
Los habitantes ribereños conviven con el agua dentro de sus viviendas. improvisan pasarelas, levantan sus pertenencias y reclaman asistencia y seguridad. Hay 103 familias autoevacuadas, mientras crecen los interrogantes sobre la respuesta oficial.
Los habitantes ribereños conviven con el agua dentro de sus viviendas. improvisan pasarelas, levantan sus pertenencias y reclaman asistencia y seguridad. Hay 103 familias autoevacuadas, mientras crecen los interrogantes sobre la respuesta oficial.
La inundación dejó de ser una amenaza para convertirse en una realidad cotidiana y desesperante para cientos de familias de la ribera de Corrientes. Desde hace una semana, el avance del Paraná mantiene viviendas anegadas, calles intransitables y vecinos que permanecen con el agua a media pierna, intentando salvar los pocos bienes que consiguieron reunir durante años de trabajo.
En Virgen de los Dolores, Caridi, Anahí, Itatí, Quinta Ferré, Punta Taitalo, Río Paraná; inclusive La Tosquera, Esperanza, Sol de Mayo y otros asentamientos costeros, las familias improvisan pasarelas de madera, levantan electrodomésticos sobre muebles y construyen precarias defensas con tierra o intentan trasladarlos en canoas; y en todo momento conviven con la basura. Muchos viven de la pesca artesanal, la fabricación de ladrillos o trabajos informales, actividades que también resultan afectadas por la creciente.
"No tengo mucho, pero lo poco que tengo, no lo quiero perder", expresó ayer un vecino que se niega a abandonar su vivienda. Otro testimonio resume el drama de quienes permanecen vigilando sus casas: "Mandé a mi familia a la casa de mi suegra y yo me quedé acá porque si no nos roban todo".
El temor a los saqueos y robos es desde hace varios años un obstáculo para las evacuaciones. Mujeres y niños buscan refugio en viviendas de familiares, mientras muchos hombres permanecen entre el agua, sin electricidad y expuestos a riesgos sanitarios.
Emilce, vecina de Virgen de los Dolores, reclamó lonas, plásticos y tarimas, además de medios para trasladar esos elementos. Ramón, pescador y padre de cinco hijos, pidió colchones, alimentos y botas ante la aparición de animales peligrosos.
Según los datos difundidos, 103 familias se autoevacuaron en distintos barrios de la Capital y permanecen alojadas con familiares o amigos. Hasta el momento no se informó la habilitación de centros oficiales de evacuación ni cuántas personas podrían recibir. Por otra parte se reportaron entregas de alimentos y agua embotellada, pero los testimonios reflejan necesidades que siguen sin resolverse.
¿Qué asistencia concreta reciben quienes permanecen en sus viviendas? ¿Existen operativos permanentes de salud, provisión de elementos de protección y vigilancia policial? Son interrogantes que requieren respuestas precisas de los funcionarios responsables de la emergencia.
Julio Maciel, del Foro de Organizaciones Vecinales, advirtió que la inseguridad impide que numerosas familias abandonen sus hogares y reclamó incorporar a las organizaciones barriales en la coordinación de la asistencia.
Con nuevas lluvias pronosticadas, la situación amenaza con agravarse. Para quienes perdieron ingresos, muebles y tranquilidad, la emergencia no se resuelve con unas botellas de agua. Necesitan protección, asistencia sostenida y garantías para abandonar sus casas sin perder lo poco que todavía conservan.
Tapa del Miércoles 21 de Octubre de 2026