
Diseñado para integrarse en el desierto de Atacama, su entrada se encuentra tras una pesada puerta sin señalización, al pie de una rampa poco pronunciada.
Pero, al entrar en la Residencia, uno se adentra en un oasis verde. Lo primero que se siente es el aire húmedo sobre la piel, generado por árboles y plantas tropicales que crecen en la tierra del atrio central.
Bajo una gran cúpula, se encuentra una piscina de un azul brillante.
Si parece la guarida de un villano de Bond, es porque lo fue. En 2008, un equipo rodó allí el final de la película de Bond "Quantum of Solace", utilizando los pasillos, las terrazas y el exterior como escenario. Aviso de spoiler: Bond (Daniel Craig) llega… y hay muchas explosiones.
El resto del tiempo, sin embargo, Residencia no está pensada para estrellas de cine, sino para observarlas.
Es un hotel, pero no uno que esté abierto al público en general. Sus más de 100 habitaciones las ocupan astrónomos e ingenieros que trabajan en instalaciones cercanas de observación del cielo, como el Very Large Telescope (VLT), situado en la cima del cerro Paranal, a pocos kilómetros.
Propiedad del Observatorio Europeo Austral (ESO), que lo gestiona, la Residencia se diseñó para facilitar la investigación en uno de los entornos más extremos del planeta. La BBC pasó allí unos días recientemente y pudo comprobar cómo es vivir y trabajar como científico en este oasis oculto en el desierto
Situada en medio de las duras condiciones del Atacama —a dos horas en auto de la ciudad más cercana, Antofagasta—, Residencia es una obra notable de arquitectura. De hecho, en 2009 el diario "The Guardian" la incluyó entre los "10 mejores edificios de la década".
Pero lo que lo hace especialmente singular es que se diseñó desde el principio pensando en la astronomía. Además de crear un entorno confortable y húmedo que sirve de alivio frente al desierto, una de sus características clave es la forma en que mantiene la oscuridad en su entorno.
Los telescopios terrestres del observatorio Paranal del ESO pueden verse afectados por la más mínima cantidad de luz, por lo que se adoptan diversas medidas para reducir la contaminación lumínica.
De noche, hay que tener cuidado al caminar por el exterior, porque los coches deben apagar sus luces principales mientras circulan. No existe ninguna otra fuente de luz en el exterior, salvo la linterna que cada persona lleva consigo —y hay instrucciones estrictas de dirigirla siempre hacia el suelo.
Para garantizar que Residencia también permanezca a oscuras, las habitaciones tienen pocas ventanas, y cualquier otra superficie acristalada se cubre con contraventanas sólidas por la noche. En el atrio, la cúpula translúcida que mantiene vivas las plantas durante el día cuenta con una cubierta que se despliega cada atardecer.
A pesar de su ubicación en pleno desierto, la vida en Residencia resulta sorprendentemente cómoda: quienes se alojan allí tienen acceso a abundante comida y a espacios para relajarse en sus ratos libres, aunque hay una ausencia notable: el alcohol. Está prohibido debido a la altitud y al riesgo de deshidratación.
El complejo se encuentra a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, con una humedad del aire casi inexistente en el exterior, y las sesiones informativas previas advierten del riesgo de sentir aturdimiento o náuseas.
Por estas razones, y por la intensa radiación ultravioleta, se recomienda practicar ejercicio al aire libre con precaución: no es un lugar donde salir a correr sin avisar antes.
La vida en Residencia también sigue un ritmo cíclico. Además de observar con atención el movimiento de las estrellas, los científicos alternan turnos de día y de noche.
Cada mañana, los astrónomos del turno diurno suben en coche o en autobús hasta el cercano VLT para realizar tareas de mantenimiento, desarrollar algoritmos o diseñar futuras observaciones.
Mientras tanto, los ingenieros que se alojan en Residencia se desplazan hasta el Telescopio Extremadamente Grande (ELT, por sus siglas en inglés), una instalación aún mayor que se construye actualmente en el cerro Armazones, a unos 20 kilómetros de distancia.
Más tarde, cuando cae el atardecer, es tradición contemplar la puesta de sol sobre el Pacífico mientras los astrónomos se relevan en el cambio de turno y comienza la noche. En la oscuridad, los telescopios pueden finalmente activarse para observar el cielo nocturno.
Y vaya cielo nocturno. Si uno se despierta a las 02:00 y sale por la puerta trasera de la habitación directamente al suelo del desierto, verá un deslumbrante espectáculo de estrellas. En lo alto de la montaña, se distingue el VLT proyectando su láser hacia la atmósfera, guiando sus observaciones de objetos lejanos en el cosmos.
Con una atmósfera tan clara y oscura entre la tierra y el espacio, pocos cielos nocturnos en la Tierra resultan tan impresionantes. Este es uno de los mejores lugares del mundo para la astronomía desde la Tierra.
Durante las noches en las que estuvo la BBC, se pudo ver pasar una cadena de 20 o más satélites conectados entre sí, pequeños puntos que cruzaban el denso telón del cielo uno tras otro. Incluso era posible distinguir otras galaxias a simple vista: las Nubes de Magallanes, que aparecían como manchas verdosas sobre el fondo negro.
El VLT ha estado detrás de algunos de los descubrimientos más importantes del siglo XXI hasta ahora, desde la primera imagen de un planeta fuera del Sistema Solar hasta avances en la comprensión del agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea.
Cuando llega el momento de dejar La Residencia, la sensación es la de salir de una burbuja. El aire húmedo y la vegetación exuberante dan paso de nuevo al aire seco y a la luz intensa del desierto, y en el camino de regreso vuelve poco a poco el ritmo habitual de la vida cotidiana.
Tras pasar unos días allí, queda la sensación de que la humanidad no es más que un instante en el tiempo y el espacio. Bajo los cimientos del edificio, capas de roca desértica se han plegado durante milenios hasta formar una cadena montañosa que recorre todo un continente; mientras tanto, en el cielo, fotones de luz estelar han viajado por el cosmos hasta llegar a la retina. Pocos lugares pueden ofrecer una impresión tan sobrecogedora de nuestra pequeñez.
¿La verdadera diferencia entre la guarida de un villano de Bond y el refugio de un astrónomo? Uno pretende controlar el mundo; el otro revela lo poco que realmente podremos llegar a controlar del universo.