
En el Archivo General de la Provincia se presentó "Conjunto franciscano de Corrientes. Construcción y conservación patrimonial", obra de la arquitecta Patricia Mariño y resultado de más de una década de investigación y trabajos de restauración en la histórica Manzana…
En el Archivo General de la Provincia se presentó "Conjunto franciscano de Corrientes. Construcción y conservación patrimonial", obra de la arquitecta Patricia Mariño y resultado de más de una década de investigación y trabajos de restauración en la histórica Manzana Franciscana. La publicación, editada por la Facultad de Arquitectura de la UNNE, recupera los orígenes de un conjunto arquitectónico ligado a la fundación de la ciudad y plantea la necesidad de preservar su legado para las futuras generaciones.
La historia de la presencia franciscana en Corrientes comenzó incluso antes de la fundación de la ciudad el 3 de abril de 1588 y desde entonces permanece estrechamente ligada a su identidad, su desarrollo urbano y su patrimonio arquitectónico. Más de cuatro siglos después, ese legado forma parte de una investigación que busca no solamente reconstruir su evolución, sino también generar conciencia sobre la importancia de conocerlo, valorarlo y preservarlo. Con ese propósito, la arquitecta Patricia Mariño presentó el 8 de octubre pasado, en la sede del Archivo General de la Provincia, su libro "Conjunto franciscano de Corrientes. Construcción y conservación patrimonial", en el que reúne una década de estudios y trabajos de restauración sobre uno de los espacios históricos más representativos de la capital correntina.
La obra, editada por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), data de 2021, pero recién ahora pudo concretarse su impresión en papel, circunstancia que permitió finalmente compartir este trabajo con investigadores, profesionales, estudiantes y público interesado en la historia y el patrimonio provincial.
La presentación de la semana pasada adquirió, además, un significado particular por su coincidencia con los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, ocurrida el 3 de octubre de 1226. Sin embargo, durante el encuentro se dejó expresamente aclarado que no se trata de un libro religioso ni de una historia exclusivamente dedicada a la orden franciscana. Su propósito es otro: estudiar, documentar y poner en valor un conjunto arquitectónico estrechamente vinculado con el nacimiento y el desarrollo urbano, social y cultural de Corrientes.
La arquitecta Linda Peso -especialista en conservación y restauración del patrimonio arquitectónico y urbanístico, con una importante carrera académica- fue la encargada de introducir al público en los contenidos de la publicación y destacar la importancia de contar con investigaciones rigurosas que permitan comprender aquello que muchas veces forma parte del paisaje cotidiano, pero cuyo verdadero significado histórico permanece desconocido.
DESDE LOS ORIGENES DE LA ORDEN
El trabajo de la arquitecta Mariño se concentra en la denominada Manzana Franciscana, delimitada por las calles Mendoza, Quintana, San Juan y Plácido Martínez de Corrientes, cuya historia se encuentra estrechamente ligada a los orígenes mismos de la ciudad. De hecho, la presencia franciscana en Corrientes tiene antecedentes anteriores a su fundación formal. Por mencionar: hacia 1583, cinco años antes de aquel acontecimiento, el fraile franciscano Juan de Rivadeneyra había presentado ante el rey Felipe II de España un memorial en el que recomendaba establecer una población española en la región de las Siete Corrientes. Su propuesta respondía a la importancia estratégica de este enclave para la navegación del río Paraná y las comunicaciones entre los distintos asentamientos de la región.
Aquella recomendación constituye uno de los antecedentes históricos de la fundación de la ciudad de Vera, que se concretó el 3 de abril de 1588 por el adelantado Juan Torres de Vera y Aragón. En el propio acto fundacional se reservó un solar destinado a la construcción del convento y monasterio de los franciscanos, precisamente en la manzana que la comunidad religiosa continúa ocupando hasta nuestros días.
