
El doctor en Ciencias Geológicas Eduardo Malagnino analizó en Radio Sudamericana las causas del doble terremoto de magnitud 7.2 y 7.5 que afectó a Venezuela. Explicó el contexto tectónico del país, sostuvo que la región presentaba un riesgo sísmico conocido y señaló que la magnitud de los derrumbes estaría vinculada al incumplimiento de normas de construcción sismorresistente.
Miércoles 01 de Julio de 2026 - Actualizada a las: 21:43hs. del 01-07-2026
El doctor en Ciencias Geológicas Eduardo Malagnino sostuvo que los terremotos registrados en Venezuela forman parte de un proceso geológico asociado a la interacción entre la placa Sudamericana y la placa del Caribe, una zona caracterizada por la presencia de fallas activas y una importante acumulación de energía tectónica.
"Desde el punto de vista de la sismología histórica de Venezuela hubo sismos similares desde el siglo XVII", explicó el especialista. Recordó que existen registros de terremotos destructivos en 1641, 1812, 1929, 1967, 1997, 2018 y ahora el reciente episodio, compuesto por dos eventos de magnitud 7.2 y 7.5 separados por apenas 39 segundos.
Según detalló, estos fenómenos responden al movimiento de la falla de Boconó y su continuidad sobre la costa norte venezolana mediante la falla de San Sebastián.
"Los bloques separados por la falla tienen un movimiento lateral. Cuando ese desplazamiento queda trabado durante mucho tiempo, la energía se acumula y finalmente la roca se rompe. Ese es el origen del terremoto", explicó.
Malagnino señaló además que un investigador venezolano había advertido años atrás sobre la posibilidad de que esa zona registrara un sismo importante debido al prolongado período sin actividad.
"Se había pronosticado que era un sector preocupante porque hacía mucho tiempo que no registraba grandes movimientos. Eso significa que la energía elástica seguía acumulándose", indicó.
Sin embargo, aclaró que la ciencia todavía no permite anticipar con precisión cuándo ocurrirá un terremoto.
"La verdadera predicción exige conocer el día, la hora, el lugar exacto y la magnitud. Hoy esa tecnología no existe", afirmó.
Explicó que existen distintos "precursores sísmicos", como microfracturas en las rocas, pequeños enjambres de microsismos, cambios en el agua subterránea, alteraciones del campo magnético o deformaciones milimétricas del terreno detectadas por satélites. No obstante, sostuvo que ninguno de esos indicadores permite determinar con exactitud la fecha de un terremoto.
Respecto de la magnitud de los daños observados, el geólogo consideró que el problema principal no habría sido la intensidad del fenómeno sino la vulnerabilidad de las construcciones.
"Si este mismo sismo hubiera ocurrido en Chile, probablemente no habría derrumbado más que unos pocos edificios", comparó.
En ese sentido, explicó que Venezuela cuenta desde hace décadas con normas de construcción sismorresistente que fueron evolucionando tras distintos terremotos, especialmente luego del ocurrido en Caracas en 1967.
"Las normas existían. El problema, evidentemente, fue el control de su cumplimiento", sostuvo.
El especialista planteó varias hipótesis que podrían haber agravado el impacto: construcciones realizadas sin respetar la reglamentación, estudios insuficientes del suelo, edificaciones antiguas que nunca fueron adecuadas a las nuevas exigencias y viviendas informales levantadas fuera del marco normativo.
"Es probable que muchos edificios nunca hayan sido adaptados a las nuevas normas y también que existieran fallas en los controles estatales", expresó.
Malagnino recordó que Argentina desarrolló una política de prevención sísmica luego del terremoto de San Juan de 1944 mediante la creación del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), encargado de elaborar mapas de riesgo y establecer normas específicas para cada región.
Indicó que las provincias argentinas con mayor peligrosidad sísmica son San Juan y Mendoza, seguidas por sectores de La Rioja y Catamarca.
Además, llamó la atención sobre el caso de Ushuaia.
"La ciudad está ubicada sobre una falla activa muy similar a la del Caribe. Si ocurriera un sismo importante, algunas zonas podrían presentar problemas por las características de los suelos donde se expandió la urbanización", advirtió.
Finalmente, consideró que los grandes terremotos suelen impulsar revisiones profundas de las políticas de prevención.
"Cada vez que ocurre una tragedia de esta naturaleza se corrigen protocolos y normativas. Es probable que Venezuela también deba revisar su sistema después de este desastre", concluyó.