
El arzobispo de Corrientes, José Larregain, convocó a la Iglesia, organizaciones sociales y al Estado a anticiparse a la emergencia y acompañar a las familias más vulnerables. Advirtió sobre las consecuencias humanas de la crecida y pidió fortalecer el compromiso comunitario.
El arzobispo de Corrientes, José Larregain, convocó a la Iglesia, organizaciones sociales y al Estado a anticiparse a la emergencia y acompañar a las familias más vulnerables. Advirtió sobre las consecuencias humanas de la crecida y pidió fortalecer el compromiso comunitario.
Ante los embates del fenómeno del Niño, el arzobispo de Corrientes, José Adolfo Larregain, hizo un llamado a fortalecer la solidaridad comunitaria y a evitar que quienes deban afrontar las consecuencias de las inundaciones queden librados a su suerte. Su convocatoria apunta a actuar antes de que el agua avance, pero también a sostener a quienes ya atraviesan situaciones de vulnerabilidad y necesitan acompañamiento.
En diálogo con diario época, el prelado expresó su cercanía, preocupación y solidaridad ante los posibles efectos de la crecida. Su mensaje, atravesado por una mirada pastoral y social, puso el acento en una dimensión que muchas veces queda relegada cuando la atención se concentra en los niveles de los ríos, los pronósticos meteorológicos y los operativos de asistencia: detrás de cada vivienda amenazada hay personas, historias familiares y proyectos de vida expuestos a la incertidumbre.
"Que la crecida de los ríos no encuentre una sociedad indiferente, sino una comunidad donde crezca aún más la fraternidad, la solidaridad y la esperanza", expresó Larregain, al poner el foco en la necesidad de actuar antes de que las dificultades golpeen a los sectores más expuestos.
El franciscano advirtió que las consecuencias de una inundación exceden la pérdida de bienes materiales. "Cuando el agua avanza no solamente amenaza la vivienda y los bienes materiales; también genera muchas otras situaciones, como la incertidumbre, la angustia, el desarraigo y el temor por el futuro", señaló.
En continuidad, agregó: "Detrás de cada familia afectada hay una historia, hay un esfuerzo de muchos años, sueños y esperanzas que también hay que cuidar".
Uno de los ejes centrales de su mensaje es la necesidad de no esperar a que la situación se agrave para organizar la asistencia. El pastor planteó que la solidaridad debe expresarse de manera anticipada, con prevención, compromiso comunitario y una respuesta coordinada entre las instituciones.
"Como Iglesia estamos llamados a vivir una solidaridad que se anticipe a la emergencia, que no espere a que el sufrimiento golpee nuestras puertas para salir al encuentro del hermano", sostuvo.
En ese sentido, convocó a las parroquias, a Cáritas, a las organizaciones sociales y al Estado a permanecer atentos y disponibles, en colaboración con las autoridades y los organismos de asistencia. La propuesta apunta a que la preocupación por las posibles consecuencias de la crecida se traduzcan en acciones concretas y en una red de acompañamiento para las familias que necesiten ayuda.
El arzobispo también destacó la importancia de priorizar a los niños, los adultos mayores, los enfermos y las familias más vulnerables, sectores que pueden requerir atención especial ante una evacuación o la pérdida temporal de sus condiciones habituales de vida.
La coordinación entre los organismos públicos y las organizaciones comunitarias resulta fundamental para responder a las necesidades que puedan surgir. Desde esta perspectiva, la solidaridad no reemplaza las responsabilidades institucionales, sino que busca fortalecerlas mediante la participación y el compromiso de toda la sociedad.
"Lleven los unos la carga de los otros"
Para fundamentar su convocatoria, Larregain recuperó una enseñanza del apóstol San Pablo dirigida a los cristianos de Galacia: "Lleven los unos la carga de los otros".
"Es importante tenerlo en cuenta y aprender a cargar unos con las cargas de los otros", manifestó. La referencia sintetiza el sentido de su mensaje: el sufrimiento de las familias amenazadas por las inundaciones no debe ser considerado un problema ajeno. Por el contrario, representa una oportunidad para fortalecer los vínculos comunitarios y acompañar a quienes atraviesan momentos de incertidumbre.
Esa ayuda puede expresarse tanto en la asistencia material como en la contención y la cercanía. Las consecuencias de una inundación no terminan cuando el agua retrocede: recuperar las viviendas, reponer pertenencias y reconstruir la vida cotidiana puede demandar tiempo y recursos. Por eso, el compromiso solidario también requiere continuidad y atención a las necesidades que persisten después de la emergencia.
Una plegaria por las familias
En el tramo final de sus declaraciones, Larregain expresó su preocupación en forma de oración y puso el acento en la protección de los hogares, el acompañamiento espiritual y la necesidad de actuar con responsabilidad ante la posibilidad de que el agua avance sobre distintos sectores de la provincia.
"Y, a modo de una oración, se me ocurre pedir al Señor de la vida y de la esperanza: poner en sus manos a todas las familias amenazadas por las inundaciones. Le pedimos que proteja sus hogares, fortalezca sus corazones y sostenga a quienes viven con incertidumbre y temor; que dé sabiduría para prevenir, generosidad para compartir y sensibilidad para no permanecer indiferentes ante el sufrimiento", manifestó.
En esas palabras conviven la dimensión espiritual de su mensaje y una apelación concreta a la conducta colectiva. La oración pide protección para quienes están expuestos a las consecuencias de la crecida, pero también sabiduría para anticiparse, generosidad para compartir y sensibilidad para reconocer el sufrimiento ajeno.
La referencia a la prevención vuelve a ocupar un lugar destacado. No se trata solamente de esperar que la situación evolucione favorablemente, sino de asumir la responsabilidad de prepararse, colaborar con las autoridades y disponer los recursos humanos y materiales que puedan resultar necesarios.
El arzobispo también recurrió a una figura central de la religiosidad correntina para cerrar su mensaje con una expresión de amparo y cercanía.
"Que María de Itatí, nuestra tierna madre, acompañe y proteja a sus hijos, especialmente a quienes habitan a orillas de nuestros ríos o en los lugares inundables", pidió.
La invocación a la Virgen de Itatí, profundamente vinculada con la tradición religiosa de Corrientes, pone el foco en quienes conviven de manera más directa con el riesgo hídrico.
Son familias para las cuales la crecida puede traducirse en la necesidad de tomar decisiones urgentes, resguardar sus pertenencias y afrontar la incertidumbre de no saber cómo continuará su vida cotidiana.
Pero el mensaje final de Larregain trasciende la protección espiritual y recupera el sentido central de toda su convocatoria: que ninguna persona tenga que atravesar sola las consecuencias de una inundación.
"Que nadie quede solo, que nadie sea olvidado y que la solidaridad y la esperanza nunca sean arrastradas por el agua. Que la inundación no se lleve la esperanza", concluyó.
La advertencia y el deseo que atraviesan sus declaraciones dejan planteado un desafío para la sociedad correntina ante la posibilidad cercana de una emergencia hídrica general: prepararse, organizarse y responder a tiempo, sin perder de vista que las consecuencias más profundas de una crecida se miden también en la vida de las familias que necesitan ayuda.