus integrantes participaron en la resistencia a las invasiones inglesas de Buenos Aires y combatieron en la zona de los Corrales de Miserere.
Pros menciona también la importancia de San Roque como punto de concentración de caballadas, una función relacionada con las estancias de los alrededores y las necesidades logísticas de los ejércitos.
En 1820, después de desplazar a José Gervasio Artigas de Corrientes, el caudillo entrerriano Francisco "Pancho" Ramírez estableció su cuartel general en San Roque. La localidad quedó involucrada en las disputas que marcaron la reorganización política del Litoral después de la Revolución de Mayo.
Durante la Guerra de la Triple Alianza, San Roque volvió a adquirir relevancia. En 1865, cuando las fuerzas paraguayas invadieron Corrientes, Manuel Ignacio Lagraña instaló temporalmente en el pueblo su gobierno y un pequeño ejército. El edificio situado frente a la plaza fue utilizado para ese propósito.
La contribución de San Roque a la historia argentina no se limita a los episodios bélicos. La localidad también fue cuna de dirigentes políticos y militares que ocuparon cargos relevantes fuera de Corrientes.
Entre los nombres que recupera Pros aparece Martín Goitia, médico sanroqueño que llegó a ser gobernador de Corrientes en 1908 y también gobernó el territorio nacional del Chaco durante la presidencia de Manuel Quintana.
Otro sanroqueño que llegó a gobernar el Chaco fue Ricardo Anroz, quien ocupó ese cargo en 1930, cuando todavía era un territorio nacional.
Pros menciona asimismo al brigadier general Carlos Alberto Rey, quien integró la conducción militar durante la presidencia de facto de Alejandro Agustín Lanusse.
La Municipalidad, un siglo después
La organización civil de San Roque tuvo un desarrollo posterior al de su institución religiosa. La Municipalidad se creó el 6 de agosto de 1867, durante el gobierno provincial de Evaristo López, quien tuvo como ministro a José Hernández, reconocido años más tarde como autor del Martín Fierro.
Habían pasado casi cien años desde los primeros pasos para establecer la capilla. Durante ese período, la parroquia había concentrado buena parte de los registros y la documentación vinculada con la vida de la comunidad. Por eso, explica Pros, numerosos antecedentes históricos continúan resguardados en la antigua iglesia.
El primer intendente fue Fidel Gómez de la Fuente. Después asumió el sacerdote Pedro Antonio de Ortuza, una figura que refleja la cercanía entre las instituciones locales. "Le quedaba cerca, cruzaba la calle y ya ocupaba la intendencia", comenta el historiador al describir la proximidad entre la parroquia y el edificio municipal.
La familia Gómez de la Fuente también tuvo una presencia prolongada en la conducción del municipio: otros dos hermanos, Paulino y Doroteo, ocuparon posteriormente la intendencia.
La creación de la Municipalidad representó otro paso en la consolidación institucional del pueblo. La capilla fue punto de partida para organizar a los vecinos; la parroquia había extendido su influencia sobre una amplia región, y el gobierno local permitió formalizar la administración civil de una comunidad con varias generaciones de historia.