Esta continuidad territorial, que se extiende por más de cuatro siglos, confiere al conjunto un valor histórico y simbólico excepcional. No se trata solamente de edificios antiguos, sino de un espacio cuya existencia está vinculada con el trazado original de Corrientes y que fue testigo de buena parte de su evolución urbana, arquitectónica y social. Su reconocimiento patrimonial, concretado en 1951, reafirmó la importancia de protegerlo.
A lo largo de diez capítulos del libro, Mariño reconstruye diferentes aspectos de ese proceso histórico, arquitectónico y constructivo. El trabajo constituye, además, el resultado de investigaciones realizadas para dos maestrías vinculadas con la conservación patrimonial, enriquecidas por su participación directa en tareas de restauración de distintos sectores del conjunto.
Uno de los aspectos especialmente destacados por la arquitecta Peso fue el capítulo final, dedicado a la gestión y la intervención del patrimonio. Allí aparece una de las preocupaciones centrales que motivan la publicación: cómo garantizar que los bienes históricos no solamente sean reconocidos, sino también protegidos mediante decisiones responsables, criterios técnicos adecuados y políticas sostenidas en el tiempo. "Si no tenemos en claro qué tenemos, es difícil que se valore y conserve", reflexionó, sintetizando uno de los principales desafíos que enfrenta la preservación del patrimonio arquitectónico.
La especialista planteó que restaurar no equivale a construir algo nuevo ni constituye una oportunidad para imponer la creatividad personal del profesional. Por el contrario, requiere conocimiento histórico, documentación, investigación y una intervención respetuosa de las características originales de cada edificio.
También advirtió sobre las dificultades que suelen presentarse cuando los tiempos de la gestión política y las necesidades de conservación no coinciden. "Restaurar demanda recursos, especialistas, planificación y decisiones que muchas veces exceden los períodos de gobierno. No siempre existe –señaló- la comprensión necesaria acerca de los costos y la complejidad de estas intervenciones".
Pero detrás de esas dificultades técnicas y económicas existe una cuestión todavía más profunda: la conciencia de pertenencia. Un edificio histórico no es valioso únicamente por su antigüedad o por sus características arquitectónicas, sino también por aquello que representa para la comunidad.
De allí que la educación y la difusión ocupen un lugar fundamental en la propuesta del libro. Conocer la historia de los espacios que se habitan permite establecer vínculos con ellos, reconocerlos como parte de una identidad compartida y asumir la responsabilidad de conservarlos. La reflexión quedó condensada en una idea que atravesó la presentación: "Solo se preserva lo que se quiere, y se quiere lo que se conoce".
Durante el encuentro, Mariño y Peso agradecieron al director del Archivo General de la Provincia, Enrique Deniri, y al subdirector, Dardo Ramírez Braschi, por abrir las puertas de la institución y brindar un espacio para la difusión de una investigación que contribuye al conocimiento de la historia correntina.
Como parte de ese propósito, se informó sobre la donación de ejemplares a la biblioteca de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNNE, al Archivo General de la Provincia y al Arzobispado de Corrientes, con la intención de facilitar su consulta y ampliar el acceso a sus contenidos.
Patricia Mariño es actualmente vocal de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, profesora titular por concurso de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNNE y miembro de número de la Junta de Historia de la Provincia. Además, desarrolla estudios doctorales en Antropología en Misiones. Su trayectoria académica y profesional está estrechamente vinculada con la investigación y la preservación del patrimonio.
La publicación de "Conjunto franciscano de Corrientes. Construcción y conservación patrimonial" representa así mucho más que la llegada de un nuevo título a las bibliotecas. Es la posibilidad de poner al alcance de las futuras generaciones de arquitectos, historiadores e investigadores una documentación construida durante años de trabajo, observación y estudio.
Pero también constituye una invitación dirigida a toda la sociedad correntina para volver la mirada sobre aquellos edificios que forman parte de la vida cotidiana y reconocer en ellos una historia que, en el caso de la Manzana Franciscana, comenzó incluso antes de que Corrientes existiera formalmente como ciudad y que permanece viva en uno de sus espacios fundacionales. (MM)