
Esta Selección ha logrado que la rivalidad eterna entre River y Boca, que se traslada en todos los aspectos, no tenga sentido cuando juega Argentina.
Esta Selección ha logrado que la rivalidad eterna entre River y Boca, que se traslada en todos los aspectos, no tenga sentido cuando juega Argentina.
No está mal que un club determinado sienta orgullo, y por qué no, jactancia, si un jugador prohijado en su cantera tenga un desempeño notable en el combinado nacional. Incluso pasa cuando un futbolista que vino al club la rompe en otra Selección. No obstante, desde que tenemos memoria, River y Boca han sumado a sus diferentes categorías de rivalidad, el también enrostrar el origen o pertenencia de determinado player.
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Hemos escuchado mucho hablar en el pasado de la "Riverción", no tanto de la "Bocación", pero sí, por caso, que el mejor de la historia era bostero, hablamos del Diego. Si bien es cierto que los mayores aportes los ha hecho la escuela de fútbol River Plate, es innegable que Boca aportó también y miren qué nombres, Rattín Marzolini, Antonio Roma, el Chino Tapia, Juan Simón, Martín Palermo, por citar a algunos. En muchos casos, a la Selección no le iba bien, pero estaba siempre el consuelo de que "nuestro" jugador, estuviera a la altura, jugara bien, metiera un gol. Ese consuelo, además, era suficiente para sumarle al debate eterno el factor "Selección", como elemento más para vencer en la discusión.
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La verdad, hoy, eso no pasa. El hincha de Boca aplaude los remates y cruces de Enzo Fernández y los goles de Julian Alvarez. El hincha de River festeja las intervenciones de Alexis Mac Allister y los quites furiosos de Leandro Paredes. El hincha Bover, incluso, se siente gratificado cuando ve una foto de Enzo y Paredes juntos, saltando, gritando, poniendo por encima el sentir nacional que la rivalidad interminable entre los dos más grandes de Argentina, y, hay que decirlo, de los más grandes del mundo.
Todo esto es mérito de la Scaloneta. Quizás, ayude esa imparcialidad honesta del capitán y líder absoluto, Leo Messi. Quizá también ayude que Scaloni (hincha de Boca con hijos hinchas de River) supo sabiamente no irritar susceptibilidades en ninguno. La Selección es apoyada fervorosamente por River y Boca, como por todo el fútbol argentino, porque puso por encima un factor superior: la patria. Y todos, tengamos la camiseta que tengamos, vamos a bancar a muerte a uno de estos pibes, por más que sepamos que está identificado con el máximo rival. El antagonismo infantil en este tema logró su maduración también con este equipo argentino. Toca agradecerlo.
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