
Hay frases que ningún padre debería pronunciar jamás. Y hay preguntas que, después de más de dos años, siguen sin tener respuesta.
Esa fue, otra vez, la pregunta que retumbó en un tribunal federal, pero esta vez no salió de un periodista ni de un investigador. Salió de la garganta rota de una madre.
María Noguera se quebró frente a los jueces. Recordó la última vez que vio a su hijo, ese "nos vemos más tarde" que terminó convirtiéndose en una condena de incertidumbre. Porque para ella, para su familia y para millones de argentinos, ese "más tarde" nunca llegó.
Y entonces apareció la bronca. La bronca de una mujer que siente que alguien sabe la verdad y la esconde. "Que nos diga dónde está Loan y de dónde sacó el botín", disparó mirando hacia donde están los acusados.
La escena es devastadora porque expone el verdadero drama de este caso: el tiempo pasa, los expedientes se acumulan, las teorías se multiplican, pero el niño sigue sin aparecer.
En un país que se acostumbra demasiado rápido al escándalo de turno, el caso Loan se niega a desaparecer de la memoria colectiva. Porque detrás de cada audiencia no hay solamente un expediente judicial. Hay una habitación vacía, una familia destruida y una pregunta que todavía duele.
La justicia tendrá que determinar responsabilidades. Pero hay algo que ningún fallo podrá reparar: el sufrimiento de una madre que sigue esperando que alguien, de una vez por todas, tenga el valor de decir la verdad.
Porque mientras el misterio continúe, la herida seguirá abierta.
Y el grito de María Noguera seguirá resonando en todo el país: