
Después de 33 años en el negocio de los tatuajes Mandinga busca hacerse un lugar en los kioscos. La marca de Diego Starapoli lanzó su propia línea de alfajores con dos variedades de chocolate y busca ampliar su distribución en un rubro alejado de su actividad original.Starapoli…
Después de 33 años en el negocio de los tatuajes Mandinga busca hacerse un lugar en los kioscos. La marca de Diego Starapoli lanzó su propia línea de alfajores con dos variedades de chocolate y busca ampliar su distribución en un rubro alejado de su actividad original.Starapoli se describe como un “fanático de los alfajores” y la oportunidad apareció a través de un amigo que se había asociado con una fábrica que produce para marcas reconocidas del producto. La propuesta fue desarrollar uno con el nombre de su estudio de tatuajes que se encuentra desde hace décadas en San Telmo. En un principio la idea le pareció “una locura” según sus palabras pero se puso a probar recetas hasta encontrar una combinación que lo convenciera.“Empezamos a probar alfajores a buscar fórmulas y recetas con más chocolate más dulce de leche chocolate negro y chocolate blanco hasta que llegamos a un producto que a mí en lo personal me fascina” contó a Clarín.La línea incluye dos variedades una de chocolate negro y otra de chocolate blanco ambas con dulce de leche. La producción está a cargo de una fábrica familiar que ya elabora alfajores para otras marcas del mercado. El precio de venta al público va de $1.500 a $2.000 dependiendo del kiosco.Del estudio de tatuajes al “permitido” comúnMandinga ya había probado suerte fuera de la tinta. Llegaron a lanzar una línea de cervezas aunque la experiencia duró poco tiempo. Ahora Starapoli apostó por un producto que forma parte de uno de los gustos cotidianos de los argentinos y que es uno de los productos estrella en los kioscos.La inversión inicial fue de $ 20 millones y fue compartida entre el tatuador y su socio. “No fue una inversión astronómica pero tampoco fueron dos pesos” expresó. Agregó que su idea es vender a través de distribuidores mayoristas para que los alfajores lleguen a los kioscos de todo el país.Starapoli habló del momento que atraviesa su estudio y qué lo impulsó a invertir en su marca de alfajores: "Lamentablemente el rubro del tatuaje no escapa al resto de las actividades. Creo que hoy una de las pocas cosas que se mantienen por una cuestión de necesidad orgánica y vital es la alimenticia. La gente todavía se da esos pequeños gustos” dijo.“Cuando uno dice Mandinga la gente lo relaciona directamente con el local de tatuajes que tiene muchos años” expresó el dueño de la empresa. El desafío será convertir el reconocimiento de la marca en ventas dentro de un mercado con numerosos competidores.Mandinga tiene una identidad muy ligada al tatuaje y esa estética también aparece en el paquete donde el diablito que funciona como símbolo del estudio se está comiendo un alfajor.El producto ya cuenta con los requisitos de fiscalización y habilitación necesarios para exportarse según indicó Starapoli. Por ahora la prioridad es ampliar su presencia en el mercado local aunque también contempla la posibilidad de gane terreno en otros países: "Queremos que llegue a todos los kioscos ¿y por qué no? La posibilidad de importarlos" dijo.