
Juan Manuel Llop vive y dirige tranquilo fuera del radar del fútbol argentino pero dentro del inacabable negocio de la pelota. Su relato, uno que merece ser contado, desde Santo Domingo.
Juan Manuel Llop vive y dirige tranquilo fuera del radar del fútbol argentino pero dentro del inacabable negocio de la pelota. Su relato, uno que merece ser contado, desde Santo Domingo.
Santo Domingo no tiene las luces de Guayaquil ni de Quito, pero es la cuarta ciudad más poblada de Ecuador (334.826 habitantes). Es también, desde enero de 2023, el refugio que encontró Juan Manuel Llop después de un largo trajeteo en el fútbol argentino. Casi cuatro años en el fútbol de la sospecha y de la histeria permanentes parecen una vida. La Serie B, segunda categoría ecuatoriana, ofrece otras licencias. Sobre todo si se trata de un emprendimiento familiar como Deportivo Santo Domingo, en el que los capitales privados permitieron la compra de la licencia del club Vargas Torres, devaluada por una delicada situación financiera, en marzo de 2026.
Es el tercer jugador con más partidos de la historia de Newell's (403). Volante central, uno de los tantos entrenadores formados por Marcelo Bielsa en una Lepra gloriosa y consagrados por alegrías populares (en Racing, un descenso evitado en 2008; en Platense, un ascenso logrado en 2021), el Chocho vive y dirige tranquilo fuera del radar pero dentro del inacabable negocio de la pelota. Y cuenta su historia, una que merece ser contada.
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Llop es de Arroyo Dulce, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. Cerca de 150 kilómetros separan ese recorte del partido de Salto de Rosario, la ciudad que, desde el debut del Chocho en Primera en 1981, siempre estuvo cerca. También es el lugar que lo introdujo de lleno a la escuela rosarina, juego de toque y de ataque que cimentó tres títulos en Newell's (Campeonato de Primera División 1987-1988 y 1990-1991 y Clausura 1992).
"Nosotros tuvimos grandes entrenadores. Nos iniciamos con Jorge Solari, después con José Yudica, (Américo) el Tolo Gallego. Y después llegó Bielsa, con algo diferente a lo que veníamos entrenando", recuerda Llop, uno de los únicos tres jugadores que, en palabras de Cristian Pájaro Domizzi —delantero/volante, 13 goles en el ciclo del Loco entre 1990 y 1992—, no tenían libertad para moverse en el 3-4-3 fluido del Loco. Los otros dos eran Mauricio Pochettino y Fernando Gamboa. Ambos, defensores devenidos directores técnicos. Llop siguió sus pasos y condujo a la Lepra en dos ciclos (2001 y 2017-2018). Las circunstancias no lo favorecieron.
En aquel equipo de gloria noventera, seis de veintitrés jugadores eran juveniles (Norberto Scoponi, Eduardo Toto Berizzo, Alfredo Berti, Ricardo Lunari, Pochettino y el propio Chocho; un 26% del plantel). En la foto del plantel actual, figuran trece de treinta y dos (40%). "Han salido chicos con ese temperamento y esa madurez para jugar en momentos complejos. Hace dos-tres años, los once titulares y algunos suplentes eran todos de afuera, no educados en Newell's", analiza y contextualiza Chocho, esperanzado (y alejado de una discordia prescrita) por los rumores de una posible vuelta de Lionel Messi: "Sería algo histórico, porque acá jugó Maradona y jugaría Messi".
Con Diego compartió apenas ocho partidos en cuatro meses y medio, entre septiembre de 1993 y febrero de 1994. La brevedad, igual, fue inolvidable.
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Si su vida deportiva lo identificó principalmente con una camiseta, otras distintas la matizaron. Una de ellas fue la de Estudiantes de La Plata, con la cual logró un recordado ascenso a la Primera División en la temporada 1994-1995. Revela hoy que, siendo capitán de Newell's, se marchó a la Primera Nacional "pensando en su retiro". Pero que la "mística pincha", con Eduardo Manera y Miguel Ángel Russo como dupla técnica valedora —y un joven Juan Sebastián Verón a sus 20 años—, lo cautivó. "Me llevaron para jugar de líbero y un poco era el líder porque era el más veterano. Te daba gusto salir a la cancha cuando la gente gritaba", rememora Llop.
En el León fue jugador de rol de un equipo aceitado y emblemático, de puntuación récord (65 puntos, 11 de distancia con el escolta Atlético Rafaela) y poder de fuego temible (86 goles a favor en 42 partidos). "Sinceramente, se armó una familia. La gente que trabajaba en el country, la verdad que excelente, un año espectacular. Fue uno de los mejores que he pasado como jugador", destaca la socioafectividad y el sentido de pertenencia adentro y afuera de la cancha.
