
Alessandro Nannini corrió contra Senna y Prost, ganó el GP de Japón 1989 y estaba cerca de llegar a Ferrari cuando un accidente le cortó el antebrazo derecho. Volvió a correr y después se puso al frente de la histórica pastelería de su familia en Siena, cuya sociedad terminó en bancarrota.
Alessandro Nannini corrió contra Senna y Prost, ganó el GP de Japón 1989 y estaba cerca de llegar a Ferrari cuando un accidente le cortó el antebrazo derecho. Volvió a correr y después se puso al frente de la histórica pastelería de su familia en Siena, cuya sociedad terminó en bancarrota.
En 1990, Alessandro Nannini tenía todo para convertirse en la gran figura italiana de la Fórmula 1. Corría para Benetton, venía de su mejor temporada y había negociado con Ferrari. La tarde del 12 de octubre de aquel año, el helicóptero que acababa de comprar se descontroló al aterrizar cerca de la casa de sus padres en Siena, y una de las palas le cortó el antebrazo derecho. Los médicos lograron reimplantárselo, pero su carrera en la máxima categoría terminó ahí. Lo que vino después fue una vuelta a las pistas, la conducción del negocio familiar de pastelería y café, y años más tarde una quiebra que lo llevó a la Justicia.
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Alessandro Nannini nació el 7 de julio de 1959 en Siena, en una familia conocida por dos motivos: la pastelería que había fundado su abuelo Guido y la música de su hermana, la cantante Gianna Nannini. Llegó a la Fórmula 1 en 1986 con Minardi y en 1988 pasó a Benetton. Entre 1986 y 1990 largó 76 Grandes Premios, subió nueve veces al podio y sumó 65 puntos.
Su único triunfo llegó en el Gran Premio de Japón de 1989, una de las carreras más recordadas de la historia. A falta de siete vueltas, Ayrton Senna y Alain Prost, compañeros en McLaren y rivales por el título, chocaron en la chicana. Senna volvió a la pista y cruzó primero la meta, pero fue descalificado por atajar la chicana y la victoria quedó para Nannini.
Para el italiano no fue un festejo completo. En 2015 le contó a la revista británica Motor Sport que, tras el choque, había levantado el ritmo porque tenía ventaja y quedaban pocas vueltas, que no tenía información desde boxes sobre cuánto se le acercaba Senna y que lo vio recién en la última curva. La definió como “no una victoria de verdad”. “Prost y Senna lo ganaban todo con McLaren, y mi segundo puesto en Australia fue un resultado mucho mejor”, explicó. Sobre el brasileño, fue tajante: “Nunca me habló, nunca lo vi, no tenía sentido”.
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En 1990 vivió su mejor temporada: fue tercero en San Marino, segundo en Alemania y tercero en España. Ferrari se acercó para 1991, aunque la oferta no fue la que esperaba y siguió en Benetton. El 12 de octubre, días antes del Gran Premio de Japón, ocurrió el accidente.
“Lo recuerdo todo”, le dijo a Motor Sport. Acababa de retirar en Florencia su nuevo helicóptero, un Ecureuil, y el piloto decidió aterrizar en la casa de su familia en lugar del aeródromo de Siena. “El terreno era irregular y el rotor de cola golpeó el suelo”, relató. La nave empezó a girar sin control. Nannini levantó los brazos para protegerse la cabeza, una pala lo golpeó y salió despedido. “Mi padre recogió el brazo y les dijo a los paramédicos que lo llevaran al hospital”, contó. En el camino perdió mucha sangre y el conocimiento, y despertó dos días después.
Una larga microcirugía en Florencia le reimplantó el antebrazo. “Cuando miré mi brazo, mis dedos, fue un gran shock, pero no pensé que fuera el final”, recordó. Y agregó, con humor: “Un piloto maneja con el trasero, las manos no son tan importantes”.
También hubo lugar para las bromas: “Escondía un brazo falso en la manga del abrigo y se me caía cuando me lo sacaba”, pero nunca perdió de vista lo cerca que estuvo de la muerte: “En el 95 por ciento de los accidentes de helicóptero la gente muere, así que estoy en el cinco por ciento afortunado, ¿no? Cada mañana me despierto y le doy gracias a Dios”.
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No volvió a correr en la Fórmula 1, pero sí a manejar. En 1992, Ferrari lo invitó a probar un auto de F1 adaptado en Fiorano. Ese mismo año, según Forix, volvió a competir con Alfa Romeo en el Superturismo italiano, y desde 1993 corrió en el DTM alemán, donde ganó carreras y fue cuarto en 1994. En 1996 terminó tercero en el ITC, y en 1997 se despidió con Mercedes en el Mundial de GT, con una victoria en Suzuka, el mismo circuito de su triunfo en la F1.
Después de colgar el casco se dedicó a la Pasticceria Nannini, el negocio que su abuelo Guido había fundado en 1910 en Siena y que se hizo famoso por los dulces típicos de la ciudad, como el panforte y los cantucci. “Aprendí mucho de mis días en la F1, sobre contratos, sobre negocios y sobre cómo cuidarme de quienes no serán honestos conmigo”, dijo en 2015. En esa misma entrevista contó que tenía planes de expandir la marca fuera de Italia.
Sin embargo, la sociedad Pasticcerie Nannini, que Nannini presidió entre 2001 y 2014 según Tgcom24, fue declarada en quiebra el 14 de febrero de 2019 con una deuda de alrededor de 1,2 millones de euros en impuestos y aportes impagos. La fiscalía lo acusó de quiebra fraudulenta. En diciembre de 2022, Nannini pactó una pena de un año y cuatro meses de prisión en suspenso por “quiebra impropia”, vinculada a las deudas fiscales. La otra acusación, por la desaparición de los libros contables, se cayó porque los libros aparecieron.
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