
Estudios científicos indican que por cada grado que baja la temperatura ambiental, el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares aumenta un 2%. La vasoconstricción, el sedentarismo, las infecciones respiratorias y la falta de abrigo adecuado son algunos de los factores que elevan el peligro durante los meses más fríos.
Diversas investigaciones médicas coinciden en que el frío genera cambios fisiológicos que incrementan el riesgo de hipertensión arterial, infartos y accidentes cerebrovasculares. De hecho, el Programa Nacional de Prevención Cardiovascular sostiene que por cada grado centígrado que desciende la temperatura ambiental, el riesgo de complicaciones cardiovasculares aumenta un 2%.
"El frío provoca una vasoconstricción periférica para conservar el calor, lo que a su vez eleva la presión arterial", explicó el médico cardiólogo del Instituto de Cardiología de Corrientes, Dr. Amarilla. Este mecanismo consiste en el estrechamiento de los vasos sanguíneos, lo que obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo para mantener el flujo de sangre.
Un estudio publicado en el North American Journal of Medical Sciences concluyó que la incidencia de enfermedades cardiovasculares alcanza sus niveles más altos durante los meses de invierno. En la misma línea, investigaciones del grupo Eurowinter, difundidas por la revista científica The Lancet, vincularon la exposición al frío con un aumento de la mortalidad por cardiopatía isquémica y enfermedades cerebrovasculares.
Según el Dr. Pedro Serrano, cardiólogo del Hospital Viamed Montecanal, "la vasoconstricción es un mecanismo natural para conservar el calor, pero eleva la presión y fuerza al corazón a trabajar más".
A ello se suman cambios en la composición de la sangre. El Dr. Alejandro Berenguel Senén, de la Sociedad Española de Cardiología, advirtió que las bajas temperaturas aumentan el fibrinógeno y las plaquetas, favoreciendo la formación de coágulos que pueden desencadenar un infarto.
La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular en Argentina. Según datos de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), el 36% de la población adulta presenta presión arterial elevada y el 38,8% de los hipertensos desconoce su condición. Entre quienes tienen diagnóstico, sólo una minoría logra mantener la enfermedad bajo control.
"Es el principal factor de riesgo para sufrir y morir de manera prematura por un evento cardiovascular", señaló el Dr. Pablo Rodríguez, integrante de la comisión directiva de la SAHA. El especialista agregó que la hipertensión está estrechamente relacionada con otros factores de riesgo, como la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y el consumo de alcohol. De hecho, más del 80% de las personas con diabetes tipo 2 también padecen hipertensión.
El Dr. Amarilla explicó que la presión arterial varía naturalmente a lo largo del día, influida por el descanso, el esfuerzo físico y la liberación de hormonas. Sin embargo, el clima también tiene un papel determinante. "En situaciones de calor se produce vasodilatación y la presión tiende a bajar. En contraste, el frío genera vasoconstricción y la presión aumenta", indicó.
Las cifras normales de presión arterial son de 120/80 milímetros de mercurio y pueden considerarse aceptables hasta los 135/85. Superados esos valores, el riesgo cardiovascular comienza a incrementarse.
Los especialistas también alertan sobre el impacto del invierno en los hábitos cotidianos. Durante esta época disminuye la actividad física y aumentan el consumo de alimentos ricos en sodio y grasas saturadas. "La gente suele volverse más sedentaria durante el invierno y eso contribuye a elevar la presión arterial", sostuvo el Dr. Amarilla, quien recomendó realizar actividad física en ambientes cerrados y climatizados.
Las infecciones respiratorias constituyen otro factor de riesgo. Un trabajo publicado en la revista BMC Cardiovascular Disorders reveló que un episodio de gripe puede aumentar hasta 1,8 veces el riesgo de muerte cardiovascular en personas con insuficiencia cardíaca. La inflamación sistémica que producen la gripe y la neumonía agrega una carga extra sobre un corazón ya comprometido.
La Clínica Mayo también advierte que el frío exige una mayor presión para que la sangre circule por arterias estrechadas, mientras que la Clínica La Sagrada Familia destaca la importancia de mantener una adecuada hidratación durante el invierno. Aunque la sensación de sed disminuye, la deshidratación favorece el espesamiento de la sangre y aumenta el riesgo de complicaciones.
Otra de las recomendaciones de los especialistas es proteger adecuadamente la cabeza. La cardióloga Paula Caminos, vicepresidenta del Comité de Cardiología del Ejercicio de la Federación Argentina de Cardiología, señaló que "la cabeza representa entre un 30% y un 40% de la pérdida total de calor del cuerpo". Por ello, recomendó utilizar gorros y vestirse en capas para reducir la respuesta de estrés que el organismo genera ante el frío.
Los médicos aconsejan controlar la presión arterial con mayor frecuencia durante los días de bajas temperaturas, mantener las vacunas contra la gripe y el neumococo al día, sostener la actividad física y evitar cambios bruscos entre ambientes calefaccionados y el exterior.
"Las medidas no farmacológicas, como una alimentación saludable, la reducción del sodio, la pérdida de peso y la actividad física regular, pueden tener un impacto directo y sostenido en la presión arterial, equivalente al efecto de un medicamento", finalizó el Dr. Amarilla.