No fue la primera ni la última experiencia de Chocho en el Ascenso, pero sí la más significativa. Si conoció las peripecias del segundo escalón en Estudiantes de Río Cuarto en una brava y breve cesión en 1984, las terminó de recorrer durante la recta final en Quilmes (1995-1996) y San Martín de Tucumán (1996-1997). Tal vez por eso es que sus trabajos en Godoy Cruz (2005-2007), Banfield (2007-2008), Atlético Tucumán (2011-2012), Huracán (2012-2013) o Atlético Rafaela (2016-2017) no desentonaron. Y que su experiencia posterior en Platense (2020-2021), muy alejado de sus tiempos actuales de protagonismo, tuvo el resultado que tuvo: la vuelta a Primera División después de 22 años. Y en su casa, el Estadio Marcelo Bielsa, como sede de las semifinales y la final del Reducido.
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En cinco años, Platense pasó de ascender con vos y un plantel capacitado a estar en una final de Copa Argentina y haber jugado cuartos de la Copa Libertadores. ¿Notaste una fórmula en construcción para lograr eso?
—Noté que era un club organizado, que quería revancha. Y con dirigentes que estaban a la altura de lo que necesitaba un club de Primera División, que obviamente querían hacer crecer la institución con una conducción muy sólida, muy ordenada, muy práctica. Yo creo que ahí está el resultado, ¿no? El trabajar día a día en pos de un objetivo, no claudicar nunca. Y después la composición de los planteles, que tenés que encontrarte con un grupo que esté alineado, como me pasó a mí, para tratar de hacer historia después de 22 años. Seguramente esa continuidad o ese mensaje siguió trasladándose en el tiempo como para que hoy Platense esté donde esté.
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Pero antes de lograr un ascenso, evitó un descenso. Y no de cualquier equipo: Racing coqueteaba seriamente con la Promoción el 6 de abril de 2008 cuando Francisco Di Tomaso, titular de la gerenciadora que se hacía cargo de los destinos de la Academia, decidió contratar a Chocho Llop. "Tuvimos que salir de la ciudad para poder encauzar a un equipo que hacía ocho o nueve partidos que no ganaba y no hacía goles", advierte. Pero, pese a la dureza del contexto, reconoce que fue un tiempo muy feliz en el que se sembraron los frutos del futuro económico: "Después vino la conducción de una comisión directiva (NdR: presidida por el empresario Rodolfo Molina) y transfirió un montón de jugadores, la mayoría de la categoría 87'. (José Luis) Fernández, que lo hicimos debutar, a Portugal. José Shaffer, el Negro (Gabriel) Mercado. (Maxi) Moralez, (Claudio) la Flaca Yacob, y un montón".
En relación a cómo se plantea la disputa de la permanencia desde el juego, Llop saca su didáctica de entrenador: "Primero tenés que generar una tranquilidad, buscar un orden en tu equipo para poder darle solidez. Pero siempre con nuestra idea, que es pensar en el arco de enfrente. Entonces tenés que ir alineando esas dos situaciones. Hemos ganado partidos muy buenos, a grandes rivales, jugando muy bien. Por eso la hinchada gritaba, vamos los pibes". Nueve meses —y una serie salvadora vencida frente a Belgrano— después, en febrero de 2009, la dictadura del resultadismo (8 victorias, 13 empates y 13 derrotas) se cobró su trabajo. Pero el recuerdo de la gente, desde Santo Domingo, sigue vigente.
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¿Qué contexto encontraste en Ecuador? ¿Se los deja trabajar a los entrenadores?
—Yo conozco el fútbol ecuatoriano desde 1997-1998, cuando vine la primera vez a trabajar con Rubén Insúa, que salimos campeones con Barcelona de Guayaquil y vicecampeones de América. Después volvimos en el 2000, yo dirigí Barcelona en 2009 y 2010 y Manta en 2014. El fútbol ecuatoriano tuvo una evolución muy, muy, muy grande en estos 30 años; no solo del futbolista, sino en la infraestructura. Tanto Independiente del Valle como Liga de Quito han ganado torneos internacionales, y la mayoría del seleccionado está jugando en Europa. Es un fútbol diferente porque te encontrás con una geografía diferente. Vos estás jugando a lo mejor en el llano con 30-35 grados de calor, y después tener que subir a la altura de 2800 metros. Este fútbol es rápido, fuerte y ha evolucionado mucho en la técnica. La Serie B tiene sus particularidades, como todos los torneos. En Argentina pasa lo mismo, hay una diferencia marcada con la A. Después están los torneos provinciales, la segunda categoría. Pero es, desde mi punto de vista, una liga muy, muy competitiva, tanto en Serie B como en Serie A.
¿Y qué expectativas tenés para Deportivo Santo Domingo en el futuro?
—El proyecto consistía en tratar de fortalecernos en la Serie B. Lo logramos: terminamos quintos en la general, pasamos pero no estuvimos en la pelea por el ascenso. Tenemos muchos jóvenes nosotros, el número 9 de la selección del Ecuador en la Sub-17 (NdR: Steven Guerrero) está conmigo, jugó varios partidos e hizo goles. Tenemos muchos chicos que juegan bien. El año que viene el objetivo es tratar de estar en el hexagonal de arriba para tratar de ascender. Esa es la realidad y ya estamos trabajando. Vamos a trabajar todo, todo noviembre, descansaremos diciembre y ya arrancamos en enero pensando en el objetivo ese.
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