
Dirán que se ha hablado de este terreno muchas veces. No tantas, diría yo; solo una, aunque aquella referencia no supone el agotamiento de los casos que puedan detectarse en él, pues hay que entender que la tierra y las construcciones tienen más memoria que el ser humano.
Dirán que se ha hablado de este terreno muchas veces. No tantas, diría yo; solo una, aunque aquella referencia no supone el agotamiento de los casos que puedan detectarse en él, pues hay que entender que la tierra y las construcciones tienen más memoria que el ser humano.
La casa de Jujuy y Juan Bautista Cabral, de ladrillos a la vista, resistió el paso del tiempo mucho más de lo esperado. Siempre supo imponerse como un lugar de oscuros presentimientos y apariciones.
En épocas remotas, todo ese terreno formaba parte del famoso Cuartel de la Batería, junto con el parque Mitre. Se ubicaba hacia el este del conocido arroyo Arazá o Poncho Verde. Para llegar hasta allí había que cruzar el célebre puente de piedra, que sustituyó a otro precario, como tantos de los que atravesaron el curso del torrente hasta su ocultamiento mediante tubos, allá por 1960.
Cuando el cuartel fue bombardeado por la flota aliada, el 25 de mayo de 1865, y posteriormente reconstruido, los primeros propietarios del lugar redujeron su extensión, dejando tierras disponibles hacia el naciente del sol.
En sus entrañas quedaron muchas tumbas paraguayas y alguna que otra brasileña, argentina y uruguaya. Eso sí, sangre a montones, de a litros, afirmo, regó un extenso territorio. Por eso resulta imposible identificar qué espíritu anda rondando por aquellos lugares.
No digan que nunca han escuchado o leído que, desde el atardecer, las sombras recorren la zona, incluida la esquina mencionada. Ante semejante aparición, lo único que queda es preguntar:
—¿Qué necesitás? ¿En qué puedo ayudarte?
Sé que el miedo puede jugarnos una mala pasada, porque nadie desea tener un encuentro semejante. Pero, si ocurre, por las dudas, háganlo. En la mayoría de los casos responden que necesitan caña, velas, rezos, cigarros o una cruz. Observarán que se distinguen por sus pilchas —ropas, uniformes y demás prendas—, según el contingente al que pertenecieron.
Volviendo a la finca, en otros tiempos su terreno ocupaba toda la manzana hasta el río. Los árboles frutales, especialmente naranjos de variedades dulces y agrias, mamones y bananas pequeñas, de las llamadas «paraguayas», junto con muchas otras especies y animales de granja, formaban parte del paisaje.
Uno de sus primeros propietarios fue un señor Morgan, cuyos campos, en copropiedad, se extendían hacia el naciente. Tras su fallecimiento, aquellas tierras se transformarían con la instalación de fábricas como Facomate, Com y Cichero, además de nuevos barrios y construcciones que llegarían hasta la Regional y algo más allá.
La punta de piedra que se encuentra actualmente en la planta de Aguas de Corrientes, y que enfrenta con tenacidad al bravo río Paraná, fue el sitio elegido por Morgan para construir su casa, a poca distancia de allí. Aquella edificación todavía se mantiene en pie. A ella sumó la vivienda de la esquina mencionada.
Cuántos casamientos, cumpleaños, decesos y velorios tuvieron lugar entre sus paredes jamás lo sabremos, porque no existen bitácoras de las edificaciones que registren esos acontecimientos. Simplemente ocurren. El reguero de lágrimas, risas y llantos puede compararse con la sangre derramada durante la contienda mencionada.
Afirman los sabios de la memoria que los primeros en ocupar la casa fueron los Proieto, una familia de origen italiano que llegó a trabajar con el empresario Quijano, quien sería vicepresidente de Perón. A su vez, se emparentaron con los Klein.
Desde comienzos del siglo XX, el inmueble funcionó como residencia familiar y, posteriormente, como Conservatorio Musical Fracassi, para luego volver a ser una vivienda particular.
Sus amplios salones permitían albergar tres pianos, cuyas melodías se expandían hacia la todavía escasa barriada. El patio central exhibía un maravilloso aljibe, frente a los ventanales de hierro confeccionados a mano por un herrero artesano, con fragua, mazo y remaches. Las ventanas de madera, con sus puertas de exquisita calidad, completaban la elegancia del conjunto.
Más tarde, y con rencillas de por medio —llamémoslas pleitos—, la propiedad pasó a ser ocupada por el doctor Klein, quien, abrumado por las presencias extrañas, atendía hasta la caída del sol. Después prefería lidiar con los visitantes del más allá acompañado únicamente por su familia.
Al comenzar la década de 1960 todavía vivían allí Elvira, Elena y otra mujer que había permanecido soltera. Esta última fue profesora del Colegio San José y, aprovechando su cercanía con las monjas, consiguió que algunos sacerdotes concurrieran a su morada para limpiarla, como suele decirse. En una palabra, para exorcizarla de aquellos visitantes extraños.
Los fundos que mencionamos anteriormente fueron expropiados para dar lugar a la Regional, la Universidad Nacional del Nordeste, la Morgue y nuevas viviendas, entre otras construcciones.
Cuando sus habitantes emprendieron el viaje final hacia el más allá, sin haber logrado desprenderse de sus fantasmas, la casa quedó abandonada. Aquello produjo un efecto disparador: las almas navegantes del tiempo se enojaron y el círculo de protección que rodeaba la vivienda comenzó a ceder. La situación llegó a tal extremo que ningún caminante se atrevía a utilizar aquella vereda.
El espectro más conocido es uno que, vestido con ropajes del siglo XX, cruza desde la esquina sin utilizar puerta alguna. Se desplaza desde el ángulo recto hacia el norte, en dirección a la vieja construcción de los Morgan, que bien pudo haber sido la famosa iglesia protestante autorizada por el Gobierno de Corrientes, como lo había hecho desde mucho antes el de Buenos Aires.
Es posible que el sujeto fuera a rezar. Total, para él no existen llaves, candados, cerraduras ni cadenas. Para eso es un aparecido de hace mucho tiempo.
Una antigua fotografía exhibe aquella construcción, hoy demolida, junto al tanque de agua de la compañía inglesa de 1910, responsable de instalar el servicio de agua corriente y cloacas en el casco céntrico de la ciudad. El primer plano del sector data de 1895.
Los obreros que trabajan actualmente en la construcción narran que ven figuras extrañas que desaparecen haciendo gestos poco agradables. Y no es para menos: son los mismos habitantes de antigua data. ¿Acaso creen que, porque derrumban la histórica mansión, ellos también se marcharán? Lejos de eso, permanecen firmes en el sitio donde fueron sembrados, desfilando como siempre.
La antigua punta de piedra a la que nos referimos antes, donde Morgan levantó su construcción, también recibe una visita particular. Una figura sale del caserón, marcha oronda hasta aquel sitio y luego regresa. Vive en otro plano, pero continúa recorriendo los mismos lugares.
Los dimes y diretes apuntan al señor Morgan.
Tapa del Domingo 18 de Octubre de 2026